EN SOLITARIO HACIA ARABIA EN MOTO, ¡EMPIEZA EL VIAJE!

Por Elsi Rider
Y empezó en “urgencias”. Un fuerte lumbago que me impedía moverme pocos días antes de iniciar la aventura. Dudé sobre retrasar la fecha de salida, pero entre los antiinflamatorios, calmantes, cremas y fisioterapeuta conseguí mover la pierna derecha lo suficiente como para que, “en modo abuelilla”, pudiera subirme a la moto.

Casi 900 kilómetros desde mi casa, en Asturias, hasta el puerto de Barcelona, donde cogería un barco para llegar a Italia. Un buen parche de calor y más calmantes para esta primera etapa. Cada bache, cada curva, cada racha de viento era dolor añadido, pero poco a poco y con “paciencia” llegué al puerto.

En el barco y en el suelo

Este tipo de viajes requieren mucho ahorro, mucho sacrificio y muchos recortes, así que el elevado coste de un camarote es algo que no puedo permitirme; toca esterilla, saco de dormir y al suelo en algún rincón del barco. Digamos que forma parte de la propia aventura y no será la última vez que duerma fuera de una cama con su almohada.

He cogido este barco varias veces en mis otros cuatro viajes por Asia central, así que siempre me encuentro con alguien conocido que me saluda con un “¡María!, otra vez por aquí…”.

Esta vez no hay ninguna otra moto, solo la mía, “Lusi”. Pero sí había cuatro autobuses llenos de jóvenes con las hormonas a pleno rendimiento que no dejaban descansar a nadie. Era como una fiesta en un barco durante toda la travesía. ¡Estoy cansada!, necesito dormir con tanto calmante. Los otros pasajeros les riñen, la tripulación les riñe, pero aquello no tiene freno.

Tirada en Bari (Italia): “La paciencia no es lo de la madre de todas las ciencias, sino una gran compañera de viaje”

Estoy sentada en el puerto de Bari y son las nueve de la mañana. La hora a la que me dijeron ayer que tenía que estar para embarcar hacia Grecia, ¡pero no!, no era esa la hora, sino las 21:00 h. Así que me tocó esperar mucho, hablando con mucha gente y haciéndome fotos con persona que, incrédulas, escuchaban el destino hacia donde me dirigía: “Arabia”.

¡Sí!, “la paciencia”, esa gran compañera que te tienes que llevar de viaje en la maleta y que nunca debe de faltar. Te puedes tirar horas en travesías, en esperas, en fronteras e incluso días. Esta vez son doce horas, nada que ver con aquellos tres días, sí, tres días,y diez horas en el puerto de Alat, al sur de Bakú en Azerbaiyán para atravesar el Caspio.

Recuerdo aquel viaje en el que para llegar al Mar de Aral tuve que esperar por aquel destartalado barco que llegó un buen día rumbo a Aktau en Kazajistán y al que denominé ‘Maybe Tomorrow’ porque cuando compras el billete y preguntas cuando llega la contestación es esta “puede que mañana”. Al parecer, ¡eso me explicaron!, el Caspio es un mar muy traicionero y tan pronto está en calma como una enorme tormenta se levanta y los barcos tienen que dejar incluso de navegar. Nunca olvidaré aquel barco y la cantidad de militares que subieron para someternos a un exhaustivo cacheo con aquel enorme pastor alemán, un perro policía que muy alejado de la sutileza de los que conocemos en Europa, con su hocico desperdigaba todo por el suelo y se subía encima de las personas para olisquear. Los trámites de inmigración e importación temporal de la moto fueron complicados y me llevaron muchas horas. El barco llegó a las 23:00 h y cuando pude irme a un hotel eran las 06:30 horas de la madrugada. Por cierto, la única mujer que viajaba en el ‘Maybe Tomorrow’, en realidad de nombre Mercuri, era yo.

Mañana llegaré a Grecia, y continuaré ruta por el sur de Turquía, donde me esperan tesoros escondidos que ya nadie visita por culpa de la guerra con Siria. Supongo que la frontera turca estará muy blindada y no tendré problemas para circular con la moto, pero esto, es “un suponer”.

Los viajes son como películas cuyos guiones se escriben por el camino, así que vamos a ver que me depara el próximo capítulo.

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