200.000 KILÓMETROS CON MI BMW R 1200 GS ADVENTURE LC. RESPETO

Por McBauman
A principios de 2014 acababa de comprar una flamante BMW K 1600 GT que compartía garaje con una estupenda R 1200 GS Adventure de 2011, de las de doble árbol de levas, con sus 125.000 kilómetros. Pero un día quedé con mi amigo Charly, de los Sinewan de toda la vida, y apareció con una maravillosa R 1200 GS Adventure LC, que le había cedido BMW Motorrad España cuando todavía no había llegado a los concesionarios. Extraordinaria operación de marketing. Un mes más tarde, había vendido mis dos motos y arrancaba mi propia R 1200 GS Adventure LC.

Era difícil pensar entonces que, a día de hoy, ya superaría los 200.000 kilómetros, pero creo que, en el fondo, estaba convencido de que los haría.

La primera toma de contacto fue una Semana Santa por tierras gallegas y astures, con Marta, en busca de faros, marisco y otras viandas. Y supe entonces que había acertado con la moto, pues tenía todo lo que a mí me gusta pedir a una moto. Hacía todo mejor que la Adventure anterior. Aceleraba más, frenaba mejor, mejor suspensión, menos vibraciones, menor consumo, mucho mejor la iluminación… únicamente detalles menores como la pantalla o el sonido me parecían un poco peores. Fuera de lo que proponía el catálogo, me parecía que, con aquella moto, con esta moto, terminaría yendo más lejos, más cómodo y más seguro. Después de todo, de eso se trata.

Llegaba el verano y con él mi viaje largo anual. Este año se iba a hacer realidad mi sueño de llegar hasta Senegal en moto. El sur de Marruecos, la inmensidad del Sahara en Mauritania, la emocionante llegada al Lago Rosa, las hermosas pistas rojas al sur de Dakar, las risas con Marta en Marrakech… La corrupción de las fronteras, la erupción del ébola… Fue un viaje para enmarcar. La moto se portó extraordinariamente bien. Tenía dudas de que, al llevar neumáticos más anchos que la Adventure anterior, penalizara en las rutas off-road, pero no me preguntéis si es magia o no, la moto iba estupendamente. En buen asfalto, como si fuera una gran rutera; en asfalto roto, como la mejor trail; en pistas, como si pesara cien kilos menos y en la arena de la playa… ¡ejem!; en la arena de la playa y con las maletas, me hundía como he hecho siempre.

De ese viaje me traje el recuerdo de dos tormentas de arena que quedaron tatuadas en la moto. No me hizo mucha gracia entonces, pero sonrío cuando lo veo ahora.

Los BMW Motorrad Days de Formigal, unos cuantos paseos sin salir de España y terminamos el feliz año paseando por las hermosas calles de Lisboa.

La primera mitad de 2015 tampoco es que fuera para enmarcar. Un cafelito en Burdeos, unas raciones en Salamanca, una charla en ‘Grandes Viajeros’, un capítulo de ‘Caballos de Metal’, unas fotos en Pechón y algunos faros por ahí. Pero el plato fuerte del año llegó en agosto con el viaje hasta Azerbaiyán, pasando por los Alpes, costa Dálmata, el interior de Turquía, la buena gente de Georgia, la cultura pobre de Armenia, la singularidad de Bakú y Venecia con Marta, que voló hasta allí para regresar juntos sobre la moto.

De este viaje recuerdo que un día se me complicó la cosa por el Kurdistán. Fueron algo más de 200 kilómetros, entre montañas, con el asfalto más roto que haya visto en mi vida. La cosa se alargó durante varias horas. La Adventure, cargada a tope, seguía sin rechistar, sin mostrar el más mínimo atisbo de queja, como si de un caballo percherón se tratara.

Pero es que el día siguiente tocó hacer la autovía más motera que conozco, la que recorre la orilla turca del mar Negro. Y la moto por el asfalto, después de la zurra que nos habíamos metido las jornadas anteriores, iba fina, fina que daba gusto ir montado en ella. Como si fuera un purasangre.

Nuevamente, los BMW Motorrad Days de Formigal; el barro de las Bardenas Reales; la feria de motos de Milán y los nevadísimos Alpes y cerramos el año pensando en que el siguiente nos íbamos a cazar faros a la Bretaña francesa. ¡Qué rincón del mundo tan fotogénico!

Ya con los primeros 100.000 kilómetros recorridos, tomamos la salida en el puntApunta de la mano de Borealis Motorent. He de reconocer que, acostumbrado a viajar solo, me gustó mucho la experiencia de hacerlo rodeado de tantos cientos de motos. Apunto que tengo que volver.

Aquellos días solucionamos un problema con el bendix, cubierto en garantía y de paso cambiamos retenes y aceites de la suspensión y los discos de freno delanteros.

Unos días de “descanso” por el sur de Portugal, dieron paso al viaje anual, a Kenia, pero en esta ocasión, en vez de viajar con mi moto, lo hice con la BMW de Charly Sinewan. Todo lo que sucedió en Kenia, que no fue poco, lo dejamos para contarlo en otra ocasión.

Un año más, los BMW Motorrad Days de Formigal; la feria de Colonia con mi amigo Polo que volvía de su viaje de un par de años, y con el que pasé las semanas de Kenia, y una visita a nuestra costa mediterránea y nos plantamos en 2017.

Yo no sé cómo lo hice, pero la cosa es que lo hice. Que si una semana a Barrachina; que si otra a El Espinar; que si unos días en el norte de Portugal; que si Sanabria; Las Landas; Barcelona; Salamanca; Soria; Cádiz; Formigal o Burdeos. En junio gané el concurso de Rever que organizó BMW premiando a quien hiciera más kilómetros y cumpliera compartiendo algunas fotografías en las redes sociales. Ah, y por aquellas fechas hice dos Iron Butt, el Saddlesore, consistente en recorrer 1.600 kilómetros en 24 horas y el Bun Burner, que se trataba en hacer 2.500 kilómetros en 36 horas. Y poco más recuerdo de ese año en el que me hice Japón en otra moto que no era mía y que no cuenta para esta crónica.

Mecánicamente hubo algún problema, pasados los 150.000 kilómetros, que BMW solucionó con diligencia. Y a finales de año tocó cambiar algunos plásticos por una caída que me tuvo tres meses en el dique seco.

Empezamos 2018 viajando a La Patagonia en otra moto que no era mía, así que tampoco cuentan aquellos kilómetros. Pero fuimos a Zaragoza; a Cantalejo; a Léon también fuimos; a Tarragona; a Sanjenjo; Sabiñánigo; Colonia o Cheste sin ningún contratiempo que destacar. Y así, cuando me di cuenta, el odómetro ya había superado los 200.000 kilómetros.

Yo no voy a discutir con nadie si esta moto es la mejor o no. Seguro que las hay más ligeras, más potentes, más bonitas (¿más bonitas?), más baratas y más todo.

De lo que estoy seguro es de que esta moto, llevándome hasta donde me ha llevado y cómo me ha llevado, se ha ganado un ‘Respeto’.

Y eso, aunque no se vea en las fotos, es lo más importante.

Algunos datos de posible interés en 200.000 km:

2 pares de Michelín Anakee 3.
1 par de Metzeler Next.
1 juego de Continental TKC 80.
3 juegos de Continental Trail Attack 2.
7 juegos de Continental TKC 70.
1 juego de MotoZ Tractionator GPS, los actuales, que me encantan.
4 juegos de pastillas traseras y otros tantos delanteras.
1 par de discos delanteros.
Y todas esas cosas que le cambian a uno al hacer las revisiones.

Hablando de revisiones, todas hechas en Concesionarios Oficiales BMW, casi todas en Nordkapp, el ‘conce’ de Bilbao donde siempre nos tratan de maravilla.

Ah, todas menos una, que la pasé en Moto&Rider de Santander. Son las cosas de decidir un día cualquiera de agosto que me iba a Bakú. Gracias Marcos.

5 Respuestas para “200.000 KILÓMETROS CON MI BMW R 1200 GS ADVENTURE LC. RESPETO”

  • Javier Gómez dice:

    Felicidades por tu moto y tus viajes.

    Has sido muy escueto en tu relato. Para mí es cortito. Cortito como un pié de foto.

  • LULO dice:

    Otro gran relato del maestro Bauman.

    Abrazo Fer.

  • Andoni dice:

    Bonito relato que resume muy bien hasta dónde puede llevarte el caballo Percherón. Una pena no sea más largo y con más detalles pero como bien sabes mejor dejar con la miel en los labios. Un placer haber fotmado parte de algunos de esos kms rodando a tu lado. Felicidades Mc y a por otros 200mil llenos de aventuras.

    • McBauman dice:

      Andoni, no solamente has formado parte de unos cuantos kilómetros sino que has inmortalizado magistralmente unos cuantos.
      Entre las fotos seleccionadas, dos ejemplos 😉
      Gracias a ti por venir.

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