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De Mauritania a Mali pasando por Senegal

De Mauritania a Mali pasando por SenegalPor Eduard López Arcos
Eduard López Arcos sigue su periplo por tierras africanas que le ha de llevar a Ciudad del Cabo. A lomos de su BMW R 1200 GS Adventure, el rider catalán nos hace partícipes de su paso por Mauritania, Senegal y Mali.

Llego a la frontera con Mauritania. Me encuentro con una cola interminable de coches y camiones. Como voy en moto y solo, siento que tengo derecho a estar en cabeza y, decidido, me acerco al puesto de control. Me encuentro con los participantes de un rally amateur portugués. Unos cincuenta vehículos. Ellos tienen preferencia y son los primeros en hacer los trámites. El director del rally va de un lado a otro para resolver el papeleo de todos los componentes. En la frontera todos dan por hecho que soy un participante más y nadie recrimina mi actuación. Los portugueses se interesan por la moto y el viaje, y nos hacen fotos. En 30 minutos tengo todos los papeles en orden y salgo rápidamente hacia la dantesca ‘zona de nadie’. Se trata de unos cuatro kilómetros de pista y arena adornados por unos cuantos coches y camiones volcados y carbonizados. Desconfiado por las indicaciones de unos cambistas, me equivoco de camino y paso por un arenal de narices. Llego al lado mauritano. La policía pone el sello de entrada rápidamente, ya que ya llevo el visado estampado en el pasaporte. Me piden dinero por la gestión, vaya morro. Les digo solo llevo unos pocos dirhams, moneda marroquí, y les pregunto que a cuánto está el primer Western Union. Me dicen que ok, que no pasa nada. ¡Ya estoy en Mauritania!

Mi amigo Iveco

El paisaje de la ruta que sigo es seco. Ya llevo muchos kilómetros visionando un paisaje parecido. Empiezo a añorar los colores vivos. Me voy a ver Nouadhibou y allí pongo gasolina. Los plásticos inundan la ciudad. Un escenario que se repite en todas las ciudades y pueblos cercanos a la carretera. Retrocedo y pongo rumbo a la capital, Nouakchott. Otra vez la oscuridad me ha ganado. Tengo hambre y ganas de descansar. Veo una gasolinera con un restaurante. Me acerco y hablo con el dueño, que está en la puerta. Cenamos juntos y charlamos. Me ofrece un sitio donde dormir. Este hombre flacucho, con vestimenta tradicional, se llama Iveco. Como el camión del desierto, me dice. Iveco, además, es guía del parque natural que está a unos 35 kilómetros de donde estamos. Arranco la moto e Iveco se sube de pasajero. Nos vamos a su oficina, un pequeño refugio en el desierto, a unos dos kilómetros de la carretera. Dormir allí dentro no me acaba de parecer buena idea. Sería muy fácil que alguien cerrara el candado desde fuera. Iveco huele mi desconfianza y propone que duerma en el exterior. Me parece genial poder dormir bajo las estrellas de Mauritania. Mi amigo saca de su oficina un cómodo colchón y una almohada. Charlamos un poco y luego él se vuelve al restaurante y yo me quedo frito en pocos minutos.

Corrupción

No tengo la sensación de inseguridad en Mauritania. Al menos por la ruta que estoy siguiendo. Durante la conversación con Iveco, sacamos el tema de los secuestros de extranjeros y él me contó que lo que hay es mucha corrupción en el país. Desde luego, en la frontera ya se puede deducir que se trata de un problema real.

A cada treinta kilómetros hay un control policial en donde piden la ‘fiche’, que no es nada más que una fotocopia del pasaporte y los datos del vehículo. ¡Vaya, se me han terminado las fotocopias! Por fortuna, el rally me lleva pocos minutos de ventaja y los policías dan por hecho que voy con ellos, así que ni paro.

Dispuesto a llegar a St. Louis, la primera gran ciudad de Senegal, tomo la pista hacia Diama, donde se encuentra un puesto fronterizo. La pista es divertida y contemplo la infinidad de aves que vuelan sobre el parque. A pocos kilómetros de éste me encuentro un control policial muy cómico. Un tipo me pide cincuenta euros por pasar por el parque. Le digo que ni hablar, que no llevo nada de dinero. Se pone tonto y dice que si no le doy el dinero no paso. Le digo que si me retiene allí nunca podré conseguir dinero. Cuando le convenzo, me deja pasar.

A la salida de Mauritania me exigen el laissez-passer. Se trata del documento que emiten en la entrada al país con los datos del vehículo. No llevaba el dichoso papel. Se había quedado, por error, en la aduana de entrada. El jefe de la aduana me pide dinero para dejarme salir. Otra vez la misma historia. Al final me saca 20 euros. Me da mucha rabia, pero luego hablando con un chico senegalés que vive en Murcia, me di cuenta que hasta había tenido suerte. Él ha pagado desde Marruecos hasta llegar a Senegal unos 600 euros a agentes corruptos. Aunque parezca mentira, los africanos que viven fuera del continente son los que sufren el mayor abuso de las autoridades.

En Senegal

Se me ha hecho tarde y entro en St. Louis de noche. Necesito descansar y, como no veo claro dónde acampar, termino en un hotel en pleno centro de la ciudad.

Por la mañana me levanto y cuando salgo a la calle me parece estar en un sueño. Estoy en el África negra. Aquí se respira otro ambiente. La gente sonríe y todo parece mucho más alegre. Me doy una vuelta por los mercados que ocupan las calles de la ciudad. Como algo de pollo y fruta mientras paseo. Entro en un pequeño local donde cortan el pelo a máquina. Me lo dejan al uno y me cobran el equivalente a ochenta céntimos de euro. Salgo contento de la barbería y callejeo sin parar. Llevo muchos días en moto y he andado poco, así que me sienta fenomenal poder conocer esta curiosa ciudad paso a paso.

A la mañana siguiente, temprano, salgo hacia Dakar, en busca del Lago Rosa. Dakar es una ciudad que vive en el colapso. La humareda de los viejos coches, furgones y camiones es muy densa. Cada vez que entro en una ciudad tengo la sensación de que pierdo algo de libertad. En Dakar era presa del tráfico. Llego hasta el centro y salgo pitando para intentar llegar al Lago Rosa antes de que anochezca. Duermo en un camping. El hermano del dueño del camping ha vivido muchos años en Girona. Tenía un locutorio que le funcionaba muy bien hasta que llegó la crisis. Lo perdió todo y se volvió a Senegal. Historias como la de este chico hay muchas. Conversamos sobre la vida en Senegal. Él opina que se vive mucho más tranquilo que en España o Francia, por ejemplo. Todo es mucho más sencillo en Senegal. Mantener un nivel de vida básico en algunas zonas de España resulta agotador y asfixiante. Algo curioso que me comenta es que tiene muchos hermanos y que algunos no los conoce, ya que ni el padre sabe que los tiene. “Aquí, los hijos se hacen y ya está”, me dice. Sin duda es un dato que revela la sencillez de los senegaleses.

Por la mañana recorro el Lago Rosa y me imagino a los pilotos del rally Dakar celebrando el final de la última etapa. Una vez saciada mi curiosidad por el color de este lago tan especial, me dirijo hacia Tambacounda, al este del país. A las seis de la tarde despliego el campamento mientras contemplo un magnífico atardecer.

Como un rayo salgo hacia Kidira, la frontera con Mali. Mis ansias por cruzar a otro país no me dejan ver el puesto de control senegalés y me lo paso sin querer. La policía de Mali me recibe amablemente y no demoran la gestión de mi entrada. Tampoco me piden dinero.

En Mali

Había sido advertido de lo peligroso que podía ser viajar a Mali por el tema de los secuestros de Al Qaeda. Una vez más, no percibo nunca el peligro, aunque la policía me recomienda dormir en un hotel en Kayes, la primera gran ciudad, que se encuentra a unos ochenta kilómetros de la frontera. Les hago caso.

La moto se despierta y el GPS apunta hacia Bamako, la gran capital. Allí quiero tramitar el visado de Burkina Faso y Ghana, así que me alojo en un sencillo y acogedor hotel. Bamako es una ciudad confusa, ruidosa y caótica, de la que os contaré más el próximo mes, en el que continuaré relatando mis aventuras por África.

Más información en www.ridetoroots.com

6 Respuestas para “De Mauritania a Mali pasando por Senegal”

  • Dave koper dice:

    anims Eduard!

  • Pili dice:

    Escrius bé i tot! Ja t’imagino en tot el que expliques, tossut i prudent.

  • molo dice:

    Mucho ánimos Eduard a seguir tu ruta hasta el final, te esperamos!!

  • Eduard dice:

    Gràcies amics i amigues! 🙂

    Lo cierto es que necesito tiempo para procesar las impresiones percibidas durante el periplo. Este viaje es increíble! África es increíble! Y además, estamos todos muy mal! Muy locos! Un abrazo! 🙂

  • La mejor escuela de la vida y la mejor manera de aprovecharla: viajar. El destino y la pasión por la vida hizo que nos conociéramos en Marruecos en donde parece ser que un catalán y un mallorquín tan lejos de su casa, compartirían y sólo allí, momentos de felicidad que seguro mantendrán durante el resto del camino. Un fuerte abrazo Eduard.

  • Eduard dice:

    Eso seguro Toni!!!!!! Eso queda para siempre! 🙂 Un gran abrazoooo! Barakaaaa!

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