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CLUB BMW TOURING DE ESPAÑA: VOLVER A VIZCAYA

En el recuerdo del Club estaba aquella salida por tierras vizcaínas en julio de 2006 y esa vaca asada en 2012, organizada por nuestro buen amigo José Gorostiza. Así que volver a Vizcaya, esta vez de la mano de Javier Ortiz de Zárate y de María Eugenia, era un acontecimiento esperado. Y una vez más un éxito de asistencia, con 43 motos inscritas que llenaban el cupo de habitaciones del Gran Hotel Durango.

Durango, al estar situado en el centro de Vizcaya, fue un acierto como base para la salida. Y la provincia del País Vasco nos recibió con un tiempo a su más puro estilo, un paréntesis en la primavera; fresco, nublado y húmedo, para que pudiéramos disfrutar de la esencia cromática de esas tierras. El Amboto, con sus 1.331 metros de altura, hacía su aparición mágica entre las nubes para llegar al hotel, antes de negociar las paellas encadenadas del puerto de Urkiola con sus pendientes de hasta el 14%.

El sábado nos esperaba una gran ruta de unos 170 kilómetros. Amanecía con fuertes lluvias, pero a primera hora de la mañana se quedaban en ‘txirimiris’ intermitentes que no impidieron disfrutar de la ruta.

Markina fue el primer destino para alcanzar la costa. La idea era recorrer la preciosa BI-3438 que discurre colgada sobre el mar, pero allí nos encontramos con un imprevisto. Justo a esa hora, pasaba un rally de coches, algo incompatible con el cruce de una caravana de casi dos kilómetros de motos. Pero nuestros anfitriones, buenos conocedores de la región, nos guiaron por una ruta alternativa que nos condujo a la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, precioso espacio natural de la comarca de Busturialdea en los bordes del río Oka, que nace en las laderas del monte Oiz. Allí disfrutamos de una vista preciosa mientras nos tomábamos un suculento aperitivo a base de unos auténticos ‘pintxos’ vascos, de esos que uno recuerda como de siempre: el de txangurro, el de tortilla, el de bacalao…

Continuamos nuestra ruta por la ría de Mundaka hasta llegar a Gernika, punto de parada para visitar la Casa de Juntas y su simbólico roble del juramento. Luego, seguir por la ría de Mundaka con paso por Bermeo, hasta llegar al mirador de la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, lugar de parada obligada para todo el que quiera llevarse grabado en su retina lo mejor de la costa vizcaína.

Descendiendo hasta Bakio, dejamos ya la costa para adentrarnos hacia el interior de Vizcaya, dirección Munguía, y finalmente Otxandío, donde nos aguardaba el plato fuerte. Nada más aparcar las motos en el típico caserío Korostondo, salía un olorcillo a asado que volvía locos a los jugos gástricos. Carne de verdad, carne a la brasa al punto que cada uno deseaba prepararla, carne sin límite hasta saciar el apetito. Ensalada para desengrasar y una cuajada de la casa, que merecería ser Patrimonio de la Humanidad.

Menos mal que Durango y el hotel estaban a pocos kilómetros, porque los frenos de las motos se quejaban de llevar un peso extra bajando las pronunciadas curvas y pendiente de Urkiola entre una espesa niebla que nos impidió contemplar la impresionante vista de su mirador. Pero, a cambio, experimentamos la más plena esencia de Vizcaya en climatología, colores y sabores, con una salida maravillosa gracias al esfuerzo de nuestros amigos y socios Javier y María Eugenia.

Por Juan Jordano

Fotos: Pepe Muñoz

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