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VIAJANDO MÁS POR MENOS. HACIENDO ETAPAS Y APARCANDO LA MOTO

Por Miquel Silvestre
En esta serie de reportajes estamos examinando las opciones que tenemos para hacer viajes internacionales en moto más largos de lo que en principio permiten nuestras vacaciones. Hay varias posibilidades para resolver el problema y en los últimos reportajes expliqué cómo enviar la moto por avión, así como el alquiler. En esta entrega vamos a examinar el sistema de hacer grandes viajes por etapas aparcando la moto al final de cada una de ellas.

Este sistema consiste en tener una moto aparcada en otro país a la espera de que un día tomemos un avión, la cojamos, hagamos un viaje, la aparquemos en otro país y regresemos a casa después de varios días de diversión. Nos ahorramos así el transporte o los largos y aburridos trayectos por autovía para acercarnos a nuestro destino y que sólo consumen tiempo y dinero. Este sistema me ha permitido hacer larguísimas travesías continentales de miles de kilómetros sin tener que abandonar ni la familia ni el trabajo. Así he cruzado varias veces Estados Unidos y Canadá, emprendido una vuelta al mundo a terminar en tres meses de tres años distintos o recorrido 14.000 kilómetros por Europa sólo en fines de semana.

Los inconvenientes son que tenemos que comprar una segunda moto (aunque el mercado de motos usadas nos ofrece máquinas sencillas, fiables y baratas) y localizar un lugar donde aparcarla, así como tener en cuenta la legislación de cada país para saber cuánto tiempo puede permanecer un vehículo extranjero o si podemos comprar legalmente una moto y circular con ella. En los próximos artículos examinaremos estos obstáculos y ofreceremos vías para superarlos.

Anécdota

Cuando realicé mi viaje europeo por etapas lo que más me preocupaba era la seguridad de la moto. La primera etapa terminaba en Zúrich y cuando aparqué la moto en el aeropuerto vi a otro motorista haciendo lo mismo con la suya. Mientras guardaba el casco y la chaqueta de cordura le pregunté si la moto estaría segura allí aparcada. El tipo me miró y me contestó: “Esto es Suiza”. Cuando regresé una semana más tarde, la moto estaba como la había dejado. Nunca me robaron nada en ningún aeropuerto europeo.

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