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AGUSTÍN OSTOS, “SOY TRIBU”, RETOMA SU VUELTA AL MUNDO CON LA NUEVA BMW F 850 GS

Por José Mª Alegre (Textos y fotos)
Agustín Ostos estuvo en España para asistir a los BMW Motorrad Days Sabiñánigo 2018, pero también para resolver el problema de su ‘Supernova’, que en Brasil dijo basta. El titular de “Soy Tribu” se vuelve a América con ‘Supersupernova’, su nueva BMW F 850 GS.

Antes de su regreso al continente americano, donde inició su vuelta al mundo el pasado año, un periplo que le llevará por todo el planeta y que, en principio, tendrá una duración de cuatro años, charlamos con Agustín Ostos de su viaje “relámpago” a España, de sus experiencias en su primer año por América del sur, de la nueva moto y de las sensaciones vividas en su debut en los BMW Motorrad Days Sabiñánigo 2018. 

Pregunta. Agustín, cuéntame el cambio de moto de Supernova a Supersupernova.

Respuesta. La Supersupernova responde a varias razones, querido José Mª (venia de este tipo simpático, extrovertido y natural que me place enormemente). La primera de ellas es la tranquilidad de mi madre en relación a la seguridad de mi persona, eso por un lado. Pero, aprovechando la coyuntura de que el motor de la Supernova se rompió, al abrirlo comprobaron que sesenta piezas estaban desgastadas y había que cambiarlas.

Supernova es una BMW F 650 GS Dakar con una antigüedad que supera los 17 años. Por ello, Agustín, al llegar a Madrid, invitado por BMW Motorrad España para su participación en los BMDSabiñánigo18, se entrevistó con Montxo González, Jefe de Ventas del Departamento de Motocicletas de Movilnorte, Concesionario Oficial BMW Motorrad que patrocina al viajero, para ver qué opciones había en relación a Supernova.

“En un primer lugar, pensamos en la opción idílica de arreglar la moto, pues Montxo estaba convencido de que reparándola la F 650 GS iba a quedar como nueva, pero empezamos a averiguar que llevar un motor a Brasil era un jaleo brutal y que no estaba del todo claro que me fuera a librar de pagar en la aduana los impuestos de importación por el 60% del valor original de ésa y otras piezas. Así que buscamos otra solución”.

Esa solución se llama BMW F 850 GS. Pero, al mismo tiempo, había que darle una salida a Supernova, pues Agustín no quiere dejarla abandonada en Brasil “después de toda la historia que tiene y todas las cosas que nos han pasado desde el inicio. Lo que vamos a hacer es traerla de vuelta a España, arreglarla, y donarla a KM Solidarity (entidad altruista que realiza caravanas en moto de recogida de alimentos para ONG’s, como ‘Mensajeros de la Paz’ del Padre Ángel), para que tenga una segunda vida dando alegría a otras personas”, explica.

P. Si con la anterior tenías pensado viajar alrededor del mundo durante cuatro años, con tu nueva BMW F 850 GS podrás estar el doble…

R. (Risas) ¡Con esta ya puedo llegar al infinito y más allá! (“No, yo no aguanto más de cuatro años”, exclama Montxo, presente en la entrevista, lo que provoca la carcajada de Agustín). Él no quiere -explica ‘Agus’- porque eso implica que le voy a seguir dando el coñazo todo ese tiempo y no sé si su paciencia lo podrá resistir. Desconozco cuánto estaré viajando -prosigue Ostos-. Inicialmente, tenía planeado cuatro años, pero al ritmo que estoy yendo es muy difícil hacer lo que pretendo en ese tiempo. Si simplemente quieres pasar con la moto por los sitios, está perfecto, pero si lo que pretendes es conocer a la gente, hacer vídeos, editarlos, trabajar…, es imposible que en cuatro años me dé tiempo.

P. Tu nueva Supersupernova apenas las has conducido, pero seguro que ya puedes hacer una valoración respecto a Supernova, ¿no?

R. Te contesto con un ejemplo muy ilustrativo: es como comparar una peonza con una Playstation 4. Es un juguete mucho más divertido. Las diferencias las notas en todo. Yo, a nivel técnico, no tengo ni idea, pero sí te diré que ahora, una vez probada Supersupernova, me doy cuenta del esfuerzo que he estado haciendo en este primer año de vuelta al mundo, porque realmente la otra requiere mucha más atención, mucho más esfuerzo físico y más incertidumbre respecto a qué va a pasar… Llegaré, no llegaré… Es verdad que eso le da un punto de aventura y de emoción, pero sólo las primeras veces, porque cuando te sucede en varias ocasiones y te das cuenta de que lo importante de tu camino es entrar lo menos posible al taller, pues ya no te lo tomas igual. Y, sobre todo, mi seguridad. Porque, poco antes de viajar a España, vi la muerte de cerca: la moto empezó a moverse en medio de una curva, saliéndome de ella con un coche viniendo de frente, esquivándome como pudo. Y seguridad es la sensación que me da, tanto la F 750 GS, con la que me fui a Croacia este verano, como la mía, que la he usado menos. Con Supersupernova, el margen de riesgo es mucho más bajo. Es verdad que la otra es mucho más épica, llama mucho la atención y genera mucha empatía. Voy a intentar dejar la F 850 GS como la Dakar, ya sea con plumas o con otra cosa (risas), para que sea un poco más tribal.

Para Ostos no es baladí el aspecto de su moto, pues resulta fundamental que al llegar a un lugar de escasos recursos no genere “una imagen de rechazo y la realidad es que una moto de gama alta como es ésta, tan llamativa, lo genera. Y Supernova me favorecía; todo el mundo decía: ‘Este tío tiene que ser un personaje para que esté yendo con semejante cacharro’. Pero lo que debe primar es la seguridad, porque si me pasa algo el proyecto se termina. A lo mejor esta moto ahora mismo no es épica, pero quizás dentro de tres años si, cuando tenga más historia”.

P. Va a hacer un año que iniciaste tu vuelta al mundo, ¿en qué ha cambiado el Agustín de entonces al de ahora?

R. Son muchas cosas, ya solamente mi forma de montarme y entender la moto es completamente distinta. Yo llegué aquí, a Movilnorte, estando muy verde y, ahora, desde el punto de vista motero, me he endurecido bastante. Mi experiencia entonces de viajar en moto era casi inexistente y ahora disfruto haciéndolo. Yo sabía que me iba a gustar, pero no sabía que me iba a gustar tanto. Me encanta; tanto, que cuatro años ya lo veo corto. ¿En qué he cambiado? He aprendido a prescindir de las inflexibilidades y a adaptarme completamente a lo que vaya viniendo, tanto en relaciones humanas como en fechas, no llegar a un sitio cuando lo había programado y aceptarlo. De alguna forma, es como volverte más consciente de tu presente. La vida que llevaba en Madrid me hacía pensar todo el rato en futuro y eso me sacaba de mi día a día. Creo que el haber estado un año sin un horario, más allá del que yo me impongo, que es un horario laboral, me ha servido para ser mucho más flexible absolutamente con todo y no juzgar. Prejuicios cero y cuando surge uno sin querer, me pongo el trabajo automático de quitármelo. Y esperas que los otros tampoco te juzguen a ti.

Pero el cambio en Agustín no ha obrado solamente en la percepción de las cosas; también “me ha repercutido muy positivamente en todas mis relaciones, con mis padres, con mis amigos. Creo que llega el mensaje de lo que estoy haciendo, noto que llega, y eso me motiva, motiva a los demás, inspira, y la inspiración al final es recíproca, va de ida y vuelta, y eso es la bomba, es la mayor recompensa, se me ponen los pelos de punta -asevera-. Y la gente me lo dice y eso hace que esté mucho más comprometido con lo que estoy haciendo y quiero seguir mejorando para hacerlo cada vez mejor e impulsar el viajar en moto. Yo he viajado de otras maneras, pero me he dado cuenta de que hacerlo en moto es único, sobre todo si lo haces en solitario. Comerte los marrones en solitario te hace de alguna manera mas fuerte, porque te da tablas para la vida, pero para cualquier cosa, para encarar una reunión con cinco personas discutiendo un patrocinio, por ejemplo. Y eso es una de las cosas que más he notado en mí que han cambiado”, afirma.

P. ¿Cuántos países llevas visitados?

R. Pues, dicho de primeras, parece que son pocos, pero si los miras en el mapa… Creo que he hecho unos cuatro o cinco viajes en lo que sería Europa. Han sido Chile, Argentina, Uruguay y Brasil, pero, repito, lo miras en el mapa y es prácticamente el 70% de Latinoamérica, a nivel de extensión. Chile tiene una longitud de seis mil kilómetros y me he hecho la mitad hacia abajo, que son tres mil, y luego dos mil más hasta Ushuaia y vuelta. Argentina es un país muy vasto y Uruguay es pequeñito, aunque pasé más tiempo en él porque quería conocerlo mejor. Brasil es todo lo contrario de Uruguay, te pones a echar kilómetros y parece que no avanzas en el mapa. Charly Sinewan me dijo que lo estaba haciendo bien, o sea, ‘vas lento y eso es sinónimo de que lo estás haciendo bien’. Porque una cosa es cruzar los países y otra muy diferente es vivirlos, disfrutarlos y sentir los lugares. Yo estoy muy contento con el ritmo que llevo. Ya he sumado 35.000 kilómetros y la mitad del tiempo he estado parado, editando. Si ése es el ritmo y sigo teniendo las experiencias que he tenido hasta ahora, quiero seguir con él; pero no cumplo los cuatro años de vuelta al mundo, habrá que ampliar. Pero este tipo de vida, de momento, me está gustando mucho”.

P. ¿Qué mejores recuerdos guardas hasta ahora en tu memoria?

R. Hay muchas categorías de recuerdos, pero te digo uno relacionado con la moto. Un día estaba en un camino de barro imposible en el Brasil tropical, con mi compañera croata que vino a visitarme durante tres semanas. Había llovido tanto que tuvimos que cruzar como unos treinta charcos, que por suerte el fondo era de tierra firme, pero al cruzarlo el agua me llegaba por la cintura. Empezó a anochecer y en un momento dado la moto comenzó a sonar muy mal, era como un rugido. Yo pensaba que había entrado agua en el motor, pero me dije que ya lo comprobaría cuando llegara al pueblo más próximo, que lo que quería era llegar. De repente, veo en el retrovisor una luz que nos empieza a perseguir; era una moto que venía por detrás. La situación no era nada halagüeña: metido en medio de Brasil, los prejuicios se te vienen a la cabeza y piensas en lo peor; además, estás con la chica que te gusta y no quieres que pase absolutamente nada. Así que empecé a darle al puño más y más fuerte, pero metí la rueda en una rodera y nos caímos. Y la luz que venía por detrás nos alcanzó. Entonces, estaba yo buscando el bote de gas pimienta, que lo tengo siempre en el bolsillo de la chaqueta (ríe) y, de repente, veo que se acerca un brasileño con un tubo en la mano, y yo, listo para el ataque, y lo que traía era mi tubo de escape, que se me había caído, y eso era lo que provocaba el ruido infernal de Supernova (más risas) y el pobre llevaba quince minutos persiguiéndonos para dármelo. Y no se fue sin acompañarnos hasta la puerta de una posada; habló con la mujer y le pidió que nos atendiera bien, ‘que han tenido una pequeña caída con la moto’, que no fue nada, y se fue. Eso es muy simbólico de lo que uno piensa, en lo malo que te puede pasar, cuando realmente lo que impera en la mayoría de la gente es buena voluntad y bondad. Ese recuerdo lo guardo con mucho cariño y se lo contaré, por el resto de mis días, a mis hijos, a mis nietos.

P. ¿Qué país te ha impresionado más?

R. Te respondo en dos partes. La carretera que más me ha impresionado para hacer en moto es la carretera austral chilena, que se inicia justo cuando el país se empieza a desmembrar, a la altura de Chiloé. Estuve horas y horas boquiabierto babeando y exclamando ‘¡Madre mía, qué bonito es el planeta Tierra!’ Hay que tener en cuenta que era mi primera experiencia off-road, encontrándome de repente allí haciendo lo que durante tantos años quería hacer, en un país que habla tu idioma, que es seguro… Ésa fue la experiencia que más me impresionó a nivel de conducción.

“La otra sorpresa fue cultural y me la lleve al conocer Brasil. Argentina es muy parecido a nosotros y a Italia; Uruguay es igual; Chile, quizás es más europeo, allí son más serios. Pero Brasil es un espectáculo y eso que todavía no lo conozco bien; es tan enorme, tiene tantas influencias nativas, pero también de fuera: de Portugal, de Alemania, de Italia, de Japón, la mayor colonia japonesa en el extranjero está en Brasil, en el estado de Sao Paulo, y en el norte, indígenas a tope. Brasil es música, cultura y, sobre todo, todo el mundo ayuda. En Latinoamérica, la gente ayuda en general, pero en Brasil especialmente. Que hay mucha violencia en las ciudades, por supuesto; que hay muchas desigualdades, también, pero Brasil es un lugar increíble para vivir, para viajar y visitar, andándose con cuidado. Sin embargo, en el campo, es todo lo contrario. Hice tres días de off road cerca de Santa Catarina y el peligro era cero. Resulta, además, que me equivoqué de camino y me metí por uno de tierra y es el que más he disfrutado, me tengo que perder más veces…”.

P. ¿Cómo te recibe la gente allá dónde vas?

R. Yo tengo la teoría de que provocas en los demás una reacción de primeras en función de en qué frecuencia estés vibrando tú. Y yo, por lo general, salvo que esté cabreado con la Supernova (ríe una vez más), voy con esta cara (que derrocha simpatía), siempre con buen rollo, perfil bajo, humilde, sin creerme nada y eso provoca un efecto instantáneo. La moto, además, entre la funda de borrego que lleva el asiento, que está pintada como medio artística y luego me ven a mí con estos pelos, pues les suelo caer bien de inmediato. Entonces, me reciben literalmente con los brazos abiertos. Mucha gente te invita a su casa a dormir en cuanto les cuentas un poco tu vida; otros te escriben por las RRSS ofreciendo su ayuda en lo que necesite cuando pases por sus ciudades o simplemente te quieren meter unas naranjas en la mochila para el camino, ¡pero que te las meten, eh! -exclama sonriendo-, o galletas, que me han dado un montón. La moto genera una empatía inmediata. Creo que no se imaginan la parte buena de ir en moto, pero sí la negativa, la de viajar lloviendo, tener un pinchazo, el hecho de ir solo, lejos de tu casa, ¡yo que sé! 

P. ¿Te sorprende que te siga tanta gente por las RRSS?

R. Sí y no. Al final, creo que cuando haces algo bien hecho, dedicándole una cantidad insana de horas, una parte de ti espera que eso suceda, la cuestión es cuándo. Me sorprende que haya sucedido tan pronto. No me gustaría que esto sonara muy pretencioso, pero sabía que iba a pasar. Por ejemplo, no me imaginaba que tuviera un vídeo en Facebook con 18 millones de reproducciones, porque eso no lo hace prácticamente nadie, no en el mundo de los viajeros, en general, ni los artistas, muy poca gente alcanza esto. Y me ha dejado boquiabierto. Sin querer, he dado con un formato que lo revienta y de la gente que ve las entrevistas, hay un porcentaje que le interesa el viaje en moto; ésa es la mayor de las recompensas. Entonces, ¿me sorprende que haya sucedido tan pronto? Sí, ¡pero ése es mi objetivo!

Un objetivo que, sin embargo, va más allá, porque el propósito de Agustín es más ambicioso todavía: “La mitad del proyecto es la experiencia que yo vivo y la otra mitad es transmitirlo para que otros se animen a hacerlo y tengan sus propias experiencias y les cambien de manera que el mundo mejore. Ojalá esto inspire a viajar, porque viajando la gente mejora como persona, ése es mi objetivo por detrás, entre bambalinas, que la gente viaje, porque al hacerlo cambian para mejor y, con ello, el mundo y también las personas con las que se rodean.

P. ¿Qué echas de menos?

R. (“El jamón, los amigos, las tapas…”, apostilla Montxo entre risas). Me lo he pasado tan bien -dice Agustín-, que este año he echado muy pocas cosas de menos. Puede sonar duro para el que me quiera y lo lea, pero es la realidad. Yo tenía muchas ganas de hacer esto, he estado plenamente conectado conmigo mismo y con mi propósito en la vida de tal manera, que no he echado cosas de menos. He podido echar de menos a mis colegas al ver una foto de ellos juntos y decir ‘cómo me habría gustado estar ahí tomándome una cerveza’. O ver una foto de mi hermana y mis padres viajando y exclamar lo mismo. Pero, durante este tiempo, he tenido la sensación de estar donde tenía que estar y creo que una de las cosas que me han cambiado ha sido la práctica del desapego. Los humanos estamos programados mentalmente para echar de menos constantemente las cosas a las que estamos acostumbrados y es un ejercicio el decir: ‘Eso que me encanta, que es estar con mi familia, con mis amigos, ir al teatro en Madrid, etcétera, no lo tengo, pero tengo estas otras cosas buenas que son tremendas también’. No me gusta echar de menos, porque me saca de mi sitio, me retrotrae a un lugar en el que no estoy. Además, necesitar aquello que no tienes puede ser una faena, sobre todo como te pille justo en un momento malo, porque si estás añorado de por sí, eso se magnifica de una forma brutal, ya que en lo primero que piensas es en tu gente. Yo, si puedo elegir, prefiero no echar de menos; suena duro y seco, pero me hago un favor a mí mismo”. 

P. Tu viaje a España obedece a tu presencia en los BMW Motorrad Days Sabiñánigo 2018, participación que ha significado tu debut en la fiesta de los riders, pues era la primera vez que acudías al evento, ¿qué te ha parecido la experiencia?

R. Flipé, literalmente, con que tanta gente conociera el proyecto y empatizara con él. Mi proyecto no es puro motero, porque también toca una parte espiritual, de crecimiento personal, de conocerse uno mismo, y me sorprendió muy gratamente que tanta gente me felicitara precisamente por cómo lo estaba haciendo. Creo que valoran positivamente la forma diferente que tengo de contar el viaje, dándole más énfasis a la parte humana con la moto como hilo conductor, pero no como única protagonista. Porque creo que aquí hay tres protagonistas: la moto, yo y lo que ocurre, la experiencia con las otras personas. 

Agustín quedó impresionado por el poder de convocatoria de su ponencia, abarrotando el Auditorium. “La verdad es que hablar ante 600 personas y ver sus caras, lo atentos que estaban, con un brillo en los ojos, en parte flipando de que alguien con tan poca experiencia y con un conocimiento prácticamente inexistente de mecánica hubiera podido sobrevivir a todo lo que he recorrido en este primer año, fue increíble. La carpa estaba a reventar, con gente de pie incluso”, recuerda el viajero. “La experiencia de los BMDSabiñánigo18 -prosigue- fue muy positiva. Porque en las RRSS lo que ves son números, ‘likes’, cifras de ‘compartidos’, de ‘comentarios’, pero en Sabiñánigo vi personas físicas escuchándome y eso es un subidón increíble. Yo, que estuve receloso de venir o no, porque me prometí no volver a España hasta acabar, y en BMW me dijeron que mi presencia sería muy beneficiosa para el proyecto, ahora que ha pasado, seguro que lo ha sido. Ahora tengo una motivación física, porque lo otro era motivación psicológica. Y lo he palpado, lo he tocado en toda esa gente que se acercó, me transmitió su empatía y preguntó, tomó fotos y demás. Es realmente la materialización de lo que estoy haciendo”.

P. Agustín, ¿te puedo preguntar si tu confesado enamoramiento va a cambiar tus planes?

R. Puedes, puedes. Otra cosa es que te responda -salta riendo-. Yo creo que todo el mundo que ha experimentado amor intenso, profundo y verdadero alguna vez en la vida, sabe que en esa situación no hay nada asegurado. Y fíjate que yo pensaba que lo tenía todo atado. Sin embargo, me puede cambiar los planes en cómo viajar, pero no en dejar de viajar. Es posible que ella se acabe sumando a una parte del viaje, pero yo no voy a dejar de viajar por estar enamorado ni por haberme echado novia, porque si no yo perdería mi sentido y me desconectaría. Puede cambiar, en el sentido de sumar, pero no de restar, no de parar. Ahora estoy parado por la moto y no hubiera vuelto de no ser por el evento de Sabiñánigo, no por estar enamorado; aunque, de no haber regresado por los BMW Motorrad Days, no me hubiera ennoviado.

“Ni te irías con la moto nueva”, le hago notar.

“Exacto”, recalca Agustín.

“Ves como todo pasa por algo”, afirmo repitiendo el eslogan que Ostos ha hecho famoso en sus vídeos, levantando carcajadas entre los presentes.

“Gracias a BMW porque al haber participado en los BMD me vuelvo con novia y con moto nueva”, proclama divertido Agustín, “Claro que, por viajar aquí, me voy a comer el inicio de la temporada de lluvias del Amazonas y los caminos de barro que me encontraré”, reflexiona sin mucho pesar el viajero, que retomará su periplo el 22 de este mes en Salvador de Bahía.

Suerte, Agustín.

Montxo González, Jefe de Ventas del Departamento de Motocicletas del Concesionario majariego

“MOVILNORTE APOYA A AGUSTÍN POR EL VALOR EMPRESARIAL Y TAMBIÉN HUMANO”

Movilnorte, Concesionario Oficial BMW Motorrad en Majadahonda (Madrid), ha apoyado al precursor de “Soy Tribu” desde el principio, primero con Supernova y ahora con Supersupernova, su sustituta. Para Montxo González, Jefe de Ventas del Departamento de Motocicletas del concesionario majariego, el respaldo de su empresa a Agustín significa “dar visibilidad a Movilnorte, tanto en la Comunidad de Madrid como en el resto de España y también fuera de nuestras fronteras, y eso siempre es positivo. Pero, además, está la parte personal, porque yo, que siempre he creído en el proyecto de Agustín, me veo un poco reflejado en él, pues también fui viajero, aunque no a su nivel, y su iniciativa me parece muy tentadora y a los responsables del Concesionario les encanta y no tan sólo por la parte empresarial sino también por la humana. Creo, además, que muchos de los riders que siguen a Agustín tienen ese mismo sentimiento, el de viajar con él para cumplir los deseos de realizar grandes rutas y experiencias por el mundo, aunque sea a través de una pantalla”.

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