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Experiencias viajeras

Experiencias viajerasPor Carlos G. Portal (Charly Sinewan)
El bloguero cuenta cómo, tras ocho meses de periplo por medio mundo, completó posteriormente con una BMW F 800 GS la costa oeste de África. Lo hizo en varias etapas, en las fechas que el trabajo le permitía. Para 2013, su objetivo es viajar por la costa este del continente negro.

Recientemente tenía entre mis manos ‘Una Luna’, de Martín Caparrós, escritor argentino. Mi novia me observaba leer en silencio. Entonces preguntó:
– “¿Por qué cabeceas? ¿Con quién hablas? ¿A quién das la razón?”.

Se las daba a Martín Caparrós. Él explicaba mis propios sentimientos encadenando palabras magistralmente:
“Lo tengo dicho: viajo porque viajar es la mejor manera de derrotar al tiempo. Es, por supuesto, una derrota breve pero, por unas horas, lo consigo. En un viaje, el tiempo se hace diferente: el tiempo del viaje es completamente distinto del tiempo sedentario. Una semana normal en Buenos Aires pasa tan veloz: en casa el tiempo se empequeñece, se comprime. En cambio esta semana, por ejemplo, el tiempo se ha estirado: es elástico, se subdivide infinitamente…”.

El gran viaje. 2009-2010

El 15 de mayo de 2010 aterrizaba en Madrid tras ocho meses de periplo por medio mundo. Regresaba de lo que suponía había sido el viaje de mi vida. Una excedencia, una especie de break a los treinta y tantos, una bocanada de aire fresco que pensé sería suficiente para afrontar el sinuoso camino hacia los cuarenta. Desde Madrid hasta Sidney en moto, cuarenta mil kilómetros y más de veinte países a través de tres continentes. El sueño de siempre por fin cumplido. Una vida entera, casi trescientos días distintos, bien estirados, bien intensos, viviendo con tres maletas y pensando que me sobraban cosas, comiendo manjares que en la civilización hubiese pensado caducados, hundido en infectos colchones de hoteles de carretera pero durmiendo a pierna suelta ocho horas sin interrupción, sin sueños desvelados, sin más preocupaciones que engrasar una cadena, mirar la presión de un par de neumáticos y trazar una línea en un mapa que poco a poco se fuera acercando a Sidney. Y qué más da por donde fuera, el caso era avanzar conociendo, viviendo intensamente cada minuto.

El sueño había terminado. Los primeros días en Madrid fueron fantásticos. Familia, amigos, cocido, jamón, vino, fiesta. Al cuarto día me vi perdido en mi ciudad, las calles estaban en el mismo lugar pero a mí ya no me llevaban a ningún sitio. Todo me aburría. Aunque esa sensación duró poco. Al mes, viendo el coste de la vida en occidente, estaba de nuevo sentado en mi puesto de trabajo como si nada hubiese pasado. Pero la realidad era bien diferente, constantemente me sorprendía sonriendo mientras imaginaba curvas en remotos lugares. Necesitaba seguir viajando pero no tenía el coraje suficiente para mandar todo al carajo y cortar definitivamente con el sistema.

Seguir viajando. 2011

En esa época conocí a Miquel Silvestre (www.miquelsilvestre.com), escritor y viajero sumergido en su particular metamorfosis. Andaba en aquellos días inmerso en un peculiar viaje por Europa en etapas de fin de semana, dejando la moto en parkings de aeropuertos para poder estar el lunes en el registro de la propiedad y cumplir así con sus obligaciones de corbata. De ahí parió ‘Europa Low Cost’, su segundo libro de viajes después del célebre ‘Un millón de Piedras’. El caso es que además de hacernos buenos amigos contándonos nuestros viajes, Miquel, sin él saberlo, fue en parte responsable de que hilara cabos para dar forma a una sandez que me rondaba la cabeza. De llevarla a cabo me permitiría viajar lejos sin dejar de trabajar.

El destino era África y la única forma de recorrerla sin soltarme del sistema era hacerlo por etapas. Esta vez, con más experiencia, compré la moto que pensé (y pienso) sería óptima para un viaje por África. Una BMW F 800 GS, ligera, potente y con fiabilidad alemana. Buena en asfalto y excelente en pista. La descabellada idea consistía en viajar primero hasta Dakar, allí tenía un excelente amigo con un garaje donde dejar la moto segura. Luego volvería a casa en avión, seguiría agarrado al sistema cual garrapata hasta que pudiese volver para reanudar viaje y llegar hasta Accra, en Ghana. Allí sabía que también encontraría un lugar seguro para dejar la moto unos meses. A partir de ahí no tenía ni idea de qué pasaría. Ahora ya no temo a la incertidumbre, casi diría que me seduce.

Uno de los grandes aprendizajes viajando es aprender a confiar en el destino. Las cosas nunca son tan complicadas como cuando las imaginamos desde el cómodo sofá de casa. El viaje siempre se pronuncia y te lleva a sitios que no imaginabas. Sólo hay que echarse a la carretera y dejarse llevar, algo pasará, siempre es así.

El caso es que no me lo pensé dos veces y decidí marchar. Una tarde de un viernes de abril de 2011, Madrid desaparecía en el retrovisor mientras conducía hacia el estrecho. De nuevo estaba viajando. ¿Hasta dónde llegaría? Sinceramente ni lo pensé. El objetivo ha de ser siempre alcanzable para convertirse en real, así que sólo pensé en llegar a Dakar. Atravesé Marruecos, Sáhara Occidental, Mauritania en dos fugaces días evitando encontronazos con Al Qaeda hasta entrar en Senegal. Viajé unos días por el sur y después dejé la moto en Dakar.

En agosto volví para seguir viaje. Atravesé de nuevo Senegal, Mali (que en 2011 estaba transitable por el sur), Burkina Fasso, y finalmente llegué a Ghana. En Accra la moto quedó aparcada unos meses en la fábrica de un amigo de un buen amigo. Volví sin saber qué pasaría después. La siguiente etapa, si quería seguir bajando, pasaba por atravesar Nigeria, cosa que realmente me acojonaba. Las noticias eran aterradoras. Secuestros, violencia, armas, militares corruptos. Pensé seriamente en sacar la moto de allí en avión.

2012 y el mundo virtual

Con el boom de internet, los blogs, las redes sociales y los viajes en moto, en estos últimos años se ha creado una especie de familia viajera, un micro-mundo en el que nos encontramos gente con la misma afición distribuida por todo el planeta. Estamos a miles de kilómetros unos de otros, pero un simple ‘me gusta’ a lo que escribe otro viajero o aficionado es como una palmadita en el hombro tomando vinos en un bar. Igualmente si algo te preocupa y sabes por la red que otro ya lo ha hecho, sólo tienes que mandar un mensaje que el solidario motero te responderá y con casi toda seguridad te tranquilizará.

En febrero de 2012, Eduard López Arcos (www.ridetoroots.com), al que además de virtualmente había conocido personalmente en el Encuentro BMWRIDERS, estuvo parado en Ghana varios días, pensándose seriamente si cruzar o no Nigeria. Como casi todos los viajeros overlander que bajan África por la costa oeste, se lo tuvo que pensar dos veces antes de lanzarse a lo desconocido. Finalmente, con dos ruedas, decidió hacerlo. Sus experiencias vividas, aunque intensas y tensas, distaban mucho de todo eso que contaban los noticieros. La familia motera nigeriana le escoltó y acompañó en varios tramos. Eduard vivió uno de los mejores tramos de su viaje hasta Ciudad del Cabo. A través de la red seguí su viaje prácticamente al día.

Desde casa me mordía las uñas pensando qué hacer con mi moto y con mi viaje. Hacía un año que había salido de Madrid. Haber previsto el cruce de Nigeria en un primer momento habría abortado el viaje. Sin embargo me lancé a la incertidumbre sabedor de que algo pasaría. Y así fue, la experiencia de Eduard me tranquilizó. Me puso en contacto con sus amigos moteros nigerianos que me escoltarían. Ya estaba listo, podía seguir avanzando.

En mayo de 2012 arranqué de nuevo y crucé Ghana, Togo, Benin, Nigeria escoltado, Camerún y el norte de Gabón. En Libreville, su capital, aparqué la moto en el parking de un amigo de Miquel Silvestre. Volví a Madrid y seguí trabajando, gastando lo mínimo para poder seguir.

El pasado agosto volví a Libreville, bajé Gabón, crucé los dos Congos, Angola de norte a sur y entré en Namibia. Pensaba llegar hasta Sudáfrica, pero el frío y la lluvia en el hemisferio sur iban en aumento a medida que bajaba y de nuevo el viaje se encargó de poner en mi camino a una generosa familia que en Swakopmund, Namibia, decidió adoptarme unos días y guardarme la moto. Allí me espera para seguir cumpliendo mi sueño.

2013 y la costa este

El próximo 24 de diciembre volaré a Windhoek (capital de Namibia). Cuatro horas de autobús me llevarán de nuevo hasta mi moto. He de llegar a Ciudad del Cabo para finalizar la costa oeste. Después empezaré a costear por el otro lado. Tengo en la cabeza subir por el este en 2013, África me sigue llamando, pero como siempre me planteo objetivos alcanzables. Sé que en Johannesburgo puedo guardar la moto, así que esa es la idea inicial.

Desde que viajo lo cuento en mi blog (www.sinewan.com) y a través de mi página en Facebook y Twitter. También en mi blog en motofan.com y en moterus.com. También publico mis crónicas en Solo Moto. A partir de ahora también a través de esta Newsletter de BMW Motorrad España. Si os apetece estaré encantado de que me acompañéis.

También puedes suscribirte a mi canal de youtube, donde además de mostrar un viaje en moto intento dar voz a las gentes que me encuentro en el camino. Nos vemos en la carretera.

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