TORMENTA EN EL BARRO

Por Eduard López Arcos
Después de un mes y medio por Marruecos disfrutando de la BMW R 1250 GS, alias “La Máquina”, vuelvo a mi querida Tormenta por tierras gallegas. Galicia es un paraíso visual con una naturaleza espectacular. Da mucha pena ver las inmensas áreas quemadas por los incendios que se producen cada año. Lugares que antes lucían colores saludables, de vida, ahora están carbonizados. Aun así, continúo encontrando lugares espectaculares cada vez que salgo con Tormenta al monte, y vuelvo siempre con una sonrisa de oreja a oreja.

Lluvia y barro

En los últimos años, la falta de lluvias en Galicia ha propiciado los incendios. Los peores incendios se producen después del verano cuando todavía hace calor y, si no llueve, el viento se encarga de propagar las llamas a una velocidad de miedo. Parece que este año está lloviendo más que en los tres últimos y el terreno está más húmedo. Si te metes en un camino encharcado y estrecho, en el cual tienes que dar media vuelta por estar cortado, la cosa tiende a ponerse interesante, y más si ya está oscureciendo. Y si luego, después del trabajo que te ha costado salir del embrollo, retomas el camino de vuelta y una placa de hielo te escupe hacia un terraplén, ya has hecho el día.

Hacia el terraplén

Una caída de este tipo, de noche, es peligrosa. No sabes en dónde vas a aterrizar y la suerte se tiene que poner a tu favor para no hacerte daño. Fui afortunado y no hubo destrozos. Tormenta también salió ilesa. Salir de allí fue más fácil de lo que en un principio me parecía. Logré escapar de la trampa y continué mi camino intentando no resbalar de nuevo con el hielo.

Explorar tiene estas cosas. A veces me resulta inevitable adentrarme en un camino cerrado, simplemente por el atractivo que ofrece conocer que hay más allá. La aventura siempre está ahí cuando aceptamos los retos que nos brinda la naturaleza.

Tengo que reconocer que soy algo torpe con el barro gallego, pero cada vez me gusta más y me encanta practicar con Tormenta, aunque sus más de doscientos quilos a veces no lo ponen nada fácil. Los neumáticos también hacen mucho. Para andar en barro es recomendable usar neumático blando de enduro o de cross con tacos separados. La presión de las gomas debe ser baja para lograr una mayor adherencia y adaptación al terreno. Es muy divertido hacer equilibrios al pasar piedra mojada, pero hay que estar muy atento ya que el verdín que las cubre puede hacer que la rueda trasera pierda completamente la tracción. Es un juego que engancha. En ese terreno resbaladizo hay que anticiparse todavía más y los errores no están permitidos. Suena bien, ¿eh?

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