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LOS PEQUEÑOS PLACERES DE LA VIDA

Por Carlos Permuy
A veces, nos abstraemos pensando en viajes por todos los confines de Europa o del mundo y no nos damos cuenta de los pequeños placeres de los que disponemos a la vuelta de la esquina. Uno de ellos es la salida semanal con la moto. Al tener varias aficiones, mis fines de semana están divididos en salidas en moto (los sábados por la mañana) y la fotografía (los domingos por la mañana), respectivamente.

He de reconocer que jamás he sido muy gregario, siempre me ha gustado ir lo que se dice ‘a mi bola’ y no sólo no me importa salir en moto solo, sino que a veces lo disfruto sobremanera. Obviamente, también disfruto de una salida con amigos, pero ahí ya me vuelvo más exigente. En primer lugar, debemos tener un ritmo similar, pues no me gusta ni ir por encima de mis posibilidades ni tan lento que me aburra, ya que considero que es tan peligroso una cosa como otra. Además, como mucho dos o tres motos y no más. Si son sólo dos, mejor, y si es sólo una, todavía mejor. Seré raro, pero no disfruto cuando somos más en un grupo.

Pues bien, es ‘mi pequeño placer’ el levantarme no muy temprano el sábado por la mañana, coger la moto y pasar por la gasolinera de costumbre. Si me encuentro a alguien conocido, perfecto, si no, me voy yo solo sin problemas. Una carreterita de curvas hasta un bar en plena costa y tomar un desayuno allí, con tranquilidad, la moto aparcada al lado y mirando al mar. Para mí, es uno de los ‘mayores pequeños placeres’ que existen.

Además, siempre suelen aparecer amigos moteros ya que dicho bar es muy conocido entre los motoristas de nuestra zona. A veces salgo solo y acabo con alguien más o si salgo con algún amigo se nos une alguien para acabar la ruta. Creo que la variable de no saber con quién me voy a encontrar y, por tanto, conversar mientras desayuno o acabar la ruta del día, me parece de lo más interesante.

Después de desayunar, otra ruta intentando enlazar todas las carreteras de curvas que puedo hasta que paro a tomar un refresco en un pueblo. Después, ruta a casa para llegar a la hora de comer o a veces, y si la compañía es buena, quedarnos a comer por la zona y volver por la tarde a casa después de una jornada de moto.

Otra ‘pequeño gran placer’ que me da la moto es la tranquilidad. Mi día a día es bastante frenético: el móvil siempre sonando, cientos de emails a contestar, presupuestos, problemas… lo típico del que tiene una pequeña empresa, no os voy a venir a descubrir nada de nuevo a estas alturas. Pero todo eso no pasa en moto. No llevo ni siquiera GPS o intercomunicador en mis salidas ‘mañaneras’. Simplemente el silencio y el ronroneo del motor… y mis pensamientos.

Por ello os digo que está bien el tener la cabeza en el viaje de vuestra vida o en el del próximo viaje, pero, lo más importante, es no permitir que ello nos prive de los pequeños placeres en moto de los que disfrutamos cada semana porque, a la larga, sólo nos quedarán estos cuando ya no tengamos el cuerpo para trotes de veintitantos mil kilómetros por viaje.

Así pues, salid en moto por vuestra zona y disfrutad simplemente de montar en ella por carreteras conocidas, donde la única preocupación es pensar qué vais a desayunar ese día.

Hasta el mes que viene.

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