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Confesiones de un impostor

El primer viaje en moto IPor Miquel Silvestre
Miquel Silvestre inaugura un nuevo blog en BMW Riders con una confesión cuando menos sorprendente. El autor de ‘Un millón de piedras’, exitoso libro de viajes en moto, se reconoce como un impostor. “Me consideran motorista experimentado, viajero aguerrido y aventurero, tal vez porque he cruzado África, Oriente Medio o Asia Central en solitario. Pero confieso que yo no me considero motero, tampoco aventurero, y si me apuras, ni siquiera viajero”, asegura.

BMW Motorrad España me ha ofrecido este privilegiado espacio para escribir una bitácora. También me ha dicho que puedo hacerlo con total libertad. Además, me han invitado a dar una conferencia sobre viajes en moto durante el Encuentro BMWRIDERS 20011 de Formigal. ¡Menuda responsabilidad! Agradezco el gesto y la confianza. Por eso mismo creo que lo primero que debo decir es que se han equivocado de persona. No me queda más remedio que comenzar con una gravísima confesión que tal vez arruine para siempre mi reputación y a ellos les haga reconsiderar su oferta.

Esta bitácora debería titularse confesiones de un impostor. Me han dado el blog y la tribuna porque me consideran motorista experimentado, viajero aguerrido y aventurero, tal vez porque he cruzado África, Oriente Medio o Asia Central en solitario. Pero confieso que yo no me considero motero, tampoco aventurero y si me apuras, ni siquiera viajero. Yo soy escritor. Eso es todo. No entiendo de bielas, sino de palabras. No me gusta mancharme los dedos de grasa sino de historias. Si un día cogí la moto y salí de mi casa a perseguir horizontes no fue porque llevara años soñando con ello; lo hice para encontrar historias. Y a fe mía que las encontré. Historias sorprendentes, maravillosas, terribles. Historias que me han hecho comprender qué sentido tiene mi vida. Por este modo de vivir he renunciado a comodidades que muchos envidiarían.

Lo hago porque sinceramente creo que vale la pena dar testimonio de como es el mundo; para mí tiene sentido contar una mínima parte de los millones de historias que hay en este inmenso planeta. Porque hay tantas como personas. Y es que las historias no existen solas. Existen porque existe la gente. Y son las pequeñas historias de la gente sencilla las que más me suelen interesar. Historias como las que reflejé en mi libro de viajes por África ‘Un millón de piedras’. Historias como la de Melinda, la prostituta de Harare, como la de un mafioso portugués de nueve dedos que vivía en un tugurio en la frontera de Namibia, como la de un pobre hospital de Lesotho lleno de enfermos sin esperanza, como la del ángel rubio que se me presentó cuando estaba herido en una carretera de Sudáfrica.

Probablemente, cualquiera de los que leáis estas palabras sabréis más de mecánica que yo y pilotaréis mejor. Pero es que para mí la moto es siempre medio, no fin. Pero es el mejor medio posible. No es solo que basta que arranques para que empiecen a pasar cosas, es que representa el modo de viajar más pleno y directo con el paisaje y con la gente. Sobre una motocicleta te pueden tocar, agarrar, hablar. No hay barreras. Es fragilidad, pero también y sobre todo es libertad. No hay reportero de viajes de los que escriba en las revistas que pueda salirse de las rutas marcadas por los transportes públicos. Cualquier viajero a pie va de A a B sin salir del autobús, tren o taxi. Para mí no existe A o B, es todo una línea continua en la que puedo pararme en cualquier punto o desviarme a donde me de la gana.

Y volvemos a la gente. La moto es uno de los mejores imanes sociales que conozco. Un motorista extranjero causa sensación allá donde va. Genera curiosidad y nunca desconfianza. Su debilidad es su fuerza. Saben que es vulnerable pero que es valiente. Que confía en sí mismo lo bastante como para llegar tan lejos. Casi todo el mundo se le abre, le invita a su casa, le ofrece comida y le cuenta su historia. Y lo que es más interesante, quieren que les fotografíe. Un viajero a pie o en coche que aparece armado de una cámara de fotos es siempre intimidante. En cuanto enfoca, la gente se retrae. A casi nadie le gusta verse apuntado por un objetivo. Pero en cuanto ven la moto, quieren que les hagas un bello retrato sobre ella.

Sí, soy un impostor. No me consideréis un motero. Soy un escritor que siempre viaja sobre una BMW GS porque en esa moto se llega a donde no llega nadie, se traspasan todas las puertas, sigue su ruta cuando se acaba la carretera y se recorre el mundo paso a paso, paulatinamente, empapándote de cada piedra del camino y haciéndote sufrir cada bache. Dicen que las BMW son motos elitistas, pero yo aseguro a esas objeciones que sobre el sillín de una moto no hay nunca Business Class, solo realidad. A veces una realidad tan dura que puede romperte un hueso.

Lo siento, he de reconocerlo, soy un impostor. Esto no es un deporte de aventura ni yo soy un verdadero motorista. Lo mío es simplemente vocación de explorador. Y los exploradores viajaban para descubrir culturas, paisajes y personas. Es la curiosidad lo que mueve mis ruedas y no una carrera.

11 Respuestas para “Confesiones de un impostor”

  • xavi grindis dice:

    eres grande! “la debilidad de un motorista extranjero es su fuerza” tienes toda la razon! no generamos desconfianza sino todo lo contrario. sigue así que tiras de muchos de nosotros….

  • Miquel, expresas de una manera casi fotográfica tu experiencia como aventurero cunado sobre todo hablas de la “gente”.
    En noviembre si Dios quiere viajeré a Marruecos con mi flamante R1200GS y como no , con mi Nikon. Veré de primera mano tus experiencias porque estoy de acuerdo que cuando en 2010 viajamos hasta allí con coches TT, la gente era menos dada a colaborar con mi reportaje fotográfico. Ahora quiero que sea como tu nos cuentas ;)
    Un abrazo y sigue deleitándonos con tus experiencias de viaje.

  • carlos sanz dice:

    Cuanto mas te leo, mas te admiro.

  • Angeles dice:

    Estoy de acuerdo con Xavi !eres grande!y ese es ahora tu camino, el que has elegido,sigue….

  • Vicente Javier-F dice:

    Hola, Miquel: me ha agradado tu exposición, y hasta tu impostura. Yo tengo verdaderos problemas para definirme -nombrar al yo-, pero veo alguna similitud con tu experiencia. Yo tampoco sé mancharme las manos con grasa (cuando empecé a los catorce años sí soltaba los carburadores y etc. Pero no valgo). Y conduzco todavía peor que tú (aunque creo que hago bien porque voy despacio, aunque no sea ducho). A mí también me gustan más las letras. Escribir, hablar, ello sí que sería un fin en sí mismo para enriquecer nuestro “kilometraje” interior.

    Desde luego, no existe medio de transporte que entusiasme más (bueno sí: la bicicleta, o hasta nuestras piernas, todo es cuestión de la cantidad de veneno que se nos haya inoculado en estos tiempos de prisas; siempre prisas). Ya he respondido a David Palacios en otro artículo sobre mis limitaciones físicas debido a mi embergadura (soy verdaderamente bajo), aunque he poseído varias trails, por ende muy altas, con lo cual, mis opiniones salen condicionadas sobre la idoneidad de los aparatos motorizados a utilizar.

    También veo al mundo, a su conocimiento, como un fin, como una meta para engrandecerse uno mismo, pero del mismo modo que el tránsito por sus rutas es una opción, también sé de algún buen libro que trata del conocimiento sin salir de casa. Otro modo de impregnarse de las variedades, en este caso no comprobadas in situ, sino fantaseadas en el regazo de tu intimidad… aprovechando las palabras, que, si son acompañadas con el, sirva el juego de palabras, acompasado roroneo de un boxer, pues que los sentidos se desborden.

    Sigue viajando, Miquel. Disfruta y comparte escribiendo, pero creo que, aunque sea una fórmula manida, quizás el verdadero viaje sea el interior (hacia uno mismo).

  • Gracias, Xavi y Vicente. Y claro que sí, el mejor viaje es siempre hacia uno mismo. Viajar en moto en solitario por África me ha enseñado quien soy y quien son los demás.

    Me he fijado que comentas el tema de la altura. Ahora salgo de viaje con una periodista, Alicia Sornosa, que mide 1´50 y se apaña muy bien con una BMW F650 GS bicilíndrica de chásis rebajado. Es una maravilla lo que han acercado con ese modelo las motos trail a las tallas bajas.

    Un saludo.

  • Vicente Javier-F dice:

    Gracias, Miquel, por tu consideración al responderme. Me alegro mucho por tu compañera Alicia Sornosa y el éxito que ha logrado al acceder a una moto con chasis rebajado. Creo que ello ha de pedirse a fábrica y no sabía que se podía llegar a esos extremos de rebaje (aunque un twin paralelo no me llena, ha de ser boxer, para mayor gusto por las sensaciones). Yo comentaba que soy bajo y te (os) diré que mido 1,62 cm. Me he pasado media vida en motos de trail y, de igual manera, siempre jugando con el arco que forma la unión de asiento y depósito para solamente poder alcanzar el duro suelo con una pierna. el caso es que yo no llego a ninguna moto de serie si exceptuamos las custom (tuve una Sporster, que sí, es bajita pero no frena y, en ciudad, se me calló encima. Me encorajiné y la vendí).

    Ahora, al retornar a BMW, que dicho sea de paso, siempre han sido talla alemana -XXL-, he tenido que, levemente, retocar el sillín. Aún no llego bien, pero ese seguirá siendo mi sino. Hasta llegué a coger el truco yo mismo a eso de la tapicería y a alguna de mis monturas yo les hacía, dignamente, el rebajado.

    Pero, en fin, esto es sólo una cansina historia debido a mi limitación, pero es para que os deis cuenta los que diponéis de buena talla de la ventaja con la que contáis. Dar contacto y disfrutar. yo, además, nunca debo de olvidar que no llego a echar los dos pies al suelo(en condiciones).

    No obstante, yo, que poco salgo del asfalto (claro, tras muchas trails, llegué a concienciarme de que dejaba mi huella en los lugares que deberían permanecer cuasi-intactos), no os puedo seguir en vuestras aventuras salvo leyéndoos.

    Mucha suerte y gustosos viajes.

  • Hola Vicente. Mido 1´70 justo, así que las BMW son también para mí una montura alta. ¿Qué moto tienes? Si fuera una R1200 GS te regalo un sillín extrabajo. Se lo compré a un tipo más pequeño que yo que le encargó a un tapicero que le rebajase el sillín bajo. Si lo quieres, está en Madrid, aunque se lo voy a llevar a la sede de http://www.2tmoto.com

    Mi correo es miquelsilvestre (ad) gmail (punto) com. Escríbeme si te interesa.

    Un saludo y muchas gracias por tus ánimos!

  • Vicente Javier-F dice:

    Gracias, Miquel, Aventurero. Eres tremendamente amable y dadivoso por tu ofrecimiento. Me sorprende que te prestes de esta altruista manera. Ello incide en la confianza que se puede aún depositar en el género humano (¿será que el hombre ha dejado de ser “un lobo para el hombre -homo homini lupus-”?, Hobbes), y más concretamente en el colectivo de amigos de las motos, más que de las letras, o de literatos amigos de las ruedas y los motores.

    Reitero el agradecimiento, pero la moto que adquirí (pensaba que lo había hecho saber) fue una R-1200-R, que, como estaba en la tienda (Motor Gorbea, Vitoria) la tuve que adquirir con el asiento a 800 mm, en vez de solicitarme el rebajado, que, en teoría no tiene sobre precio. Su opción fue rebajarlo un poco pero sin reponer el más bajo, que creo, justamente, me correspondería.
    así que el que tú me aportarías de la GS no me serviría.

    Este detalle habla de tu grandeza. Mil gracias reiteradas y quedas ya para siempre como un amigo. Un gusto.

    Vicente Javier Fernández

    (*)Por cierto, mi correo eletrónico es vicentejavierfernandez@gmail.com

  • Hola Miquel,tengo tu libro de tu viaje con la Pricesa por Africa,que me gusta mucho por lo que cuentas y lo que sientes,ya que en mi modestia he viajado en moto desde hace 40 años y ademas mi moto actual es una r80 gs del 91 exacta a la tuya hasta en el color.Tiene 60 mil kmts y va como una seda.Si pasas por z<aragoza y te apetece verla llama al 656441102 y estare encantado de saludarte.

  • José Cano dice:

    Miquel cuando vienes a Guatemala? Será un gusto tenerte por estas tierras! Envía tus libros saludos

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