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La sonrisa del motero

La sonrisa del motero Por David Palacios
Frente a quienes radicalizan el mundo de las motos, el bloguero defiende el respeto y el buen rollo que siempre han generado los moteros, y pone como ejemplo la concentración Pingüinos, donde gente de toda Europa se reúne en un ambiente de camaradería.

Me indigna la actitud de ciertos grupos que pretenden corromper un mundo que hasta ahora siempre ha despertado sonrisas en la gente y buenas vibraciones. Los moteros siempre han sido bienvenidos cuando llegaban en grupo a los pueblos pequeños. La gente sale a las puertas de las casas cuando escuchan el sonido de diez o más motos cruzar sus calles. En las grandes ciudades, donde todo el mundo parece estar acostumbrado a todo, hay pocos que se abstengan de girar su cabeza cuando una gran bicilíndrica pasa llenando el ambiente de un estruendo que invita a ser libre.

Los niños sonríen y se acercan a ver una moto cuando está aparcada en la puerta de un bar. Los mayores se fijan en las aerografías o en los motivos con que se decoran las custom. Hay incluso quien para su coche en medio de un puente cuando ve acercarse un grupo de motos por la carretera que pasa por debajo, sólo para verlas.

Las motos, y más aún, los grupos de moteros, hemos despertado la simpatía de la gente en general. Las grandes concentraciones son acogidas con amor e ilusión en los lugares en que se celebran. Los pequeños en brazos de sus madres saludan a los moteros al pasar, cosa que no hacen ni con los coches, ni con los camiones, ni con los carros de mulas. La gente asocia a las motos un buen rollo y un espíritu de libertad que ansían y, por ello, los moteros les caemos bien a casi todos.

Pero en este país corremos el peligro de destruir esta condición, ya que empezamos a radicalizar demasiado el mundo de las motos. El Free Biker (motorista libre) es una especie en peligro de extinción y los parches en la espalda empiezan a ser peligrosos según en qué ambientes se mueva uno. Leo noticias de grupos moteros que abofetean a otros en una fiesta. Oigo comentarios sobre lo peligroso de lucir un símbolo equivocado. Veo fricciones y ambientes tensos donde se supone que debía haber una gran fiesta. Sinceramente, todo esto no me gusta.

El respeto de unos a otros es básico, pero debe buscarse con diálogo y buenos gestos. Conocí a un motero con casi 80 años a quien ningún otro osaría faltarle el respeto, y en toda su vida jamás usó la violencia para imponerlo, sólo su sonrisa, su amabilidad y su buen rollo motero. He visto gente muy sectaria a quienes otros temían, pero jamás respetaron, porque el respeto sigue caminos muy divergentes a los de la violencia. El camino del motero debe seguir el curso del primero, nunca el de la segunda, y así, solo así, lograremos que la gente siga acogiéndonos con amabilidad y con una sonrisa en la boca cuando entremos en sus ciudades. Esas concentraciones en las que el concierto de turno es incapaz de disimular la tensión entre grupos, son frías, vacías y sosas, al fin y al cabo. Por eso quiero poner siempre como ejemplo Pingüinos, una reunión donde rezuma el espíritu motero, el auténtico, y donde a pesar de los -20º que a veces han registrado los termómetros, el ambiente es cálido como el del hogar, porque el espíritu motero prevalece sobre cualquier otra circunstancia y gente de Alemania, España y Francia dialogan entre sí, sin apenas entenderse unos a otros fonéticamente, pero no importa porque una sonrisa se entiende en cualquier parte del mundo y el lenguaje de las motos lo comprendemos todos los que de verdad amamos a estos sencillos medios de transporte.

¡Ráfagas y saludos en uve!

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