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De Nigeria a Camerún

BMW Motorrad participa en el Concurso de Elegancia de Villa d’Este con numerosos modelos históricosPor Eduard López Arcos
El aventurero, que ya regresó a España de su viaje por África, nos cuenta en este relato el tránsito entre Nigeria y Camerún. En este último país, consigue los visados de Gabón y la República del Congo para seguir camino hacia Sudáfrica.

Veysel, mi amigo turco, propone cruzar a Camerún por mar. Un amigo suyo le ha informado que la ruta por tierra es muy complicada ahora, ya que estamos en época de lluvia. A priori no me gusta la idea. Yo quiero ir en moto, pero también es cierto que tendremos complicaciones aseguradas en el Congo. Intento mantener la moto siempre en las mejores condiciones. La reviso a diario. Pienso que puede ser bueno evitar unos kilómetros de sufrimiento a la Zebra Roja, que se está portando muy bien. Así que, decido ir con él y cruzar a Camerún por mar.

Veysel tiene un contacto en el puerto que nos facilitará los pasajes para nosotros y las motos. Recogemos el campamento y nos dirigimos a él. Es de dimensiones muy reducidas y muy familiar. Parece bastante tranquilo. Aun así, no nos faltan espectadores. Los curiosos salen de todas partes para mirar de cerca y tocar nuestras motos. Ando con mil ojos. ¡Menudos personajes corren por aquí! Contactamos con el tipo de los billetes. Hacemos el pago de los pasajes y luego mantenemos una psicodélica reunión con la responsable de aduanas.

BMW Motorrad participa en el Concurso de Elegancia de Villa d’Este con numerosos modelos históricosYa tenemos todo. Ahora solamente falta que llegue el barco y atraque. Para hacer tiempo, Veysel y yo nos relacionamos con la gente del puerto. Hay mucho cachondeo y los ‘perlas’ que andan por aquí no tienen perdición. Al final del muelle hay un par de paraditas donde se prepara comida. Nos sentamos en unas sillas tomando un té, mientras contemplamos el espectáculo que nos ofrece este pequeño puerto comercial.

Mientras Veysel juega con la cocinera a eso del ‘¿te gusto más yo o mi amigo?’, se divisa el barco a lo lejos. Igual que cuando un jugador está a punto de chutar una falta en un partido de fútbol, oímos un ruidoso murmullo. Parece que la gente se ha vuelto loca. Las cocineras bailan y otros gritan excitados. ¡Una locura! El ambiente que se vive aquí es de difícil descripción.

El barco viene rápido. Sus dimensiones son considerables. Quizás se está acercando a demasiada velocidad. Todos estamos aguardando expectantes. Cada vez lo tenemos más cerca. La nave vira a estribor dispuesta a atracar. Todos gritamos al unísono al ver realizar tal maniobra a gran velocidad. Veysel y yo nos miramos, incrédulos. Es una locura, ¡va demasiado rápido! Ya lo tenemos aquí. ¡Plam!, vaya impacto ha dado el barco contra las gomas del muelle. No ha sido un trabajo muy fino, pero al final ha llegado a buen puerto. Todos ríen, aplauden, cantan y bailan. Una gran fiesta para celebrar el éxito de tal aventura. Nosotros también reímos de la locura en la que estamos inmersos.

BMW Motorrad participa en el Concurso de Elegancia de Villa d’Este con numerosos modelos históricosColocan una esmirriada escalera en frente de la estrecha puerta del barco y empiezan a desfilar los pasajeros por ella. Mientras, se genera un gran alboroto en el muelle. Algunos chicos se pelean por subir al barco para descargar la mercancía. Se enzarzan en una pelea con empujones, puñetazos y gritos. Esto es una constante durante todo el desembarco.

“Oye, Veysel, por esta pequeña puerta mi moto no pasa”. Resulta que la rampa para subir un vehículo queda en la proa. Como el barco ha atracado de lado, es imposible usarla. Me dirijo al capitán del barco, que es abrazado por mujeres y hombres como un héroe. Le pregunto y me dice que debemos esperar a que baje la marea, para que unos cuantos hombres suban la moto a pulso. Me niego. He visto la actitud de estos caballeros y están muy alborotados. No quiero que mi moto sufra daños. “Veysel, creo que voy a cruzar a Camerún en moto”. Después de discutir con el tipo que nos vendió los billetes, finalmente logro que me devuelvan íntegramente lo que había pagado. Cojo la moto y salgo pitando. Vuelvo a acampar en el Marina Resort. Quiero descansar en mi tienda Redverz y salir por la mañana hacia el norte para llegar a la frontera con Camerún.

Me levanto pronto por la mañana. El día, muy gris, amanece lloviznando. La ruta que voy a tomar es hacia el norte, pasando por Aya Abam, Ugep e Ikom, hasta llegar a la frontera con Camerún. Enciendo el GPS para visualizar el recorrido en los mapas militares rusos. Estos mapas topográficos son todavía la mejor cartografía de África existente, a pesar de tener más de treinta años. Una de las grandes virtudes de mi GPS, un TwoNav Delta, es que es compatible con la mayoría de formatos de mapa. La pista es de tierra rojiza. La ruta ha sido espectacular y, de momento, no me he encontrado ningún contratiempo.

BMW Motorrad participa en el Concurso de Elegancia de Villa d’Este con numerosos modelos históricosSalir de Nigeria resulta fácil, aunque la aduana me tiene que hacer un permiso de entrada para la moto. El jefe no tiene el impreso y nos vamos, con un documento parecido, a una tienda de fotocopias. En este pequeño negocio habita un solo hombre, acompañado de un viejo ordenador y dos impresoras llenas de polvo. El plan es escribir un nuevo documento e imprimirlo. Dentro de poco empezará a oscurecer. Todo pinta a que me tendré que quedar a dormir en la frontera.

El jefe de la aduana me comenta que los primeros quince kilómetros son peligrosos pasadas las seis, cuando oscurece. Está lleno de bandidos armados que asaltan a los que transitan por ese paso. El jefe de aduanas, muy amablemente, me ofrece acampar junto a su oficina. El lugar es perfecto, aunque lleno de gente que al principio se queda alucinada mirando cómo monto la tienda Redverz. Hoy toca meter la moto dentro de la tienda. Quiero dormir tranquilo y por ahí pulula demasiada gente. Me invitan a una fiesta, a unos pocos metros de mi campamento, pero prefiero descansar. Mañana quiero hacer muchos kilómetros para llegar a Limbe, en la costa de Camerún para encontrarme con Veysel, lo antes posible.

Exuberante Camerún

Me despierto justo cuando comienza la actividad en los alrededores de la frontera. Taxis, vendedores de fruta y otras cosas, cambistas y juerguistas con resaca. Aprovecho para cambiar moneda y hacerme con unos cuantos francos CFA. Parece que no ha llovido mucho durante estos días. El terreno está perfecto. No hay mucho barro y se puede ir a buen ritmo en moto. ¡La Adventure se lo está pasando genial!

Kilómetros de buena pista con un espectacular paisaje frondoso me engullen. Está siendo una de las mejores rutas que he hecho nunca. Es, verdaderamente, extasiante. ¡Veysel se lo está perdiendo!

Por fin llego a Limbe y al hotel donde se encuentra mi amigo turco. En el hotel se puede acampar en el jardín. Además hay wifi gratis en el bar, desde donde se contempla el vigoroso océano Atlántico. El precio es muy económico. ¡Perfecto!

BMW Motorrad participa en el Concurso de Elegancia de Villa d’Este con numerosos modelos históricosVeysel se queda atónito cuando me ve. Pensaba que llegaría un día más tarde. Cuando le expliqué la ruta espectacular que había hecho, se tiró de los pelos. Me contó que fue una locura embarcar la moto. Luego hubo una fiesta por la noche en el barco donde todos acabaron borrachos. Veysel cayó por la borda casi ahogándose en petróleo. Por suerte, todavía no habían zarpado y pudieron rescatarlo. Salió del agua helada y contaminada, tiritando y asustado. Su teléfono, pasaporte y todos sus documentos se mojaron. Una anécdota muy divertida, aunque el amigo lo pasó mal en su momento.

En el hotel también están acampados una pareja de alemanes, Otto y Sigrid. Viajan en un 4×4 completamente equipado. Llevan muchos meses de viaje. Ellos dicen que ya son muy mayores y que viajarán hasta la muerte. En realidad tienen un espíritu joven y son infatigables.

Por la noche, Veysel y yo hablamos de subir el monte Camerún. Un poco de trekking puede estar bien. Bueno, de poco, nada. Es un volcán activo de más de 4.000 metros con un desnivel brutal. No es de extrañar que sea el escenario de una de las maratones más duras que se realizan en África. La idea era hacerlo en dos días. Quizás excesivo si no se está bien entrenado.

Contactamos con una agencia local que nos proporciona datos del monte y decidimos que lo mejor es contratar a un guía y a un sherpa para que lleve el material y la comida. Resulta económico. No nos queremos machacar demasiado. A menos de la mitad del recorrido, mi rodilla derecha dice basta. Antes de salir de viaje me lesioné durante el entreno de Taekwondo. Supongo que el cansancio y el esfuerzo brutal que tengo que hacer para superar el desnivel me han recordado que la rodilla todavía no está bien. Decido descender y el sherpa insiste en acompañarme durante el camino. El guía y el sherpa, que son hermanos, se reparten el peso de las enormes mochilas. Los dos calzan chanclas y pasan por los caminos más complicados con ese calzado. Increíble.

Veysel y el guía continúan hacia arriba y nosotros descendemos. Bajar resulta duro. Las grandes piedras y el desnivel hacen que deba ser meticuloso en cada paso. Por fin llegamos al punto de partida. Invito a mi nuevo amigo a unos exquisitos pinchos de carne y a una coca-cola. El chaval es muy buena gente. Durante la caminata me ha explicado que ha estado estudiando para patrón de barco en Accra, Ghana. Todavía no ha terminado los estudios, ya que le resulta muy caro. Este chico tiene la inquietud de ver mundo. Lo logrará. Vi en sus ojos la pasión y en sus palabras la verdadera música de la ilusión. Los ingredientes indispensables para conseguir aquello que se proponga.

Al día siguiente, por la noche, llega Veysel al campamento. Completamente destrozado, pero feliz, me cuenta sus anécdotas en el monte Camerún. Nos movemos en dirección Yaundé, la capital del país, pasando por Duala, la segunda población con más habitantes del país. Allí paramos a comprar unos bocadillos de pinchos con ensalada y mayonesa. En esta ciudad hay que tener una especial atención, ya que muchos chicos optan por la delincuencia para sobrevivir. Mientras Veysel pide los bocatas, yo vigilo las motos. Un grupo de chicos con malas intenciones busca discusión conmigo. Ante actitudes violentas es mejor intentar hacerse amigo. Evidentemente no me sé la vida de esta gente, pero puedo entender que su actitud se debe a la supervivencia en una dura ciudad. Eso me ha salvado, en más ocasiones de las que puedo imaginar, de tener un enfrentamiento. Al final las intenciones se perciben y si realmente mantenemos sentimientos de proximidad a los demás, eso nos acaba beneficiando a todos.

En Yaundé acampamos en una misión católica. En las ciudades, es preferible pernoctar en este tipo de misiones, ya que son seguras y sus instalaciones son practicables y muy económicas. Y, ¡qué sorpresa! ¡Otto y Sigrid están aquí! Por la noche celebramos el reencuentro con conversación y alguna que otra cerveza.

Visados y Metzeler Karoo T

Mis neumáticos han llegado a su fin. Ya llevan unos 12.000 kilómetros de mal asfalto, piedras, arena y barro. Mi querida Zebra Roja calza unos Metzeler Karoo T. Su comportamiento está siendo exquisito. Aun con las altas temperaturas de este clima cálido, están aguantando. Metzeler España me va a enviar un par de unidades al aeropuerto de Duala. Por problemas logísticos pueden llegar a Yaundé. En dos días, cuando lleguen los nuevos Karoo T, tendré que desplazarme a Duala y volver aquí. Durante estas jornadas haré visa shopping, para conseguir los visados de Gabón y la República del Congo. Como tengo dos pasaportes españoles, entrego uno a cada embajada. Así puedo tramitar los dos visados al mismo tiempo y ganar algo de tiempo.

El embajador de la República del Congo nos mira mal por ir en camiseta y pantalón corto. Nos dice que deberíamos ir en traje cuando visitamos su embajada. No podemos aguantar la carcajada. El tipo nos deja por inútiles y se larga.

Para conseguir el visado del Congo, hay dos tarifas. Una para la entrega en tres días y la otra para la entrega al día siguiente. La diferencia de precio es el doble y me parece escandaloso. Optamos por la de tres días. Aun así, le indico al primer cónsul que si le estampa mañana el sello lo vengo a buscar. El tipo ríe y me dice que ningún problema, que me pase mañana al mediodía.

Solamente ha pasado un día y ya tenemos listos los visados. He recibido noticias de Metzeler España y parece ser que mañana por la mañana podré ir a Duala a recoger los nuevos neumáticos. ¡Estupendo! Veysel opta por salir ya, atravesar Gabón y llegar al Congo. Hemos quedado en encontrarnos en una misión católica localizada en Dolisie, ya en la República del Congo.

Madrugo, como siempre, y me encuentro a Otto con mala cara. Está bastante pálido. Ya hace días que arrastra problemas intestinales y no hay manera de que vuelva a la normalidad. Sigrid, su esposa, está preocupada. Otto es veterinario. Me enseña un enorme saco con polvos grises y me dice: “¡Ésta es la última opción que me queda!”. Es un medicamento para cortar la diarrea, apto para caballos y otros animales. “Si es bueno para un caballo, será bueno para mí también, ¿no?”. Yo encojo los hombros. Otto vierte los polvos en un vaso de agua, lo bate y se lo bebe de golpe. ¡Puag!

“Bueno, Otto, amigo, me voy a buscar los neumáticos a Duala. Volveré por la noche”. Entre ir y venir, ya he hecho unos 700 kilómetros. Me he pasado dos horas discutiendo con los de aduanas para que no me hicieran pagar nada. Me han pedido 120 euros de tasas y he acabado pagando 40. ¡Por fin tengo un nuevo par de Metzeler Karoo T! ¡Gas!

Más información en www.ridetoroots.com

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