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LOS RIDERS NO APARCAN SU BMW EN INVIERNO: “LA MOTO ES SENTIMIENTO, CAMARADERÍA, LIBERTAD, UNA FORMA DE VIDA”

Por José Mª Alegre
Rider es el que utiliza su moto para todo. El que hace muchos kilómetros con ella. El que viaja a lomos de su montura en cualquier estación del año. El que goza desplazándose sobre dos ruedas en el día a día, ‘ruteando’, descubriendo nuevos lugares, nuevos paisajes, conociendo gentes y haciendo amigos.

El que se le conoce más por lo que dice que por el ruido que hace. El que en invierno no renuncia a sus planes de seguir disfrutando de la moto y de los compañeros por más frío que haga. Esos son los preceptos de los riders que entrevisté en ‘La Leyenda Continúa’, concentración invernal de motos que reúne a miles de ellos, cerca de 8.500 en esta edición 2019, desplazándome hasta Cantalejo (Segovia), donde se celebra. Allí tuve ocasión de ver a riders que desafían el intenso frío para reunirse con los “colegas” y compartir aventuras, anécdotas y charlas en torno al fuego amigo de una buena hoguera.

Chele Jusdado es de Madrid y ha acudido a Cantalejo con toda la familia, “alojándose” en una tienda de campaña en el pinar donde se celebra la concentración. Para él, “la moto es vida, sentimiento, libertad, camaradería… Es algo que no se puede explicar muchas veces con palabras”. Chele, cuando viaja en invierno subido en su moto y el frío le acompaña, “sobre todo en estos parajes de Castilla, donde las temperaturas son muy bajas, sigues disfrutando de ella, maravillándote de los paisajes que contemplas, blancos muchas veces, pero ves, conoces y a seguir, que es lo que interesa”.

Fran (35 años) viene desde Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real) con su BMW S 1000 XR. Le gusta viajar en moto y este tipo de concentraciones le da pie a ello, asegura no gustarle demasiado los escándalos, los ruidos y “todo eso”. Además de España, es un enamorado de “Portugal y Francia”, país este último “al que suelo ir cada verano”, concluye.

Jorge viene de Puertollano con su BMW R 1200 RT y lo que le trae a ‘La Leyenda Continúa’ es “el compañerismo, sobre todo, y el viaje con los amigos de mi ciudad”. Está “encantado con mi RT. Vengo de otro tipo de moto más R y esto es otro mundo en el que no echas en falta nada”, afirma.

Miguel Ángel (41 años) luce una flamante R 1250 GS, con la que piensa ir sumando kilómetros a los más de 400.000 que lleva hechos con todas las motos que ha tenido. Dice no poder estar sin moto, porque todo lo que hace gira en torno a ella: “He sido piloto, monitor de cursos de conducción en el Jarama y la moto es para mí mi vida”. Mantiene que acudir a un evento como el segoviano es “ir a una reunión donde se congregan motociclistas y eso genera mucha unidad y buen rollo”. Para él, “la moto es un medio de transporte cívico y cada vez hay más gente que la utiliza para desplazarse por las ciudades. Debería estar mejor considerada por las autoridades, pero es posible que por culpa de unos pocos su imagen se haya estropeado y eso va en detrimento de los que la disfrutamos y queremos esta forma de vida”, termina.

‘Peque’, apodo que ironiza su gran estatura, viaja con una BMW R 1200 GT, desplazándose desde Daimiel hasta Cantalejo por los “amigos, el compañerismo y el ambiente tan familiar que hay. Aquí no hay ‘petardazos’ por las noches (se refiere a los cortes de encendido), descansas y está muy bien organizado”, sostiene. ‘Peque’ dice ir en moto “desde los 16 años, cuando me saqué el A1”, termina.

Óscar tiene 43 años. Con su R 1200 GS Adventure se desplaza desde Madrid a las concentraciones invernales “para ver a los amigos, a pesar de la climatología tan adversa, tomarnos unas cervezas y contar anécdotas del año que llevamos sin vernos”. Sin embargo, su asistencia a estos eventos es menor “desde que tengo dos niños, pero como mínimo voy a esta de Cantalejo y como tope a tres concentraciones”. Para él, la paternidad le ha limitado los viajes, “la señora no me da la venia”, dice riéndose ampliamente en tono de broma.

Agustín tiene 54 años y goza de una R 1200 GS Adventure. Para este usuario de las dos ruedas, rider es “vivir el mundo de la moto cada día en cualquier circunstancia, desde ir a trabajar, hasta viajar y ver a los amigos en eventos como este. Es, en definitiva, disfrutar de la moto a cada momento”. ‘Agus’ ha tenido más motos en su vida, pero “esta me da un plus de aventura, porque me permite ir a gusto en asfalto, en carreteras secundarias, que es donde más disfruto, y también afrontar rutas de off-road, polivalencia que otras motos no me han dado”.

Enrique es primerizo en el mototurismo. Este sevillano de 49 años lleva poco tiempo experimentándolo, haciéndolo con una R 1150 RT. “Siempre me ha gustado la moto y he tenido varias, pero para ir de casa al trabajo y darme alguna vueltecita. Sin embargo, el año pasado fui a una concentración, conocí a estos amigotes y me ha entrado el gusanillo y la verdad es que me gusta mucho este mundo”. El hispalense, retando las frías temperaturas, ha acampado en la pineda de ‘La Leyenda Continúa’ “y es una experiencia bonita, me gusta y espero que haya muchas más”, subraya.

Para Jesús, “las concentraciones invernales es donde salen los moteros de verdad. Son, además, un punto de encuentro de motoviajeros, de amigos y, sobre todo, de gente que le gusta la moto”. Para este organizador de rutas y viajes a través de su empresa ROM, “el motero ‘de todo tiempo’ se ha diversificado. Tenemos al de toda la vida y al que se quiere iniciar, pero no se atreve a aventurarse por su cuenta y busca a quien que le ayude para iniciarse en el mundo de la moto, de los viajes, y en eso, en facilitarles ese tipo de experiencias y que les resulte gratificante para que se enamoren de la moto, es en lo que estamos trabajando”.

David es un tipo campechano, de barba blanca (al fondo), que conduce una preciosa R 1150 GS. Tiene 48 años y bastantes más kilómetros en moto: 1.300.000, calcula. Tampoco son pocos los países que lleva visitados, “casi toda Europa y las tres islas caribeñas: República Dominicana, Cuba y Puerto Rico, también en moto”. No es de extrañar pues que para él “la moto es mi vida. Empecé a los 14 años y todavía no me he bajado de ella. Tuve un accidente que me tuvo 16 meses en silla de ruedas y el mismo día que me bajé de ella, me fui a un cocesionario y me compré un sccoter. Mis padres hicieron el viaje de novios, Barcelona-Sevilla, en una moto de 125 cc, en el 58, y de ahí salí yo”, confiesa divertido.

Iván acompaña a David en la foto y en la ruta. Más joven que él, 24 años, y montando un modelo diferente, una F 800 GS Adventure, considera que el rider es aquel “que vive la moto y se divierte haciendo kilómetros. Yo quiero disfrutar de ella todo lo que pueda”, añade.

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