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LAS MOTOS NO SON SÓLO PARA EL VERANO

 

Por Elsi Rider
El próximo septiembre, en Sabiñánigo, en los BMW Motorrad Days, quedará claro que para los que sentimos la pasión por las dos ruedas, las motos son para las cuatro estaciones del año, pues la moto, que nadie lo dude, “es una forma de vida”.

Aunque como todos los años en el evento habrá un montón de actividades, lo que más me gusta es “esa carpa”, la misma donde se unen tantos kilómetros, historias y vivencias de muchos raiders que aprovechamos esos días para encontrarnos y compartir cada “experiencia y cada aprendizaje”.

Todos volvemos más sabios tras un viaje en moto. Es algo especial, y creo que podría definirlo como “una película cuyo guion se va escribiendo en el camino”. Un guion que no sigue un plan, con esa sana locura cambiante del día a día intenso encima de nuestras motos.

Aunque algunos subamos a contar nuestros “guiones inacabados” y compartir viajes con el resto, entre el público asistente hay historias increíbles y es de agradecer que con tantas actividades que hay en este evento, saquen un poco de su tiempo para venir a escucharte, así, que, desde aquí, y por adelantado, ¡gracias raiders!

En mi caso, os contaré mi último viaje por Asía Central, con el objetivo de acercarme a la triste realidad del Aral, ese mar conocido ya como “mar perdido”. Para ello recorrí un montón países, con sus once fronteras y sus problemas en ellas, ¡qué los hubo!

En Azerbaiyán me retuvieron, en Uzbekistán se rompió la llanta de la moto, en Rusia me congelé y supongo que medio aprendí a rodar por el barro, y a caerme en él, que también me caí. Con ‘Pepe’, el trípode que me acompaña y da soporte a mi cámara de fotos, recogí momentos entrañables con las gentes que me iba cruzando, viendo paisajes inhóspitos y también de extrema belleza. Con las otras cámaras pequeñas de acción, “marca blanca”, que se fueron estropeando poco a poco, logré grabar alguna que otra cosilla. Reconozco, que cuando emprendo el camino, me olvido del resto. ¡A veces me acuerdo de colocar la pequeña cámara!, y unas la conecto y otras creo que sí, pero no; supongo que el viaje me envuelve tanto que me olvido del resto. Viajo para disfrutar, para vivir intensamente cada momento y que se quede registrado en “mi disco duro”. Aun así, de todo este excitante caos que me lleva a disfrutar del camino intensamente, alguna cosa he sacado de provecho y eso es lo que intentaré mostrar en Sabiñánigo, pero, sobre todo, intentaré contaros lo que ninguna cámara puede registrar, los sentimientos y emociones de cada kilómetro, con cada persona y en cada instante. La mejor cámara es el corazón motero que todo raider tenemos.

Os espero y espero no decepcionar con esta mi historia sobre un mar, el mar perdido que empezará tal y como aparece en el vídeo.

¡Nos vemos en Sabiñánigo!

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