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RAFAEL CAMPOS Y MARI CARMEN GRAGERA, A SU VUELTA DEL ‘DESAFÍO SIBERIA’: “ESTUVIMOS A PUNTO DE MORIR”

Por José M Alegre
En agosto pasado publicamos el inicio del Desafío Siberia de Rafael Campos y Mari Carmen Gragera, pareja que reivindica el viajar con pareja con su BMW R 1200 GS Adventure. Cuatro meses después, con los riders ya en casa, nos cuentan su aventura con todo lujo de detalles y la emoción en la garganta al recordar lo sucedido.

Sentimientos a flor de piel que destapan un periplo tan azaroso que bien pudiera servir como guion para una película de aventuras en el que no faltarían frases como “luche por mantenerse vivo” por boca del cónsul General de España en Pekín a Rafael tras su enésimo percance. Pero no es ficción cinematográfica que “estuvimos a punto de morir”, revela Campos. No obstante, y a pesar de la dura experiencia, tienen perfectamente claro lo que quieren hacer en la vida: “Descubrir el mundo en moto”.

Nos situamos en Japón, inicio del ‘Desafío Siberia’, un 26 de agosto de 2017. Allí, Rafael y Mari Carmen se reencuentran con su BMW R 1200 GS Adventure que había viajado antes que ellos. Y son muchas las cosas que les sorprenden del país del Sol Naciente.

“Aunque Japón posee cuatro de las marcas de motos más poderosas del mundo, no es un país especialmente volcado con las dos ruedas. -cuenta Rafael-. En primer lugar, no puedes aparcar donde quieras, sólo en aparcamientos para las motos y es tan difícil encontrar uno como hallar una papelera en Tokio. Luego, las carreteras secundarias tienen semáforos a cada kilómetro, haciendo que un recorrido de 400 kilómetros se prolongue por encima de las doce horas. Si decides ir por las autopistas te encontrarás con peajes caros, además hay muchos tramos con un solo carril para cada sentido delimitados por barreras, lo que hace imposible adelantar. Pero no todo es malo en Japón, también disfrutamos de las curvas en la subida del Monte Fuji o en la isla de Shikoku, haciendo la Ruta de los 88 templos (el equivalente al Camino de Santiago). Japón es un país muy verde, lleno de bosques por todas partes. Nos contaron que muchos moteros de Corea del Sur van a Japón para poder correr un poco, pues en su país las autopistas están vetadas a las motos”.

Acabado el recorrido por el país del Sol Naciente, donde sumaron 2.500 kilómetros por tres de las cuatro islas, Rafael y Mari Carmen partieron rumbo a Rusia, embarcando la BMW en un ferry desde Sakaiminato a Vladivostok y ellos haciendo igual recorrido, pero en avión, con escala en Seúl. “Lo hicimos así porque nos quedamos sin plaza en el barco. Llegamos a Vladivostok el 11 de septiembre, al igual que la moto, pero no pudimos reanudar nuestro viaje hasta el día siguiente debido a los trámites aduaneros”, cuenta Rafael.

Y allí, en Vladivostok, ciudad portuaria rusa próxima a la frontera con China y Corea del Norte, la pareja de riders empezó la aventura de verdad. Salir de allí, en mitad de un tráfico caótico, con calles en pendiente llenas de arena, agua y con tapas de alcantarilla descubiertas, fue una odisea. Pero no fue más que el preludio de lo que nos esperaba, porque Siberia es de primera división, si hablamos de aventura. Imagina una carretera (la Transiberiana) de un carril por sentido, sin arcén, con apenas desvíos, donde no se respetan prioridades, ni stops, ni cedas el paso y no hay carriles de incorporación. Los vehículos se detienen y cambian de sentido a su antojo sin previo aviso, los camiones pinchan y los conductores se ponen a arreglarlo donde les pilla, sin señalizar, sin chalecos reflectantes, en curva, en cambio de rasante… Un lugar donde los vehículos circulan con los cristales tintados, sin luces por la noche, los camiones pierden su carga, estuvimos a punto de chocar con varias cajas de Coca Cola, y siguen adelante. Allí se pueden poner hasta tres vehículos a adelantar a la vez y no pasa nada, las personas van caminando por la carretera vestidas de camuflaje de día y de negro de noche. Con carreteras plagadas de obras, sin señalizar… Sin duda, la parte oriental de Rusia no es apta para gente timorata. Yo lo compararía más con un video juego, donde tu misión es no parar de esquivar”.

A pesar de “de las dificultades -prosigue Rafael-, la moto se portó estupendamente, siempre con buena respuesta, cómoda y estable ante las inclemencias, sencillamente imparable, y nos regaló estupendos momentos rodando entre los frondosos bosques siberianos teñidos de amarillo por la llegada del otoño, que ellos llaman la estación de oro”.

Pregunta. Fue en Ulán Bator donde tuvisteis el primer accidente, ¿qué pasó?

Respuesta. “A 40 kilómetros de la capital mongola, se nos hizo de noche debido a un problema con la batería y al tiempo que perdimos en el cruce de fronteras de ambos países. Allí los vehículos circulan de noche con las luces largas puestas, deslumbrándote constantemente. En una de esas ocasiones, tras el paso de un camión, se hizo la oscuridad e inmediatamente aparecieron las vacas sin darme tiempo a reaccionar. Conseguí esquivar la primera, pero choqué lateralmente con la segunda a unos 90 km/h, sacándonos de la carretera y yendo a parar a una zanja que delimita la vía. La moto quedó atascada en la zanja. Me levanté e intenté rescatar a Mari Carmen, pero me resultó imposible levantar la BMW. De repente, un montón de brazos se sumaron conmigo para levantarla. Sin saber cómo, estábamos rodeados por más de diez personas dispuestas a ayudarnos, poniendo la moto de pie con Mari Carmen todavía en ella. Con nosotros se quedó una familia que regresaba a la capital, gestionando la grúa y llevándonos a nosotros y nuestras cosas hasta Ulán Bator. También hablaron con el responsable del hostal donde íbamos a pernoctar y entre todos subimos el equipaje. Se portaron con nosotros con una humanidad y amabilidad increíble”.

P. ¿Cómo quedó la R 1200 GS Adventure?

R. “La moto quedó seriamente dañada, y fuera de combate en ese momento. Sin embargo, días después del accidente probé a arrancarla y funcionaba perfectamente. Me quedé impresionado de que diera señales de vida después de un golpe tan fuerte. La única parte seriamente dañada era el radiador, aunque parezca mentira, ni los neumáticos ni las llantas resultaron afectados. Tenía más bien daños estéticos”.

Sin embargo, los desperfectos de la moto fueron lo de menos, pues la pareja volvió a nacer, “pues, sí”, reconoce Rafael, saldándose el accidente con lesiones leves. “Por increíble que parezca -continúa- lo único que me llevé fue un golpe en mis partes, otro en la muñeca y un chichón en la cabeza, y Mari Carmen, un fuerte golpe en el hombro y en las costillas. Nada serio teniendo en cuenta lo ocurrido”.

A pesar de lo sucedido, ambos decidieron proseguir, pues la fuerza, la ilusión y la salud, que no había sido dañada seriamente, les impulsaba a terminar “nuestra ‘Vuelta al mundo en moto en pareja’-sigue contando Rafael-. Confiamos en el servicio de asistencia que teníamos contratado para que nos sacara de Mongolia y nos llevara al servicio BMW Motorrad más cercano en Novosibirsk (Rusia), allí repararíamos la moto y continuaríamos nuestra aventura. Sin embargo, tras 21 días de espera no nos dieron soluciones, y a Mari Carmen se le agotó el tiempo y no le quedó más remedio que volver a España. En cuanto a mí, decidí continuar la aventura en solitario para encontrarme posteriormente con ella”.

Rafael encontró la ayuda de un mecánico alemán, importador de motos BMW, que reparó como puedo el circuito de refrigeración, haciendo un inventario de las piezas rotas que solicitó al concesionario BMW Motorrad de Moscú. Finalmente, “con la moto operativa, aunque sin ningún tipo de protección contra el viento (la pantalla ‘desapareció’ en el accidente) y sin electrónica, me aventuré a cruzar la frontera oeste de Mongolia con Rusia, cruzando las montañas de Altai”, explica Rafael.

El 16 de octubre comenzó una nueva aventura para nuestro aguerrido rider, pero ahora en solitario. “Inicié mi viaje desde Ulán Bator hasta Altai y desde allí, saliendo por la frontera oeste, hasta Tsagaannuur. Escogí la ruta con más kilómetros de asfalto, pero, inevitablemente, me encontré con la grava y la arena del desierto del medio Gobi. Hasta allí todo fue bien, pero a partir de ahí empezaron los problemas. Tuve que enfrentarme a la inmensidad de las estepas mongolas, donde no hay un camino definido (la gente va campo a través por donde quiere), donde la brújula ni el GPS funcionan bien sin referencias en el horizonte; superar las continuas caídas por un terreno siempre cambiante, de grava a bancos de arena, pasando por el barro. Y todo ello con temperaturas que nunca superaron los 0º C, con fuertes vientos (tuve que atravesar varias tormentas de arena), y en lucha constante contra el reloj, ya que no tenía tienda de campaña para pasar la noche y por esos lares anochece a las 16:00 horas. Las caídas me ocasionaron también muchos contratiempos. Además, perdí una de las maletas en la que llevaba mi ropa, el aseo, agua y comida. Rompí la llave de la moto, incluso la de repuesto, pudiendo continuar gracias a llevar el sistema Keyless. Extravié la documentación de la BMW y me lesioné levemente en el pecho, hombro y cuello”.

Pero su principal enemigo fue “la soledad extrema. En una ocasión me caí con la moto en un banco de arena y no había manera de levantarla, intentándolo me hice daño en el hombro y fue totalmente imposible. Y allí estaba yo, sentado, derrotado, al lado de mi moto, pasando frío, hambre, sed, contemplando la inmensidad de Mongolia y preguntándome si algún día volvería a ver a Mari Carmen o a mi familia. Tanto tiempo pasó que llegué a saldar cuentas conmigo mismo, pues pensé en muchas cosas, la verdad”.

Rafael pidió ayuda a varios vehículos que pasaron a pocos cientos de metros de donde se encontraba, pero no le vieron. Dice el refranero que ‘Dios aprieta, pero no ahoga’, y el aforismo se cumplió. Dos horas después de encontrarse en situación tan precaria, “vino una furgoneta y unos mongoles me ayudaron a reanudar el viaje, no quiero ni pensar lo que hubiera pasado si no llegan a aparecer -apostilla Rafael-. Llegué a una paupérrima pensión con la moral hundida y destrozado físicamente. Había necesitado más de 14 horas para hacer cien kilómetros”.

Frustrado y apesadumbrado, con la moral por los suelos y el cuerpo dolorido en la soledad de una habitación, sin luz ni agua, con un frío terrible, sin apenas equipo (el que había perdido con la maleta) y sin la documentación de la BMW, que dificultaría sin duda la salida del país, Rafael necesitaba contarle a alguien como estaba. Alguien que le diera fuerzas y ánimo para continuar, y esa persona no era otra que Mari Carmen. “No me dejó que me rindiera, aunque eso, sin duda, hubiera sido lo más fácil. Me dijo: ‘Rafa, esta es tu aventura, con lo que siempre soñaste, llevábamos un año preparándonos para este viaje, así que haz lo que tengas que hacer, pero sal de ahí. Se que te has caído muchas veces y que estas dolorido, pero ¿qué es lo más importante de caerse? Levantarse. Por eso, descansa y mañana te vuelves a montar en la moto y sigues adelante. No te rindas, levántate, vive tu aventura, y reúnete conmigo en Europa, allí te espero, yo creo en ti’”. Palabras que obraron el milagro.

P. ¿Cómo saliste de Mongolia careciendo de la documentación de la moto?

R. “Cuando todo apuntaba a que la aventura terminaría en un sonoro fracaso, recibí una llamada del canciller del Consulado General de España en Pekín que me dijo que seguía nuestro ‘Desafío Siberia’ con mucho interés junto con otros compañeros de la delegación española y que estaba al tanto, por Mari Carmen y la cónsul Honoraria de España en Ulán Bator, de la pérdida de mi documentación. Como si de una película de acción se tratara, me dijo: ‘No se preocupe de la documentación de su moto, haremos todo lo posible para tenerla preparada antes de que cruce la frontera. Mientras llega ese momento, por favor, luche por mantenerse vivo y llegue tanto usted como su moto intactos a Olgii, es muy importante. Nosotros apostamos por usted, puede conseguirlo, desde aquí le mandamos mucha fuerza’. Me quedé sorprendido de que esta aventura trascendiera hasta la diplomacia española y tengo que decir que el trato que nos han dado ha sido excelente, diligente y profesional. Sin ellos realizar este viaje hubiera sido imposible”.

Tras Mongolia, vino Rusia, donde Rafael tampoco lo pasó nada bien. “Si en un principio el principal enemigo era la carretera y los conductores -explica el rider-, desde la frontera rusa hasta Novosibirsk el enemigo fue la climatología, con un frío de menos 10º C, niebla, viento, y las vacas, por supuesto. En una ocasión tuve que detener la marcha porque una se puso a amamantar a su cría en mitad de una curva cerrada. A pesar de todas las inclemencias pude disfrutar de la belleza de las montañas de Altai, una de las regiones más bonitas que he visto durante mi aventura”.

Las duras condiciones atmosféricas y los rumiantes no impidieron que Rafael consiguiera llegar a Novosibirks, pasando la revisión de su BMW en el Concesionario Oficial, “donde me trataron estupendamente e incluso me invitaron a cenar -afirma-, pero me encontré con los dos enemigos que más temía encontrar en la aventura: la nieve y el hielo, aderezados con vientos de más de 40 km/h. Tardé una hora en salir de la ciudad y cuando ya llevaba una buena marcha, el hielo y luego la nieve me dieron un buen susto, aunque pude controlar la moto y seguir. Un tercer sobresalto lo protagonizó un coche que se saltó un stop, escapando milagrosamente por el arcén. Después de salvar la vida por los pelos, me detuve en una gasolinera para calentarme y de paso reunir el suficiente coraje para continuar un viaje que estaba siendo una pesadilla. Fue allí donde me encontré con dos camioneros, los cuales, ante mi situación desesperada me ofrecieron su ayuda, trasladándome a mí y a mi moto hasta Moscú”.

P. Así, en la cabina de un camión, con dos rusos por compañeros y la moto en la caja, Rafael se hizo cuatro mil kilómetros. ¿Cómo fue la travesía?

R. “Excelente. Me trataron muy bien y siempre me ofrecían té y algo para comer, con ellos está claro que no pasaría hambre. También fueron mis improvisados traductores ante camareras y otros compañeros de ruta hacia la capital rusa. El viaje fue más cómodo de lo que me imaginaba, de hecho, dormí mejor que en muchos hoteles. El camión, que era moderno, pertenecía a una compañía de transportes bielorrusa. Y fue un viaje de cinco días muy entretenido, porque vi el límite entre Europa y Asia en Ekaterimburgo, crucé el río Volga, pasé por la ciudad natal de Chaikovski y vi el lugar donde se ideó y construyo los Sputnik 1 y 2. Hubo, incluso, tiempo para cargar el camión y llenarlo de coles hasta arriba. Fue una experiencia muy divertida, a pesar de la barrera idiomática. Cuando era pequeño siempre quise ser camionero, así que, de algún modo ‘Desafío Siberia 2017’ me brindó la oportunidad de serlo por unos días”.

Pero la tranquilidad no iba a durar mucho, y tras la calma, de nuevo la desgracia. El lugar, Brasov, en el centro de Rumanía. “Efectivamente, el 8 de noviembre, cuando ya había salido del infierno blanco ruso y estaba dentro de la UE con temperaturas frías pero soportables, un coche se me cruzó en mitad de la carretera, impactando contra él, arrastrándome sesenta metros y estrellándome contra el muro de una fábrica de productos lácteos. Me asistieron los trabajadores de la factoría y numerosos testigos del accidente, incluyendo la persona con la que choqué”.

P. De nuevo volviste a salvar la vida…

R. “Pues sí, para sorpresa de los médicos y de todo el personal del hospital, salí de allí en menos de 24 horas, sin ningún hueso roto, con una fisura en una costilla y el golpe en la cabeza que me ha dejado con una amnesia temporal. A pesar de lo aparatoso del accidente, nunca perdí el conocimiento”.

P. Tienes tantas vidas como un gato, le pregunto aplicando el dicho popular intentando quitar hierro a sus desgracias que, siendo numerosas y a cual peor, no fueron sido irreparables, afortunadamente.

R. En este viaje he coqueteado muchas veces con la muerte, más de las que puedo contar, y en todas he salido airoso, espero tener, todavía, alguna intacta”.

En Brasov acabaron las ilusiones de Rafael, porque la moto, que sigue allí a la espera de repatriarla a España, quedó “totalmente destrozada y no sé si saldrá de esta”, se lamenta Campos.

P. De este viaje tan accidentado, con experiencias tan traumáticas como las vividas, ¿qué lectura haces?

R. “Saco una visión muy optimista del ser humano. A pesar de todas las cosas malas que me han pasado he encontrado siempre a mucha gente anónima dispuesta a ayudarme desinteresadamente. He aprendido a relativizar esos problemas que te atenazan en la vida cotidiana y a los que damos tanta importancia, por ejemplo, cuando ves a unos niños peleándose por los restos de una lata de atún te das cuenta de lo que realmente importa. Esta aventura me ha servido para explorar mis límites físicos y mentales, más allá del frío, del hambre, del miedo, de las lesiones, de las pérdidas, de los problemas, e incluso de la razón, supongo que esa es la magia de perseguir un sueño que nadie ve excepto tú. Regreso de este viaje un poco más sabio, teniendo perfectamente claro lo que quiero hacer en la vida: descubrir el mundo en moto”.

P. ¿Y Mari Carmen?, le pregunto ahora a ella.

R. “En esta aventura he vuelto a confirmar que España es un país muy querido allende nuestras fronteras, más de lo que creemos. He aprendido a valorar las cosas pequeñas y que en realidad hace falta muy poco para ser feliz. Aunque Rafa y yo hemos viajado solos, en realidad no lo estábamos, porque hemos tenido a un montón de gente siguiéndonos y animándonos a través de las redes sociales. Me ha sorprendido enormemente el apoyo que hemos tenido de distintos continentes y lo que ha trascendido esta aventura en pareja. Y por supuesto, que lo más importante, por encima de todo es la vida, sólo tenemos una y tenemos que disfrutar cada día de este regalo”.

P. ¿De dónde sacaste el valor para superar las dificultades?

“Casi nadie me ha preguntado esto, supongo que mis fuerzas las saque del deseo de completar esta aventura a cualquier precio, el afán de superación de uno mismo ante las dificultades me llevó a donde nunca creí que fuera capaz. Durante los interminables kilómetros por la estepa mongola y las frías planicies de Siberia siempre resonaba en mi mente el lema que tengo en mi moto: ‘Prohibido rendirse. Respira hondo y sigue’”, proclama Rafael.

P. ¿Seguiréis adelante con ‘La vuelta al mundo con pareja’?

R. Tras todo lo ocurrido lo hemos hablado y el año que viene terminaremos nuestra aventura en moto por el mundo, comenzando desde Brasov, al menos es nuestra intención. Esperemos que para entonces la BMW esté reparada, ya que el tipo con el que choqué no tenía seguro”.

P. Este viaje en moto con Mari Carmen, ¿ha fortalecido vuestra relación?

R. “Para nosotros un viaje de este tipo pone a prueba la solidez de cualquier pareja, por la tensión acumulada de estar 24 horas juntos todos los días, casi como un Gran Hermano. Nosotros nos hemos peleado en muchas ocasiones por tonterías sin importancia. Sin embargo, cuando la vida está en juego te olvidas por completo de todas esas pequeñas rencillas y ves claramente lo que realmente importa de verdad. Este viaje, a pesar de todas las dificultades y malos momentos que hemos pasado, nos ha unido mucho más y nos ha enriquecido como personas y como pareja. Queremos seguir haciendo proyectos juntos”.

P. Tras este viaje tan complicado, tan lleno de incidentes y sucesos, muchos de ellos salvados por la campana, ¿qué consejo daríais a los riders que se aventuren a viajar por los países que habéis transitado?

R. “Hay que estar física y mentalmente preparados para una dura aventura, pues los que vayan se encontrarán con muchos problemas e inconvenientes que tendrán que resolver sobre la marcha. Les aconsejamos que hagan un curso de off-road para conocer mejor su moto, nosotros los hicimos con los chicos de Roadventure en el Enduro Park BMW Motorrad de Aras de los Olmos (www.roadventure.es). Y hay que ser positivo y tener claro tu objetivo: Nunca desistas de un sueño ya que no hay nada imposible si realmente crees en ello. Yo les recomiendo (cuenta Mari Carmen) tener una persona de contacto en España para que, en caso de problemas, poder actuar. Hay que tener los teléfonos de embajadas, seguros y asistencia en carretera y llevar siempre la documentación escaneada previamente. Es importante llevar un programa de las etapas que se van a realizar (no más de 400 kilómetros) y echar siempre un vistazo a la previsión meteorológica. En Rusia y Mongolia es muy peligroso conducir de noche y aunque nosotros intentamos respetar esa regla, muchas veces se nos hizo de noche, por eso es imprescindible viajar con tienda de campaña. Por último, citar que, aunque con cierta dosis de prudencia, hay que dejarse ayudar por la gente, puede que el idioma sea un problema, pero las buenas intenciones son universales, y hay mucha gente con buen corazón dispuesta a prestar su ayuda”.

P. ¿Cuáles han sido vuestros mejores momentos en moto?

R. Para Mari Carmen, “uno de los momentos más bonitos fue ir con nuestra moto en mitad de un bosque en Siberia con todos los arboles de un amarillo dorado en sus hojas, realmente precioso. Y todo al lado del impresionante lago Baikal, el lago profundo del mundo”. Para Rafael, “llegar en moto y subir al monte Fuji (3.776 metros), pasar la noche cerca de la cima, bajar al día siguiente y hacer 400 kilómetros en moto hasta Kyoto, y aunque fue una verdadera paliza, tengo muy buenos recuerdos. Dicen que si subes el monte Fuji una vez será capaz de todo, pero si lo subes dos veces eres tonto. Sin duda, al llegar arriba ese dicho local cobró todo su significado”.

Rafael recuerda también con agrado cuando “circuló con la moto por Tokio de noche, que fue como rememorar la película ‘Akira’, realmente increíble como una ciudad de 36 millones de personas guarda ese orden y civismo. Fue muy interesante callejear por Moscú o San Petersburgo, que contrastaba con la inhóspita Mongolia. También fue excitante llegar a la isla de Oljon, en el lago Baikal en ferry, o los 35 kilómetros de trail hasta Khuzhir, que fueron duros pero divertidos, recordándome por unos instantes Islandia”.

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