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POR SUS HECHOS L@S CONOCERÁS

Por Elsi Rider
La conocí en una edición de Motauros, en Tordesillas. Me la presentaron y enseguida vi en ella una humildad que la hacía grande. Estaba segura de que dejaría su huella en este mundo de las dos ruedas.

Esta vez no escribiré de viajes. No hablaré de mí. Esta vez quiero expresar mi admiración por una valiente mujer de 21 años, Ana Carrasco. Como ella comentaba hasta hace bien poco, “nadie confiaba en que una chica pudiera ganar”. ¡Se equivocaban! Con constancia, esfuerzo y personas que sí creían que podía, no como mujer, sino como piloto, ha escrito un importante capítulo en el motociclismo.

Es por derecho propio, y nunca mejor usada esta palabra, puesto que estudia está carrera universitaria, con sus 21 años y una vida por delante, la primera campeona del mundo de motociclismo. La primera en ganar el título FIN en competición entre 40 pilotos. ¡Casi nada!

Recuerdo que en Motauros, evento al que estoy invitada para compartir mis aventuras y desventuras con mi BMW Lusi, y que, por cierto, y dicho sea de paso, es más que un evento de motos “rugiendo”, como dicen muchos. Es una familia y es convivencia, donde además curiosamente cientos de BMW’s comparten ese fin de semana en el que hay numerosas actividades, entre ellas, charlas sobre grandes viajes. Dicho esto, y siguiendo con lo anterior, Ana fue invitada por la organización para ser la madrina de Motauros 2017 junto a Julito Simón. Recibiendo en la gala, que se celebra posteriormente el premio de Campeones 2017. Se veía venir y esta buena gente de Motauros lo sabía y apostaron por ella, como hicieron otros que creyeron que una mujer sí podía ganar.

La dirección de Motauros la define como una “gran piloto que ha conseguido competir en el campeonato del mundo y además ser campeona”. Agradecidos por su cercanía con la gente que acude a este evento, destacan su proximidad con las personas en la excursión que se hace a Toro, su amabilidad en la sesión de fotos y paciente firma de autógrafos y, sobre todo, dando consejos a los más pequeños.

Subida a aquel escenario, su timidez era vencida por su sonrisa. Yo la observaba y me pareció -y ¡me alegra haber acertado!- que haría historia.

Esta vez no puedo, no debo y no quiero hablar de mí, sino de ella. Tuve la oportunidad de conocerla y con orgullo digo ¡Ana, eres un ejemplo a seguir!

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