PIEDRA Y ARENA, MONTAÑAS Y DUNAS, TERRITORIO BMW R 1250 GS

Por Eduard López Arcos
Los números cambian. ¿Qué números? Pues, por ejemplo, la denominación de la mayor de las GS ha pasado de llamarse R 1200 GS a R 1250 GS. Otro ejemplo, para mí menos relevante, son los cuatro dígitos que delimitan un año de otro. Sí, ahora hemos llegado al 2019 e iniciado la cuenta atrás hacia el siguiente año, aunque, repito, no me supone algo tan importante como la actualización de la reina de las trail. Llámame loco.

Estoy sentado en una vieja y débil silla, en una fría casa del sur de Galicia, delante del ordenador mientras escribo estas líneas para la primera News del dos mil diecinueve. En mi memoria los recuerdos de las últimas semanas se pelean por encabezar el primer puesto. Esos recuerdos lo van a tener difícil para llevarse el podio. Durante seis semanas he rodado por tierras marroquíes con la nueva y flamante BMW R 1250 GS HP, y cada kilómetro con ella ha significado una bocanada de oxígeno, una consecución de descargas eléctricas (a lo desfibrilador) sobre mí, resucitándome, llevándome al éxtasis de la vida al complementar los hermosos paisajes que iba visualizando con las sensaciones que me inyectaba dicha moto.

El mes pasado ya escribí sobre una aventura (o pesadilla, según se mire, ¡ja ja ja!), en la que la R 1250 GS superaba veinte quilómetros de trialeras y tuve que dormir al raso, a 1.900 m de altitud, sin equipaje de acampada ni abrigo, solamente con mi equipación de moto. Después de superar esa etapa me quedó muy claro que la nueva GS no es una buena moto, sino que es una una super muy buena moto.
Si te dijera que no hay día que no añore las dunas del Erg Chebbi, ¿me creerías? Pues, sí, las echo de menos día sí, día también. Después de vivir delante de esa magnífica cordillera de dunas durante cuatro años, surfeando las dunas, primero con la Zebra Roja (BMW R 1200 GS Adventure del 2007) y luego con Tormenta (BMW F 800 GS Desert Rally), estaba impaciente por llevar al nuevo “bicho” a ‘dunear’.

Impresiones en la arena

La BMW R 1250 GS HP fue equipada con unos Michelin Anakee Wild, neumáticos que resultaron ser agradables tanto en asfalto como en pista. Tocaba probarlos en la arena, igual que la moto. El conjunto resultó ser de lo más excitante y prometedor. Nada más pasar las primeras lenguas de arena que encontraba por las pistas me di cuenta que, a pesar de los casi 250 kilos de moto, la máquina funcionaba realmente bien en ese terreno y me divertí desde el primer momento rodando por ella. El motor de la R 1250 GS es realmente impresionante. Este bóxer tiene unos bajos tremendos, y su nervio y rabia están siempre ahí para salir cuando lo decidamos. En arena, hasta en la tercera marcha, con un golpe de gas levantamos fácilmente el tren delantero. En cuanto se le pilla el truco la moto parece que baje de peso, y eso es realmente divertido y adictivo.

Llegó el momento de encarar las dunas del Erg Chebbi. Después de un par de días haciéndome con “La Máquina” por las dunas de delante de casa, en donde solía entrenar, y de divertirme muchísimo, decidí que al día siguiente atravesaría las dunas hasta el otro lado, en donde se encuentran algunos oasis. Lo pasé en grande. Por fin volvía a estar en medio del mar de dunas, contemplando el paisaje que quizás más sensaciones me aporta. Una vez alcancé el objetivo, decidí rodear las montañas de arena desde su lado occidental por el río seco hasta llegar a Merzouga. Notaba cierta tensión en mi cara. Me saqué el casco y me miré en uno de los retrovisores de “La Máquina”. Lucía una sonrisa de oreja a oreja. Estaba claro que padecía ‘sonrisitis’aguda, una enfermedad contagiosa, sobre todo si te subes a una BMW R 1250 GS y te vas de ‘duning’con ella.

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