HAZ QUE SE UNA A TI

Por Carlos Permuy
Siempre te han gustado las motos. Posiblemente empezaste de jovencito con un ciclomotor y fuiste pasando por varias motos hasta tener “la moto grande” de verdad. Has viajado con ella, has hecho salidas con los amigos, pero, en un momento dado, conoces a una persona con la que compartes muchas cosas y empiezas una relación con ella.

Y justamente lo único que no compartís es la afición a la moto. Aquí se pueden dar dos posibilidades, la primera es que no la comparta, pero no tenga ningún inconveniente en que tú la disfrutes y hagas tus salidas e incluso viajes. Esto, para mí, es lo ideal porque mi manera de disfrutar la moto es haciendo tiradas muy largas, viajes a lugares inhóspitos y no precisamente con buenos hoteles o restaurantes.  La segunda es que no le guste tu afición por la moto.

Seguro que habéis oído el refrán que dice “si no puedes con tu enemigo, únete a él”, pues me vais a permitir que lo cambie un poco “¡haz que tu enemigo se una a ti!”.

Para ello debéis seguir al pie de la letra la siguiente estrategia. En primer lugar, lo más difícil es convencer a la otra persona para dar una pequeña vuelta con vosotros. Nada de una ruta de una mañana ni de cientos de kilómetros. Buscad un bar bonito para ir a desayunar a unos 20-25 kilómetros de vuestra casa al que se acceda por una carretera comarcal (porque por autopista estaréis en diez minutos) y elegid un día que sea bueno porque es muy importante que no tenga frío.

Una vez la otra persona esté convencida (aunque sea con mucho reparo), debéis hacer lo siguiente: llevad la moto despacio, como si estuvierais paseando en una lenta y pesada (poned aquí la marca que queráis) y, sobre todo, ¡nada de coger curvas! Inclinaciones las justas y de muy pocos grados. Por supuesto, nada de acelerones. Sé que para muchos de vosotros será una tortura, pero pensad que estáis invirtiendo en algo mucho mejor. Además, si os acordáis la primera vez que cogisteis una moto la aceleración os impactó… ¡y era una moto pequeña! Imaginaos a alguien que no ha montado nunca en moto y que se sube por primera vez en un bicho de 100 CV o más, que aun llevándolo “tranquilos” ¡le parecerá estar en la peor de las montañas rusas! Eso es, precisamente, lo que hay que evitar.

La experiencia será totalmente satisfactoria, pero ¡ojo!, no os dejéis llevar por la pasión a la moto y atormentéis a la otra persona con frases como  “¿Te ha gustado? ¿Verdad que es una pasada? ¿Te imaginas los viajes que podríamos hacer?” Lo único que vais a conseguir es que piense que eso no es para ella. Dejad que sea la otra persona la que tome esa decisión que, por otro lado, no tomará con una simple salida a desayunar ya que necesitará tiempo. Lo mejor es hablar de las cosas que hablarías durante un desayuno “sin moto” y, sobre todo, que sean amenas y divertidas para que esa persona, inconscientemente, asocie la salida en moto a algo agradable y divertido en un futuro. La clave es no agobiar y que sea la otra persona la que poco a poco vaya adquiriendo el gusto por la moto.

Imaginemos que ya ha pasado un tiempo y que esa persona ya viene habitualmente a desayunar con nosotros, siempre con una ruta corta y lenta. Ahí es cuando le puedes decir mientras desayunas: “¿Te gustaría que fuéramos a comer a tal restaurante que me han dicho que está muy bien?” Y del lugar del desayuno ya puedes recorrer una hora y hora y media más al restaurante en cuestión. Eso sí, procura seguir con la lentitud y nada de tumbadas, hay que ir “navegando” agradablemente. Procura llegar con tiempo y sin prisas.

A partir de aquí, se trata de ir aumentando la frecuencia y la distancia. Ir a más velocidad dependerá de lo mucho que le vaya gustando a la otra persona el montar en moto contigo. Por cierto, llegados a este punto he de comentar algo que, para mí es de traca: ni se os ocurra comprarle el equipamiento más barato que encontréis o bien razonadle el por qué debe de comprar algo de calidad, aunque monte poco en moto, si es la otra persona la que se lo compra. Recordad que nunca hay que escatimar en seguridad.

A partir de ahí, ya se pueden organizar pequeños viajes de fin de semana, en un principio a lugares cercanos para, poco a poco, ir aumentando la distancia y el ritmo. Conozco casos que empezaron así y ahora cada uno ¡lleva su moto!

Hasta el mes que viene.

Una respuesta para “HAZ QUE SE UNA A TI”

  • Roberto dice:

    Tienes toda la razón. Un detalle más. Para que se sienta realmente cómoda no le impongas tú la ropa que debe comprar. Que sea ella quien la elija, dentro de algunos parámetros que sí le puedes dar. Eso hará que se sienta cómoda porque le gusta la ropa o el casco elegido y se vestirá con mucha ilusión.

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