CONSEJOS DE AVENTURA. DELINCUENCIA Y TERRORISMO

Por Miquel Silvestre
Los atentados de Sri Lanka y las numerosas víctimas occidentales, entre ellas dos españoles, vuelven a plantear el tema de la seguridad en viajes de aventura. Por lo que me preguntan sé que lo que más miedo da a los viajeros son los criminales y los terroristas, precisamente los riesgos que estadísticamente menos incidencia tienen en los viajes, pero como existen, vamos a hablar de ellos.

El terrorista busca notoriedad. Por mi experiencia como viajero puedo afirmar que las naciones no occidentales, incluidas las árabes y las africanas que tengan problema de terrorismo, suelen ser más seguras para el viajero occidental de lo que a veces da a entender la televisión. A no ser que se trate de estados fallidos como Somalia.

Si hay riesgo terrorista, lo verdaderamente arriesgado es permanecer en un lugar frecuentado por turistas, como los hoteles de lujo o los resorts, pues en ellos, a pesar de que los europeos o norteamericanos se sientan más seguros al estar rodeados de otros blancos, los terroristas saben que ahí un atentado causa muchas víctimas y un gran impacto mediático, mientras que en los sitios donde abundan los ciudadanos locales y solo de vez en cuando se presenta un occidental es mucho más improbable que suceda un atentado.

Salir a correr por las mañanas me permite visitar los lugares más turísticos de las ciudades en horas que suelen estar vacíos o al menos muy poco frecuentados. Por ejemplo, la Mezquita Azul y Haya Sofia en Estambul, hormigueros a partir de las 11 de la mañana, están desiertos a las 6 o 7.

Evita estos sitios repletos de occidentales porque es donde más riesgo se corre. Los malos saben que con una sola acción criminal harán mucho daño y conseguirán mucha repercusión internacional. Matar negros africanos o árabes en ciudades de países subdesarrollados no garantiza una primera plana en ‘The Guardian’, ‘Liberation’ o ‘New York Times’, pero si en la misma ciudad del mismo país no occidental vuelas por los aires a cinco europeos blancos, bingo, conseguirás inmediatamente publicidad valorada en millones de dólares. Por eso no me gusta ir a centros comerciales ni alojarme en hoteles de lujo para ejecutivos expatriados.

Anécdota

En 2010 entré en Egipto en un ferry que cruza de Jordania hacia el Sinaí. Era tarde y me quedé a dormir en lo primero que encontré, un hotel para turistas occidentales. Estaba dentro de un verdísimo campo de golf. Golfistas europeos circulaban en carritos eléctricos. Sus mujeres exhibían la sombra del bikini bajo tenues y translucidos vestidos playeros. Era un perfecto paraíso de felicidad y palmeras. Hasta que llegué a la carretera. El coche de la policía armada y un astroso pick up cargado de tipos ceñudos y profusos de barbas me recordaron bruscamente que estaba en Oriente Medio.

Los ojos de aquella gente observaban atónitos el desfile de vanidades importadas del universo occidental. Las mujeres semidesnudas y las descomunales melopeas de barra libre con que se obsequiaban los muchos rusos que turisteaban en Sinaí eran auténticas provocaciones para la legión de camareros, jardineros, botones y mozos de carga egipcios que servían en silencio, pero que cuando se quitaban el uniforme de esclavo hotelero habitaban en miserables poblados donde en las mezquitas se les decía que esos que se alojaban en los hoteles donde trabajaban en el ‘Mal’.

Años después atentaron en el mismo hotel matando a varias de aquellas turistas.

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