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BUEN KARMA, BUEN CAMINO

Por Agustín Ostos
Si un día pasara por donde vives y sin saber quién soy vieras a este rider peludo de acento extraño denotando cansancio y hambre… ¿Le acercarías un plato de comida? ¿Le brindarías alojamiento? ¿Le ayudarías en lo que necesitara? ¿Le regalarías, aunque tan solo fuera, un gesto amable?

Porque te digo una cosa: cada vez que alguien lo hace conmigo, yo aprendo a hacerlo más con el resto, lo cual me lleva a pensar que la solidaridad es contagiosa y que viajar mejora el mundo porque mejoran las personas. Por eso, aunque el gesto simplemente sea regalar un plato de pasta, para el que lo recibe puede significar justo el cariño que necesitaba.Qué curioso, tal vez si se nos enseñara a confiar un poquito más desde niños enfocaríamos la vida de otra manera, porque puedo asegurar y aseguro que la mayor parte de la gente del Planeta Tierra es buena.

Quizás por eso, lo que más me gusta de Brasil es, sin duda alguna, su gente. Recibí ayuda, atención y cuidado desde el primer día y, ya cerca del final de esta etapa, sigo recibiendo más de lo mismo.
Se habla mucho de la inseguridad del país, una realidad innegable en algunas zonas concentradas de las grandes ciudades. Sin embargo, yo creo que el mayor peligro es no venir a comprobar la bondad del pueblo brasilero por ti mismo.

Esta familia me alojó y alimentó en Manaos por una semana, en un barrio en el cual al principio no quería quedarme por su aspecto medio ‘favelero’. Una vez más, comprobé que las apariencias engañan y el destino me brindó una excelente experiencia por el amor incondicional y desinteresado que me regalaron estos seres humanos.

Él, después de trabajar más de 40 años, decidió estudiar turismo y montar una ‘pousada’ ecológica en su propia casa. “Em Família Pousada” se llama y te aseguro que es el nombre más representativo que jamás conocí. El último día, antes de mi marcha, me dijo con los ojos llorosos y la voz medio temblorosa que me iban a echar mucho de menos porque él veía la vida como un árbol cuyas hojitas son las personas que nos van dejando huella, y que estaban muy felices por haber pasado a formar parte del árbol de sus vidas.“Muito obrigado, cara familia”, porque vosotros también florecisteis en el mío.

Pero mi suerte no solo se manifestó ahí. Por ejemplo, cuando le pregunté al encargado de ‘Casa Seis Produçoes’ cuánto le debía por ‘tribalizar’ a mi gusto a Super-Supernova, me respondió “Nada meu amigo! Boa viagem”. Ni siquiera les propuse un intercambio, ni siquiera sabían quién era o qué hacía exactamente. La única información que obraba en su poder era que andaba de viaje en moto por Brasil y eso era suficiente razón para quererme invitar.
He comprobado muchas veces que, cuando uno se alinea con sus propósitos, vibra alto y hondo, emitiendo una frecuencia que es detectada por casi todo lo que nos rodea, incluidos nosotros mismos, y esta es una de las mayores fuentes de poder y crecimiento que he experimentado.

Debe ser por eso que, al llegar al Mato Grosso, tuve la suerte de cruzarme en un un lugar llamado Bonito con el Proyecto Meraki, una familia sevillana que recorre Sudamérica en una biblio-escuela rodante con más de 1.500 libros que leen y comparten en los colegios y centros educativos de los pueblos que van visitando. Después de charlar con ellos y grabarles un poco para documentar su labor, todo lo que puedo decir es que no sólo es una familia fantástica, sino que, de alguna manera, me vi reflejado en ellos porque, al fin y al cabo, los motivos que nos llevaron a dar el paso de cumplir el sueño son, en esencia, los mismos.No pude evitar imaginarme lo que hubiese disfrutado un viaje así siendo niño, lo cual me llevó a preguntarles a sus tres hijos cómo se sentían: “¡Queremos seguir viajando! ¡Esto es increíble!”, respondieron.

Una vez más, entendí que el mundo está lleno de gente maravillosa. Y viajar en moto es una de las maneras de encontrársela.

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