LIBERTAD DE SER LIBRE

Por Agustín Ostos“Un hombre puede creer o no creer, eso es cosa suya, porque es su propia vida lo que apuesta por la fe, la incredulidad, el amor, la inteligencia. Y no hay sobre la tierra otra verdad más grande para el espíritu humano que esta gloriosa y humilde condición. El hombre arriesga su propia vida cada vez que elige y eso lo hace libre”, decía Maximo Gorki en ‘Los bajos fondos’.

Pues bien, tras dos meses en Paraguay ejercí mi libertad echándome de vuelta al camino, al techo oscilante, a la incertidumbre diaria, al saber que no saber es la mejor forma de conocer; vuelta a los días de cuatro estaciones, a las charlas fugaces en gasolineras apartadas, a los bocados de aire fresco, a las soledades del casco, a las compañías fortuitas y encontradas. Vuelta al viaje, vuelta a la aventura; vuelta, en definitiva, a la vida.

Y así, viviendo, llegué a la Ruta 40, que me puso esta cara. ¿Me habrá dejado suficientemente bello o me tenía que revolcar por sus caminos un poquitito más? ‘Cuidao’, tampoco quisiera pasarme, a ver si a lo tonto me van a seleccionar para Míster Universo…

Y continué, así de hermoso, hacia el norte chileno. Apenas cuatro noches me sirvieron para recordar no solo la majestuosidad de sus montañas de semblante blanquiazul sino también lo bien que me trata su gente y lo mucho que me nutren la barriga sus aguacates. Apenas cinco días me bastaron para rememorar el inicio de mi aventura por sus tierras año y medio atrás. Qué bonito fluir bonito y que eso traiga terrícolas aún más bonitos al camino que nuestros pies pisan. Y es que están pasando tantas cosas tan intensas y tan lindas en tan poco tiempo que siento que estos 25 días de viaje están equivaliendo a tres meses de vida normal… ¡Pero qué hermoso es viajar, coño!

Llevo más de año y medio de viaje y siento que la libertad guía mi camino: libertad de pensamiento, acción y sentimiento; libertad para discernir qué sí quiero y qué no quiero; libertad de elección de en qué y a quién dedico mi tiempo; libertad, en definitiva, de ser libre. Y es que tal vez Einstein llevaba razón cuando dijo que la vida es como andar en motocicleta: para mantener el equilibrio, tienes que seguir moviéndote.

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