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Llegando al destino

Llegando al destinoPor Carlos G. Portal (Charly Sinewan)
A lomos de su BMW F 800 GS, el bloguero narra el logro de uno de sus objetivos, completar la costa oeste de África en moto. En este relato, llega al último país para alcanzar la meta, Sudáfrica, “uno de los territorios con los paisajes más espectaculares”.

Los interminables últimos kilómetros en Namibia

Mi viaje por Namibia ha finalizado, ya sólo queda salir del Parque Natural del Fish River Canyon, incorporarme a la carretera principal de asfalto y dejarme caer hasta la frontera. Son casi las once de la mañana pero espero estar cruzando antes de comer. Cuando quedan ochenta kilómetros salta la reserva. El consumo de la BMW F 800 GS es muy bajo, pero aun así no sé si llegaré. La carretera se ha convertido en una recta de alquitrán en la que no hay nada, apenas pasan coches y el GPS me advierte que no encontraré poblaciones hasta la frontera. Desde luego no es un lugar agradable donde quedarse tirado. Bajo a 100 km/h y mantengo el puño estático para ahorrar combustible. Cómo son las cosas, eso probablemente me salva el viaje y quien sabe si la vida.

Un inoportuno pinchazo

En los casi veinte años que llevo usando moto a diario nunca antes había sufrido un pinchazo en carretera. La moto de repente se vuelve ingobernable. Empieza a dar bandazos y a duras penas consigo mantener la rueda delantera recta. Un arreón y estoy en el carril contrario. Afortunadamente no viene nadie. Consigo enderezar la moto mientras bajo dos o tres marchas. No sé muy bien lo que hago y cómo lo hago porque todo lo que pasa durante unos dramáticos segundos es intuitivo. Afortunadamente sale bien y la moto vuelve a la senda de mi carril mientras baja la velocidad. La suerte hace que me encuentre con una salida de tierra a un área de descanso y evite caer por un pequeño terraplén.

El corazón quiere atravesar la cordura. Sin bajarme de la moto me quedo pensativo unos instantes. Desciendo taquicárdico de ella y saco la cámara para inmortalizar el momento. Las imágenes no mienten, estoy acojonado. Me he salvado de milagro, nunca antes me había visto rodando por el asfalto tan cerca. En mis años en moto jamás he perdido el control de tal manera, tan a merced del destino. Lo primero que me viene a la cabeza es la suerte que he tenido, por haber bajado la velocidad, por encontrarme con el área de descanso y con que no viniese nadie.

El día termina siendo muy largo pero de gran aprendizaje. La seguridad en una moto es esencial, la cámara que llevaba la rueda delantera estaba ya parcheada. Supongo que, con el calor y el aumento de velocidad, el parche reventó y la presión se perdió en segundos. Eso hizo incontrolable la moto. Lo malo es que la de repuesto también va parcheada, el spray no termina de funcionar y finalmente me toca reparar la cámara en un estrecho arcén. Al menos intentarlo, sin mucho éxito.

Sudáfrica, último país de la costa oeste

Sudáfrica es el decimosexto país que visito en África. He bajado por el oeste intentando no separarme de la costa, igual que los primeros colonizadores blancos que descendieron en barco. Ellos no tenían agallas para adentrarse en el interior del continente y construían fuertes en la costa. Desde ellos comerciaban con las tribus locales. En mi caso fue al contrario, desde Senegal me desvié por el interior a través de Mali y Burkina Fasso porque no tuve agallas de atravesar Costa de Marfil. Eso hizo perderme las dos Guineas, Sierra Leona y Liberia. Me queda esa espina clavada, esos cinco países que me dejé en la bajada por la costa. Luego me salté Guinea Ecuatorial, lo que fue nuestra única colonia en África. La curiosidad por conocer una pequeña parte de África con sabor español no era suficiente para que compensase adentrarse en uno de los países con peor fama del continente, donde más corrupción hay y más chunga es la policía. Así que también me lo salté.

Ahora me quedan unos mil kilómetros para llegar al Cabo de las Agujas, el final de la costa oeste. En mi proyecto de dar la vuelta al mundo en moto por etapas esto supone el final del segundo capítulo. El proyecto consiste en hacer cinco en total. El tercero comenzará pronto y será la subida por la costa este, intentando cerrar el círculo africano. Cuando llegue ya veremos cómo está la situación política en los países del norte de África.

Llegando al destinoLa primera parada en Sudáfrica fue hace un par de días en Springbok. Aquí cambié la cámara delantera y compré una nueva de repuesto. Hoy toca viajar hacia Ciudad del Cabo, podría llegar en un día por la carretera principal pero prefiero adentrarme por pista en la Sudáfrica profunda y hacer noche por el camino. Así que salgo de Springbok por el interior. Durante doscientos kilómetros no me cruzo un alma, ninguna persona, ningún animal y casi ninguna planta. Una llanura desértica que atravieso a través de un pista de tierra roja por la que circulo a 100 km/h.

El único signo de vida en toda la mañana es una minúscula población. Un lugar tétrico. Un viejo surtidor de gasolina, un buzón de correos, una cabina y una tienda en la que comprar una refresco de cola caliente. Varias casas en las que no parece vivir nadie. Nada más. Aburrido de tanta soledad decido cambiar la ruta y girar noventa grados en busca de la playa. Varias horas duras sobre pista rápida y alcanzo el Atlántico de nuevo. No lo había visto desde que empecé este tramo en Swakopmund, Namibia. No sé qué tiene el mar pero siempre me cambia la cara. Llevaba un día un poco mohíno pero ha sido llegar aquí y se me ha olvidado todo. Ahora ya no suelto esta carretera hasta Ciudad del Cabo, que será la próxima jornada porque ya es hora de encontrar alojamiento.

Atravieso varios pueblos turísticos en la costa. Están bien, pero algo me hace seguir, creo que sé lo que quiero encontrar para esta noche y no es esto. Finalmente llego a Elands Bay, un pequeño pueblo en una bahía escondida tras una imponente roca vertical y una columna de dunas blancas. Un alojamiento para surferos muy barato y acogedor confirma que he llegado a mi sitio. Doce euros por noche, buena cocina, no hay Internet y absoluta tranquilidad. Justo lo que necesitaba antes de afrontar el último día de ruta hasta Ciudad del Cabo.

Llegando al destinoDos días después salgo de allí. Ha llegado el momento de llegar a Ciudad del Cabo. Aunque luego quedará una excursión al Cabo de las Agujas, hoy es el día en el que probablemente termine de cumplir un sueño pensado hace un par de años. Tuve la feliz idea de intentar atravesar África de norte a sur sin dejar de trabajar, haciéndolo por etapas. Nunca me obsesioné por terminar, simplemente decidí salir e ir haciendo etapas, buscando lugares donde dejar la moto y disfrutando cada una de ellas sin imaginar el día de hoy. Ahora parece que voy a llegar. Soñar cosas alcanzables tiene estas cosas, que se suelen cumplir.

Arranco sobre las diez de la mañana. Busco la carretera o pista mas cercana a la costa e intento no desprenderme de ella. Voy muy despacio, tengo menos de trescientos kilómetros y ninguna gana de terminar el viaje. No siento cansancio alguno, todo lo contrario, seguiría viajando sin parar, viviendo sin carencias con lo que cabe en estas tres maletas. Qué droga más buena.

Llegando al destinoA media mañana atravieso el West Coast National Park, empieza el espectáculo de Sudáfrica. La costa desde este punto adquiere una belleza extraordinaria. Creo que voy teniendo criterio y conocimiento del mundo como para valorar las cosas en su justa medida. Sudáfrica es uno de los países con los paisajes más espectaculares. Este Parque Natural rodea una bahía de aguas turquesas, un puerto natural protegido del cabreado océano que rompe contra la costa unos metros más allá. Bordeo la bahía hasta que la carretera me lleva entre avestruces y antílopes dirección al Atlántico. Al llegar a un mirador detengo la moto. Pretendo abrir una triste lata de pollo y hacerme un sándwich. Unos metros más allá una familia sudafricana hace una barbacoa. Tanto en Namibia como en Sudáfrica siempre hay lugares habilitados para asar carne, el gran evento social de esta cultura. Un tipo se acerca curioso por la matrícula. Es sudafricano pero ha vivido años en Londres y ha visitado España varias veces. Unos minutos de charla y me veo masticando carne a doble carrillo. Los sudafricanos, parecidos a los australianos, son muy sociables y amables de primeras.

Llegando al destinoCon el estómago lleno me enfrento a los últimos kilómetros antes de llegar a Ciudad del Cabo. No quiero que sea hoy, ya tendré tiempo de hacerlo tranquilamente y disfrutarlo. Table View es un barrio periférico a veinte kilómetros de la ciudad. Ahí me quedo.

El próximo mes os cuento cómo fue la llegada a Ciudad del Cabo y la excursión al Cabo de las Agujas, final del Atlántico y comienzo del Índico.

Más información en www.sinewan.com, sinewan.com/wp/largo-camino-a-sudfrica-la-mala-suerte/ y en sinewan.com/wp/sudfrica-la-llegada-a-ciudad-del-cabo-y-el-final-de-la-segunda-parte-de-una-vuelta-al-mundo-en-moto-por-etapas/

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Una respuesta para “Llegando al destino”

  • Juan Magaña dice:

    Nunca me canso de leer las aventuras del bueno de Charly. Ahora que este segundo capítulo esta cerrado, voy a volver a leerlo desde el principio, de un tirón.

    Os lo recomiendo. Siempre terminas con una sonrisa.

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