EN SOLITARIO Y CON “¿ALGÚN TEMOR?”. CAPÍTULO I

Por Elsi Rider
Mi viaje en solitario está transcurriendo esta vez de forma extraña. Diría que incluso meses antes de irme. Los acontecimientos sucedidos en 2018 y continúan en 2019, con tantas mujeres violadas, desaparecidas, asesinadas cada dos por tres y las incesantes repeticiones y búsqueda por parte de algunos medios de comunicación de ir más allá de la noticia, han conseguido sembrar el miedo entre todos nosotros, hombres y mujeres.

Me pregunté, antes de salir de viaje, si debería de hacerlo, si tenía que asumir el riesgo con esta extraña sensación de miedo que me estaba ganando la partida. Todo el mundo me advertía: “Mira lo que ha pasado este año”, “Te puede pasar esto, aquello…”. Intuía en las miradas y frases de muchos y muchas, el “si te pasa algo es porque te lo estás buscando”.

“Déjalo y busca a alguien que te acompañe”

Incluso el día de mi partida recibí mensajes de “vuelve sana y salva”. ¡Me molestaron! y a alguno respondí, “sana, salva, más sabia y más feliz”. Ese fue el momento en el que mi yo se reveló contra lo que estaba creciendo dentro de mí: “El miedo”. Habían o mejor dicho, ¡casi habían conseguido! que hasta yo misma, después de haber recorrido medio mundo en solitario y con una experiencia vital en la que miré de frente a la muerte, pusiera en duda mi propia capacidad de hacer un nuevo viaje en solitario.

El miedo dio más sentido a mi viaje hacia Arabia

Este año, fue complicado. Las mujeres se organizaban para salir a correr en grupos. Chicas que conozco no se atrevían a salir de cena solas por la noche con otras amigas. ¡Cómo podemos caer en esto! ¡Me niego!

Siempre hay que ser sensato y está claro que las mujeres tenemos que asumir más riesgos, pero ¿debemos de cortar nuestra libertad? En ese momento empecé a darme cuenta de que sin querer estábamos contribuyendo al machismo al considerar que un hombre -el hecho de ir acompañadas de un varón- nos da más seguridad. Nos ha constado muchos años llegar a dónde estamos y no podemos consentir que el papel de la mujer vaya dos pasos por detrás. Creo en una sociedad justa e igualitaria, y muchos hombres también. Una gran mayoría de ellos son padres, ¿cómo pensar de otra forma?

Todo esto fue lo que me dio la fuerza suficiente para hacer lo que hasta ahora hacía, con precaución, ¡claro que sí!, con sentido común, ¡desde luego!, y con la prudencia que todos tenemos en la vida. ¡Seguir viajando!

Mis viajes siempre han tenido un sentido. Me gusta enseñar la realidad de los países que conozco y, sobre todo, transmitir a las personas el sentido de la vida, de vivir sin más. Este era el viaje perfecto para llevar el mensaje con un personaje que creé llamado AKITIL, con una frase que diría “No dejaré de hacer nada por miedo”.

Akitil, fuerza que hace revivir

Eso significa Akitil y es lo que dibujaría un niño cuando le pedimos que pinte a una persona. El niño no distingue entre sexos y somos nosotros, los adultos, los que vamos transmitiendo estos límites y diferencias que van marcando los pasos en la vida. Se trataba de mostrar la igualdad, “sin miedos”, tan sólo la igualdad entre hombres y mujeres desde el respeto y, desde luego, sin tener que dejar de hacer cosas por temor. Así que este personaje me acompañó en forma de pegatina y cuando podía, por cada país diferente que atravesaba con mi moto, dejaba huella de nuestro paso por allí. Era un mensaje de vida, de optimismo y sobre todo de libertad. Quería al finalizar el viaje, poder decir: “Aquí estoy, he peleado contra mis miedos y he seguido viajando. He llegado sana y salva porque ‘No dejaré de hacer nada por miedo’”.

Me he movido siempre en un mundo de hombres, y ¡sí!, he sufrido a veces la discriminación, pero también la compresión, admiración y amistad de otros hombres. Hombres que además critican duramente la ignorancia de quien menosprecia a la mujer por su sexo. Todos tenemos una madre.

Así que, sin que el “ismo” se impusiera, enfrentándome al miedo y con un mensaje que transmitir, iniciaba mi viaje en moto y en solitario hacia la Península Arábiga.

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