VIAJE A DAKAR. RUTA SUGERIDA (IV)

Por Miquel Silvestre
El problema del viaje a Dakar que hemos estado comentando en los artículos anteriores es que hay que volver por donde se ha venido porque por mucho que se ha intentado, no resulta sencillo, fácil ni barato repatriar la moto por barco.

El puerto de Dakar es un laberinto oscuro donde la burocracia africana disolverá tu tiempo y dinero. Hay empresas que organizan tours y que se encargan de repatriar tus motos en camión. Pero tendrás que pagarles por el tour completo y viajar con ellos, algo que no recomiendo salvo que seas especialmente timorato, porque un viaje organizado no es una aventura.

Por lo tanto, hay que planear el tiempo que lleva el viaje de ida y el de vuelta. Partiendo de Essaouira se suceden una serie de poblaciones costeras muy agradables. Agadir, Sidi Ifni, puerto de Tan Tan, Akphenir, Tarfaya… Buen pescado, hoteles baratos, gente amable. La línea costera antes de llegar a Tarfaya es una maravillosa sucesión de acantilados contra los que bate un océano azul y blanco. Imposible resistir la tentación de asomarse al vacío, de atreverse a sentir esa fatal atracción que ofrece el bello riesgo. El eco del Atlántico bravío resuena a mientras la carretera a veces recorre el borde mismo entre el ocre pedregoso y el sutil agujero sobre la nada marina.

Si comenzamos en Ceuta la primera etapa nos puede llevar a Marrakech. Son 641 kilómetros por autopista. Un viaje aburrido y largo. La ciudad, eso sí, ofrece muchísimos atractivos.

La segunda etapa puede llevarnos a Sidi Ifni, son 397 kilómetros. Desde Agadir a Sidi Ifni la carretera pasa por pequeñas aldeas de casas bajas y ropa tendida, niños y ancianos con chilaba. La ruta asciende unas colinas que verdean aquí y allá y de pronto aparece el resplandor azulado del mar a la derecha. Llegaremos con algo de tiempo para conocer lo que fue una ciudad española. Nos podemos alojar en la Belle Vue, donde sirven cerveza y se come bien.

Sidi Ifni es una localidad apacible al borde de un océano que se agita en espuma y olas para deleite de surfistas. La Antigua Plaza de España se llama hoy de Hassan II. Las calles están dedicadas a militares como el General Mola o el Suboficial Zabala. Los viejos edificios del pueblo español aparecen vacíos y descuidados.

Aquí libró España su última guerra. Entre noviembre de 1957 y julio de 1958, combatió contra el Ejército de Liberación Marroquí que desde la independencia en 1956 pugnaba por ampliar su territorio ocupando las posesiones españolas. España abandonó la provincia de Ifni por los Acuerdos de Angra de Cintra en 1958, pero mantuvo la población, convertida en un Fuerte Apache, hasta la cesión definitiva en 1969. Todavía hoy es una guerra que nunca existió. Pero los muertos españoles, unos trescientos, fueron de verdad.

La tercera etapa, ya dentro del desierto, pero con la carretera pegada a la costa, nos lleva a El Aiun, antigua capital del Sahara español. Son 530 kilómetros. Cuando pasemos Akphenir aparece el parque nacional de las lagunas de Nayla. Allí se encuentra un monumento desconocido que sólo se puede visitar contratando alguno de los pescadores que hacen recorridos por el estuario.

En el siglo XV, el conquistador Diego García de Herrero levantó un castillo en la costa africana, Santa Cruz de la Mar Pequeña. Hoy apenas quedan unas piedras semienterradas en la arena, pero es el recuerdo de la primera presencia española en el Sahara.

La cuarta etapa nos lleva a Dakhla, la antigua Villacisneros española. Son 533 kilómetros de recta carretera transahariana. La ruta se vuelve interminable. El horizonte se torna dorado bajo el sol del atardecer, se extiende en un mar de arena del color del oro viejo, un plano océano que se agita aquí y allá de olas, olas de silicio molido, son las dunas, esas colinas móviles que forma el viento que aquí ruge feroz y sin desmayo, ese viento que alza las polícromas velas de los kitesurfistas que surcan a toda velocidad la bahía de Dakhla.

Puedes evitar Dakhla si quieres ahorrar 60 kilómetros de ida y vuelta para recorrer la península acampando en el desierto, en un lugar apartado de la carretera. Es la mejor ocasión para hacerlo. También puedes dormir en Dakhla a la ida y acampar a la vuelta sin entrar en la península del Río de Oro.

La quinta etapa nos lleva a la última gasolinera del Sahara, donde está el famoso hotel de El Barbas. Son 373 kilómetros. Dormimos ahí para cruzar la frontera lo antes posible, o si cruzamos la frontera por la tarde, dormimos en Nuadibú, Mauritania.

La sexta etapa nos conduce a Nouakchott con el paso fronterizo de Mauritania, que lleva bastante tiempo, sal al amanecer para llegar pronto. Son 449 kilómetros en total.

La seguridad ha mejorado mucho en Mauritania desde la época de los secuestros de extranjeros allá por el 2008-2009. La carretera está trufada de controles militares. Solo quieren tus datos. Todo el recorrido puede hacerse en dos días y una noche si cruzas la frontera pronto por la mañana, puedes plantarte en Nouakchott por la tarde y al día siguiente salir hacia Senegal.

Mauritania es un país mucho más pobre que Marruecos y desde la ruta principal no tiene muchos atractivos salvo el infinito desierto. Antiguamente debía hacerse parte del camino por la playa cuando bajaba la marea y es una opción para los más aventureros, pero hoy hay una carretera bien asfaltada que atraviesa todo el país de norte a sur.

La séptima etapa nos lleva a la bella ciudad senegalesa de Saint Louis por la pista de Diama cruzando la frontera de Senegal. Son unos 300 kilómetros.

Para entrar en Senegal hay dos pasos fronterizos. Uno es el ferry de Rosso, una trampa de buscavidas y carteristas que te recomiendo evitar. El ferry tiene horarios imprecisos y mientras no llegue quedas a merced de la chusma fronteriza. La otra frontera es la de la pista de Diama que atraviesa el parque nacional mauritano de Dwaling.

La desviación de la ruta principal N2 se toma a la derecha viniendo desde Nouakchott en las coordenadas 16.789997 -16.098875. Este camino incluye una pista sin asfaltar de unos 60 kilómetros paralela al río Senegal. Es un trayecto divertido y bello, aunque no barato. Te sacan unos 10 euros por atravesar el parque, otros 10 por cruzar la presa, por el seguro senegalés y los policías te cobran 10 euros porque les da la gana, pero apenas hay buscavidas y entras en Senegal a solo 25 kilómetros asfaltados de la bella ciudad colonial de Saint Luis, el Nueva Orleans africano. Puedes dormir en el camping para overlanders Zebra Bar.

La octava etapa nos lleva a Dakar desde Saint Louis, son unos 260 kilómetros que se alargan a los 300 si queremos pasar por el Lago Rosa donde terminaba la carrera del rally París Dakar.

Novena etapa descanso en Dakar o salida de regreso. Repetimos el camino de vuelta.

Este itinerario básico es el 95% por asfalto y solo tendrás de tierra la pista de Diama y el camino al Zebra Bar o la visita al Lago Rosa. A partir de ahí, puedes complicarte el viaje todo lo que quieras si dispones de más tiempo.

Anécdota

En mi último viaje a Dakar iba con los cámaras de la serie Diario de un Nómada y con Manuel Pérez, el Alquimista. La mordida de los policías en la frontera senegalesa ascendía así a 40 euros. De modo que me propuse no pagar. Llamé a una abogada de Dakar que conocía de mis anteriores viajes, Marie Ba, y le expliqué la situación, completamente ilegal. Le pasé el teléfono a uno de los policías y ella lo puso firme. No tuve que pagar nada, pero el odio que había en su mirada fue tan intenso, que sentí miedo. Si aquellos tipos hubieran podido apalearme, lo habrían hecho. Pero no por los 40 euros que no iba a pagar, sino por haber puesto en riesgo el magro sobresueldo que se obtiene en esa frontera donde todos los extranjeros les pagan 10 euros por persona.

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