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Salida Collados de la Sagra del Club BMW Touring

Por Juan Jiménez
Un fantástico fin de semana pasaron los asistentes del Club BMW Touring a la Salida Collados de la Sagra, en Granada. Carreteras espectaculares, sabrosa gastronomía y visitas interesantes marcaron unas jornadas dignas de recuerdo.

Al norte de la provincia de Granada, justo en el vértice geográfico, se encuentra la Sierra de la Sagra (2.380 metros). Jaén, Murcia  Almería y Albacete rozan sus tierras con esta bella comarca.

Esta salida es la segunda que hacemos allí por motivos poderosos: la familia Trujillo regenta un restaurante que es todo un hallazgo gastronómico, llamado Los Collados de la Sagra. El enclave se encuentra en una gran finca frente a la montaña homónima rodeada de encinas, pinsapos, tejos y pinos a un paso de la Sierra de Castril y Cazorla Segura, que son su continuación natural. Hace más de 20 años que lo frecuento y su comida es un festival para los sentidos. Hay un hotelito rural junto al restaurante con varias cabañas coquetas en mitad del bosque.

Para llegar al complejo en mitad de la sierra hay una carretera estrecha y virada que parte de la Puebla de Don Fadrique. Las gayombas con sus flores amarillas decoran el camino hasta el hotel.

La ruta se planteó pasando por Santiago de la Espada (a pocos kilómetros del nacimiento del río Guadalquivir) a través del Puerto de La Losa, jalonado de bastones por las nevadas invernales.

Nos desviamos por la A-317 hacia el paraje de la Vidriera en una bajada de curvas lentas con asfalto impecable. Las motos no están derechas ni un momento, el ritmo es ligero y nuestras máquinas, a pesar de los kilos (piloto, pasajero y maletas), van como gacelas.

Una sonrisa se dibuja bajo el casco, un disfrute en estado puro. Algún coche despistado o piedras sueltas nos hacen frenar con seguridad. Después de unos 50 kilómetros intensos, paramos en el restaurante Las Pocicas, cerca de La Puebla, donde degustamos una empanada de cordero segureño para chuparse los dedos con una cervecita helada.

Reemprendemos la marcha y entramos en la provincia de Almeria camino de Vélez Blanco. Es un llano inmenso rodeado de montañas. El trazado es recto, de unos 12 kilómetros, para desviarse hacia Topares. Es la carretera antigua y de recta no tiene nada, el asfalto un tanto rugoso, alguna gravilla en los cruces, pero está retorcida como un Crótalo. Divertida hasta decir basta, cambios de rasante que hacen que las ruedas giren en vacío, garrotes de 180 grados, desniveles abruptos, etc. Parece una pista de pruebas de conducción.

Llegamos a Vélez Blanco sudorosos bajo un cielo pintado de azul intenso. El paisaje árido salpicado con verdes pinos rodea el castillo renacentista. Debajo está el pueblo de casas encaladas.

El claustro de mármol blanco de Macael fue vendido al Metropolitan Museum de Nueva York. A pesar de esa merma, el lugar rebosa elegancia en todos sus rincones. Las vistas son magníficas: Sierra de los Filabres, Puerto Lumbreras, Sierra de María, etc. Una brisa fresca nos recibe en los ventanales.

Es la hora de comer y nos esperan en El Molino-Casa Porchas para un almuerzo. Bajamos andado dejando las motos en el castillo bajo la vigilancia de la Policía Municipal.

El restaurante es un antiguo molino de harina. El curso de agua que lo movía sigue lleno de truchas y refrescando el ambiente. En el comedor de madera y barro, las mesas están llenas de croquetas de jamón ibérico, alcachofas rellenas, pimentos con gambas, almejas de Garrucha, solomillo de buey, besugo a la parrilla y algunas cosas más.

La subida después del almuerzo para buscar las motos está un poco empinada. El camino de vuelta es circular hacia Orce, Galera y Huéscar. La línea de motos en la llanura amarilla me recuerda a la Ruta 66 norteamericana.

Rodeamos Huéscar para subir a la montaña de nuevo y contemplar en una finca varias secuoyas californianas plantadas hace más de cien años y cuya altura resalta claramente por encima de los demás árboles. Ya en el hotel, un bañito en la piscina y siesta para recuperar fuerzas.

Esa noche cenamos un menú de degustación selecto: atún rojo a la parrilla, boquerones rellenos, huevo ecológico a 63º con espuma de parmesano y boletus. Ya no podíamos más después del atracón del almuerzo.

Después visitamos el Observatorio Astronómico de la Sagra, dependiente de la Universidad de Granada, en pleno monte, al que accedimos a oscuras por aquello de la contaminación lumínica. Allí nos dieron una entretenida clase sobre planetas y astros con mirada al telescopio incluida. La noche estrellada era bellísima y muy fresquita. Así fue cómo felizmente transcurrió el fin de semana en esta zona desconocida de España.

Más información en www.clubtouring.es

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