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‘IRON BUTT’ CON UNA BMW K 1600 GRAND AMERICA

Por McBauman
No era la primera vez que me iba a enfrentar a una prueba de resistencia de la Iron Butt Association, pero esta vez quería hacerlo de manera diferente, esta vez quería intentarlo con una máquina ‘devoramillas’, fina y cómoda. Mil millas para la Grand America de BMW, 1.600 centímetros cúbicos para 1.600 kilómetros; 24 horas para llegar desde Lisboa hasta Madrid.

Como yo no tengo una Grand America, fueron mis amigos de Nordkapp, el Concesionario BMW Motorrad en Bilbao, quienes me facilitaron un maravilloso ejemplar en Amarillo Austin metalizado, elegante a la par que indiscreta, porque pocos eran los que no se giraban al verla pasar. Después de todo, yo siempre he sabido que la mirada de sus focos hechiza a cualquiera.

Después de unas jornadas por tierras salmantinas primero y lusas después, para hacerme a la nueva postura, que me costó poco, llegó el día. El horario de salida lo iba a marcar el de llegada. Yo quería entregar la moto a las 12 del mediodía del día siguiente, en Madrid, por lo tanto, debía arrancar la 1.600 y hacer la primera verificación a las 12:00 (el ticket del repostaje de gasolina marca siempre la fecha, la hora y el lugar). Eso me permitió levantarme en Lisboa con mucha calma, pegarme un buen baño y desayunar con un lugareño, camionero, al que le gustaba mucho España y especialmente Sevilla:

-“Hacia allí voy”, le dije.

-“Pues menuda paliza”, contestó él.

-“Espera a que te cuente hacia dónde sigue el viaje…”.

Los primeros kilómetros quería hacerlos a buen ritmo, con intención de avanzar para poder ir distrayéndome según cayeran las horas. Y así lo hice, sin descanso, hasta llegar a Almendralejo, “ciudad del cava”, según rezan sus rotondas. Y es que todo el horizonte a su alrededor está repleto de vides y no almendros, como sucedía antiguamente. Cuestión de adaptarse a las oportunidades que brinda la tierra y que demanda el mercado, imagino.

Aprovechando el peculiar paisaje extremeño, enfilé rumbo a Sevilla por la carretera nacional. Una paradita para tomar un refrigerio junto a la espectacular plaza de España hispalense rodeado de calesas y a seguir la marcha, hacia San Pedro de Alcántara, donde me esperaba mi amigo Rufo.

Y está claro que ir de Sevilla hasta allí sin pasar por Ronda y por la carretera de Ronda, debe ser pecado, así que pasé.

Por esa maravillosa carretera me percaté de que con la Grand America se puede hacer un puerto de montaña en cualquier marcha íntegramente, sin cambiar en ningún momento (bueno, en primera no lo intenté). No conozco ninguna otra moto capaz de salir airosa de semejante ocurrencia.

Después de perderme por todas las calles que hay en San Pedro de Alcántara y de disfrutar de un rato de agradable conversación con Rufo, tocó volver a escuchar el canto de los 6 cilindros, esta vez rumbo a Nerja. He pasado muchas veces por esa carretera y siempre había dejado para otra ocasión el parar en la localidad que se hizo famosa por la serie televisiva ‘Verano Azul’. Pero esta vez, como tenía menos tiempo, había que hacer un alto. Aunque no sea más que una réplica, es emocionante ver La Dorada y recordar allí a Chanquete, Piraña, Desi y a todos los demás.

Y con un toque de nostalgia y a punto de anochecer, seguí bordeando la costa mediterránea.

No tenía muy claro si parar en algún hotel y dormir unas horas para luego madrugar mucho o si seguir y engañar al sueño parando de vez en cuando. La decisión no se debía retrasar en exceso dado que no es fácil encontrar hoteles con la recepción abierta bien entrada la noche. Pero la temperatura era tan buena y me encontraba tan descansado que decidí continuar.

Este año, en el norte, estamos teniendo un verano muy poco veraniego, así que circular toda la noche por encima de los 24 grados me pareció todo un privilegio. En esta tirada larga nocturna fue donde me parecieron ideales las plataformas de la Grand America. Cambiaba de postura totalmente para desentumecer los músculos sin tener que dejar las piernas colgando, que es lo que me toca hacer con mi Adventure. Así que fue una suerte disponer de ese detalle, al menos para rutas largas.

Después de darme una cabezadita en la terraza de una gasolinera, cuando me di cuenta, estaba viendo amanecer en la playa de El Saler, en Valencia. La idea era darme un baño, pero preferí irme a desayunar.

El tramo final, Valencia-Madrid, decidí hacerlo por la autovía, para asegurar que fuera a llegar a la hora. Y tanto fue así que vi que me sobraba tiempo, así que me desvié hasta Mejorada del Campo para admirar la catedral de Justo. Está claro que el ser humano es imprevisible.

Finalmente, 24 horas después, 1.694 kilómetros más tarde, llegaba a Madrid apadrinado por Pilar y Jose. Bonito final para una ruta sin igual.

Tocó despedirse de la Grand America, una moto que ha demostrado su fiabilidad, su potencia, su finura, sus lujosos detalles, su elegancia, su glamour, su estética sin igual… Y ya después de comer, cogí mi Adventure y volví a mi rutina volviendo hasta Santander haciendo ruta. Una pequeña propina.

A mucha gente le parece que 1.600 kilómetros son muchos en un día, a muchos les parece que 1.600 cc son muchos para una moto, que son muchos cilindros, que son pocas horas para descansar, que tiene mucha electrónica o que no da tiempo para ver nada…

A mí no me preguntes si está bien, no me preguntes si es una locura, si es una tontería, si es pecado o si es delito… Yo sólo sé que ha sido hermoso.

Ver datos del viaje en Rever en el perfíl de McBauman

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