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MOTONÓMADAS, CONSEJOS DE AVENTURA EN MOTO

Por Miquel Silvestre
Comienzo una nueva serie de artículos sobre aventura en moto que titularé MotoNómadas, como continuación literaria de la serie televisiva que realicé para la cadena Garage TV España (y que se pueden encontrar en mi canal de Youtube: /www.youtube.com/user/miquelsilvestre68) y en la que en diez episodios de una hora de duración explicaba aspectos prácticos del motociclismo de aventura que iban desde crónicas de viajes nacionales e internacionales a pruebas de material técnico y consejos de conducción fuera de carretera.

Hasta ahora estaba dando consejos para dar la vuelta al mundo en moto, pero en realidad la aventura en moto va mucho más allá de dar la vuelta al mundo, proyecto ambicioso y apasionante, pero que queda muy lejos de las posibilidades de la mayor parte de motociclistas. Como he recibido muchos comentarios en RRSS de lectores que me decían “sí, la vuelta al mundo estaría muy bien, pero yo nunca podré hacerlo. ¿No habría otros viajes de aventura más asequibles para los motoristas normales?

Por supuesto que los hay y de eso vamos a hablar en las próximas entregas porque en realidad la aventura es una emoción y no un hecho objetivo: es la sensación de estar viviendo una aventura lo que hace realidad la aventura y no ningún requisito material cuantificable. No depende de los kilómetros de distancia recorridos, ni de una lista de países, ni del tipo de carretera, sino de la sensación única, intransferible y personal que tengamos al viajar con nuestra moto. Se puede vivir una auténtica aventura viajando sólo por España y no tener ninguna sensación de aventura recorriendo Marruecos en un tour organizado.

Se trata de un sentimiento completamente subjetivo y así lo que para unos es aventura para otros no lo es en absoluto, y viceversa. Sin embargo, por mi propia experiencia sí hay una serie de países donde las circunstancias objetivas hacen que la mayor parte de personas sientan que están viviendo una aventura al viajar por ellos. Entre esas circunstancias podría mencionar el subdesarrollo económico, las deficientes infraestructuras viarias y lo arraigado de las costumbres culturales tradicionales. Para entendernos, cuánto más pobre es un país, peores son sus carreteras y más vigente esté su cultura propia, más intensa será la experiencia de viajar en moto por él. Para que todo el mundo lo entienda, aunque los paisajes puedan ser parecidos no es lo mismo recorrer la costa sur de España que la costa norte de Marruecos, como no es lo mismo viajar por México que hacerlo por Texas.

La cuestión a tratar en estos primeros artículos será pues identificar aquellos destinos cercanos que nos ofrezcan en mayor grado estas características peculiares que los hagan más atractivos para vivir una aventura en travesías que no superen el mes de viaje. Por mi experiencia creo que estos destinos de aventura cercanos pueden agruparse en cinco bloques geográficos: Norte de África hasta Senegal, Europa del este hasta Moscú. Europa del Este hasta Odessa y Balcanes hasta Estambul. En estas grandes áreas podemos realizar distintos viajes de intensa emoción aventurera tanto por lo peculiar y pintoresco de las culturas que conoceremos como por las dificultades objetivas de la ruta (fronteras, carreteras, policías…) que añadirán incertidumbre al recorrido; pero sobre todo estos viajes serán asequibles tanto por el tiempo que necesitaremos como por lo económico desde el punto de vista monetario.

En la próxima entrega examinaremos las distintas posibilidades que nos ofrece el norte de África para una aventura, que puede limitarse a Marruecos o englobar el Sahara, Mauritania y Senegal. ¿Por que quién no ha soñado con llegar a Dakar? Explicaré como este viaje es mucho más asequible de lo que a veces pensamos.

Anécdota

En Kotor, Montenegro, le pregunté a un tipo si siguiendo por la carretera de la costa había frontera abierta con Albania.

El tipo asintió.

—La hay. No tendrás problema. De hecho, es mejor camino.

Bueno, siendo así, pensé, iremos por donde nos recomiendan. Y al principio la cosa fue no sólo bien, sino muy bien. Recorrí, como también me sugirió, toda la orilla del lago de Kotor. Una maravilla geográfica.

Sin embargo, cuando se acabó la carretera de la costa, no hay paso fronterizo. Tuve que hacer un abrupto giro a la izquierda, meterme en el interior de Montenegro y dirigirme a un pueblo llamado Vladimir, desde donde arrancaría la carretera que me llevaría a Albania. Pronto el mejor camino posible se tornó una pesadilla sin asfaltar debido a las obras. El chico tenía razón cuando decía que era el mejor camino; sin duda lo sería, pero cuando acabaran las obras, allá por el 2025, a juzgar por la enorme longitud del tramo y los escasos operarios que vi. Escasos pero concienzudos, porque antes de ponerse a asfaltar de nuevo se habían esmerado en destruir todo el firme un centenar de kilómetros.

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