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El final de la costa oeste africana

El final de la costa oeste africanaPor Carlos G. Portal (Charly Sinewan)
Como final de su periplo por la costa oeste africana, el bloguero visita Ciudad del Cabo y los Cabos de Buena Esperanza y de las Agujas. Su próximo proyecto, completar el otro litoral, el este, del continente negro a partir de mayo.

Doble sensación
Terminar una ruta larga tiene siempre una doble sensación. Por un lado existe un sentimiento de victoria, de reto conseguido, de haber completado con éxito una línea de varios miles de kilómetros imaginada tiempo atrás sobre un mapa desconocido. La otra cara de la moneda es mucho más amarga; los días nómadas acaban y toca volver a la rutina. El día que llegué a Sídney tras ocho meses viajando desde Madrid, quité las maletas de la moto y me quedé rato pensando cabizbajo. No me podía creer que fuese la última vez que descargaba la moto. Había terminado el viaje.

Ciudad del Cabo
El final de la costa oeste africanaHay lugares en el mundo privilegiados, tocados por una varita mágica que los convierte en únicos. Ciudad del Cabo es uno de ellos, una ciudad encajonada entre un inmenso océano de aguas turquesas y un bloque de piedra que se eleva vertical e impetuoso hasta los mil metros. Table Mountain, la montaña con forma de mesa, deja una superficie plana en su cima habilitada para pasear observando la ciudad diminuta, la bahía y el océano interminable por el que hace más de quinientos años llegaron los primeros navegantes europeos. En todo este trayecto en el que he costeado miles de kilómetros me ha venido siempre la misma imagen a la cabeza. Cómo debieron ser aquellas primeras veces en los que unos blancos bajaban de sus barcos de madera para adentrarse en unas costas vírgenes habitadas por negros con taparrabos. Cómo serían esas primeras comunicaciones sin idioma común y probablemente sin forma de gesticular algo entendible para todos. Esos momentos sandiriam que publico en mi blog (conversaciones absurdas sin idioma en común), pero con la incertidumbre de lo completamente desconocido. Nada tienen que ver los viajes que hoy tendemos a llamar de aventuras con aquellos que emprendían camicaces viajeros en busca de descubrimientos y fortuna.

Hoy, Ciudad del Cabo es una ciudad moderna y limpia, con arquitectura colonial muy bien conservada combinada con modernos rascacielos invadidos de oficinas. Los sudafricanos dicen que Cape no es Sudáfrica, es otra cosa, por lo impoluto de sus calles (en la zona rica) y porque hay un vigilante cada doscientos metros. Es, más o menos, un lugar seguro dentro de un país con un elevado índice de criminalidad. Ciudad del Cabo, sin embargo, es la ciudad con mayor calidad de vida de toda África. Al otro lado de Table Mountain se extiende una planicie donde se asientan los barrios periféricos y los suburbios marginales. Unos que viven bien y otros, la mayoría, que lo hacen aglutinados en chabolas parceladas entre caminos de tierra y polvo. Impresiona ver, entre toda esa inmensidad de miseria, elevarse verticales mástiles de madera como si de palos mayores de galeones se tratase. De ellos cuelgan cientos de cables que llevan luz a todas esas chabolas de hojalata y uralita formando una tétrica tela de araña. Entre toda esa maraña destacan algunas chabolas dúplex, con la parte superior inclinada y a punto de derruirse. He cruzado kilómetros de pistas en Sudáfrica en los que no me he encontrado una sola persona, hectáreas injustamente delimitadas por la herencia de la colonización. Sin embargo aquí viven casi cuatro millones de almas en un espacio reducido. La civilización es una mierda, un sinsentido que sólo nos funciona a unos pocos.

Cabo de Buena Esperanza
Amanece un domingo especialmente ventoso. Incluso peligroso para rodar en moto. Tengo un vuelo para el miércoles y una ruta pendiente para cumplir con lo previsto. He de terminar la costa oeste de África. Para variar, no he calculado bien la distancia ni tampoco he madrugado en exceso. Sobre las diez salgo de Ciudad del Cabo costeando. El primer objetivo es llegar al Cabo de Buena Esperanza, uno de esos lugares que no dudo en visitar. Simplemente porque es un hito en mi viaje, un sitio en el que quiero tener una foto que me haga recordar que allí estuve una vez.

El final de la costa oeste africanaCiudad del Cabo se puede dividir en dos partes. Lo que está detrás de Table Mountain, los barrios periféricos y los suburbios marginales, y lo que está entre la bahía y la ladera de la montaña. Aquí está mi modesto hotel, en la zona de bares donde he pasado un par de noches de vinos junto a veinteañeros principalmente americanos. En esta zona todos los días trona la música de garitos abiertos hasta altas horas de la madrugada. Alcohol, prostitutas y cientos de macuteros occidentales que encuentran un lugar ideal donde sumar días a su viaje de aventura africana; aunque sea emborrachándose cada noche hablando en su propia lengua con sus paisanos.

Abandono lo que ha sido mi cuartel general unos días. Cruzo la zona de rascacielos, el pulmón económico de la ciudad. Buscando la costa está el estadio de fútbol construido para el mundial, después el puerto, con una zona comercial repleta de turistas y sudafricanos de clase media. Sin dejar de costear cambio de barrio y atravieso las playas de los ricos, con casas de ensueño, hoteles de lujo y modelos luciendo figura y gafas de sol. Antes de abandonar Ciudad del Cabo tomo un café en una terraza por un precio nada razonable mientras observo cómo el viento amenaza con tirar la moto al suelo. El día va a ser duro. Un par de ciclistas sudafricanos me dan conversación, la moto siempre es un reclamo y todo lo que les cuento de mi viaje les genera curiosidad. En este aspecto hay dos tipos de personas, los que preguntan y escuchan y los que lo hacen y a los pocos segundos te cortan para contarte alguna experiencia suya. Pero lo cierto es que mucha gente se acerca cuando tiene oportunidad.

El final de la costa oeste africanaCuando viajo acostumbro a buscar siempre las carreteras costeras. Hasta la fecha la costa croata ocupaba la primera posición en el ranking. La Great Ocean Road en Australia quizá el segundo puesto. Nada tienen que envidiar nuestras islas baleares con tramos de ensueño. Pero la de hoy es especial. La carretera se abre camino recortando una cordillera de roca cubierta por un manto verde, serpenteando al son del caprichoso océano que se ha encargado de formar bahías de agua azul turquesa. Una detrás de otra. Nunca para, cada curva el escenario es mejor que el anterior. Tengo la sensación de ir surfeando. A lo espectacular del trazado se junta una sonrisilla tonta producto de saber que me he vuelto a salir con la mía. Un día pensé que podría llegar hasta aquí por etapas (sin dejar de trabajar) y parece que lo voy a conseguir.

El final de la costa oeste africanaA mediodía llego al Parque Natural del Cabo de Buena Esperanza. La carreta enfila en línea recta hacia un peñón que se eleva en la punta. Ahí acaba la tierra, después ya todo es agua salada. El parking está repleto de coches y autobuses. Aparco la moto y sigo un reguero de turistas que se bifurca, los que suben andando y los que usamos el funicular para ascender hasta el faro.

El Cabo de Buena Esperanza es un lugar con historia, quizá mucha más que el Cabo de las Agujas aunque este último sea el punto más sur del continente. Bartolomé Díaz, navegante portugués, fue el primero en avistarlo en 1488. Después fue Vasco de Gama el que descubrió que, a partir de ese punto, se podía enfilar hacia la India, cosa que buscaban pero no tenían certeza de que fuese posible. Durante un tiempo pensaron que aquel punto era el final del Atlántico y por tanto el final de la costa oeste. Aunque geográficamente no es así, de alguna forma sí que lo es, yo he sentido lo mismo. Este es el verdadero final de la costa aunque no sea el punto más sur. A partir de ahora ya no se navega al sur sino al sureste, unas millas más hasta encontrarse con el Índico.

El final de la costa oeste africanaAbandono aturdido el lugar, la masificación de gente me cabrea. También entiendo que yo soy parte de eso que me enfada. Viajar en moto te hace sentir especial y único durante miles de kilómetros en los que no te encuentras con nadie en tus mismas condiciones. En sitios turísticos aguanto muy poco. Me lanzo de nuevo a la carretera. Quedan algo más de trescientos kilómetros al Cabo de las Agujas.

 

El Cabo de las Agujas y el final de la costa oeste
Cuando comencé a viajar en 2009 y cree mi blog tenía pánico a la pérdida de intimidad. Tardé kilómetros en publicar fotos en las que yo saliese. Mucho menos vídeos en los que hablara. De hecho apenas dije nada en los ocho meses que tardé en llegar a Sídney.

En los últimos viajes he ido perdiendo el miedo a la cámara aunque aún existe. Mientras avanzo por la costa dirección Cabo de las Agujas pienso en hacer un vídeo diferente, algo especial para el final de una etapa de más de veinte mil kilómetros y dieciséis países. Son muchas horas dentro del casco en las que además de sortear obstáculos y disfrutar del paisaje, que sigue siendo espectacular, pienso en algo original para concluir las cincuenta y dos crónicas publicadas desde Madrid hasta aquí.

El resultado final es muy freak, tardé muchos días en decidirme a subirlo a mi canal de youtube. Al final lo hice y parece que gustó.

En mi soñada vuelta al mundo por etapas este es el final de la segunda parte. Quedan otros tres grandes tramos. El siguiente empieza pronto, en mayo vuelo a Ciudad del Cabo, donde dejé la moto, para intentar subir la costa este. Si os apetece me podéis acompañar desde vuestros ordenadores a través de este medio, en mi blog, en mi canal de youtube, Facebook o en Twitter.

Un saludo

3 Respuestas para “El final de la costa oeste africana”

  • Amigo Charly otra ves me engancho con tus comentarios y este perfecto final de esta tremenda etapa de tu gran viaje . te felicito y muchas gracias por compartir con Nosotos. saludos desde Argentina .

  • Nacho dice:

    Hola Charly, no me quedan palabras para describir lo que los sentimientos ven a través de tu experiencia “freak” , desearte Buena-aventura amigo y sobre todo muchas gracias por compartir y ponerle imagenes a lo que la gran mayoría de personas deveriamos vivir alguna vez en esta vida.

  • Estimado Charly:

    Cada vez que me llega la Bmwridersletter voy de cabeza a echar un vistazo a tus vídeos, con los que consigo evadirme durante un ratillo del “entramado jurídico” que asfixia un poco cada día en mi despacho de Córdoba (Spain).

    Gracias por compartir tus etapas por Africa; lugar al que todo motorista con gusto por el trail creo que le entusiasmaría acceder algún día. A mí con dos niños pequeños y otro al llegar me toca esperar, por ahora. Algún día marcaré los tacos de mi elefántica R1200 GS en la arena Africana y probablemente también las costillas, jeje.

    Bueno ánimo con tu odisea y paranoia galáctica, que es muy divertida. Mucha suerte y al toro!

    Si algún día pasas por aquí y te apetece te enseño Sierra Morena bajo la visión de un vasco. Ah! un consejo que puede sacarte de apuros y meterte en otros: sé un poco de Bilbao coño!!!! . jejej

    Saludos

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