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POR TIERRAS DE CASTILLA LA VIEJA CON LA R 80 G/S

Por Willy Sloe Gin
Cómo no empezar esta crónica sin recordar la moto recién aparcada. No hace ni quince días. Aquella fue con la que di la vuelta a España buscando ciudades reconocidas y otras no tanto… BMW R nineT Urban G/S.

Nieta o hija, sin duda de la que ahora tengo entre manos.

Estéticas idénticas, admiradas de igual manera y como no puede ser de otra forma, absolutamente distintas.

Un gran amigo mío, luego de leer el anterior artículo, me propuso la idea de completar aquel viaje yendo a donde quisiera, pero esta vez con la R 80 G/S. Acepté inmediatamente.

Así que me presenté al día siguiente en su garaje para llevarme semejante maravilla y acto seguido, decidir mi destino. Qué lugares de España recorrer juntos.

Asunto inicial, mágico en cualquier viaje. Primeros momentos que te hacen imaginar mil cosas y que, las más de las veces, tanto sueño se queda corto.

Decidí, que, si la moto se acercaba a lo clásico, qué mejor destino que los campos y tierras de Castilla la Vieja.

Región ancestral y primera, abarrotada de historia y de mil carreteras solitarias. Caminos para ser andados por y con esta moto.

La primera sensación, confieso que no fue placentera. Es esta moto dura, alta y rebelde ante primeras citas. Pero acaba enamorándote.

Carente de la historia de las tierras a las que nos dirigimos, tampoco anda ella escasa de leyendas, de aventuras y de cuentos más recientes.

Al poco de llevarla, el desasosiego inicial se convierte en un absoluto placer.

Como decían aquellos marinos del XVIII hablando de sus bergantines y goletas: “Es preciosa de líneas, cortante y dura la vela. Siempre que se la sepa gobernar…”. Pues, lo mismo.

Motor bóxer refrigerado por aire (lógicamente), que en esta montura da bandazos transversales que enamoran a cualquiera.

Bóxer llamado en ocasiones ‘cabeza hueca’. Sí, cabeza hueca y genio inmenso.

Si algo tienen las carreteras de Castilla, es la soledad en la que están inmersas. Que lo mismo te adentras en un bosque ciego que te enfrentas a prados infinitos, pintados en colores que aún sin haberlos imaginado, son ya tuyos por tenerlos enfrente.

Ha acompañado la estación del año, sin duda. Será que la combinación de la moto y las innumerables alfombras de hojas, de mil tonos, se clavan en la retina y son imposibles de desprenderlas del alma.

He pretendido en esta ocasión disfrutar de las soledades de estos campos. Alejado lo más posible de ciudades y de distorsiones propias de aglomeraciones no queridas. Acercarme lo más posible a la mínima o máxima aventura.

Para intentar comprender qué llevó a algunos a adentrarse en el desierto con esta moto allá por los ochenta. Bien distinta es ahora la cosa.

Abuela y nieta, madre o hija. Andan unidas por tanto… La admiración que despiertan, quizá.

Se acercan a ellas, las miran, se pasman, las tocan como si fueran a desaparecer, se hacen mil retratos a sus veras, se sientan sin permiso (no importa), y acabada la faena se marchan sin hablarme.

Son ellas las protagonistas. No importa. Ya me he hecho a la idea…

BMW R 80 G/S (Gelände/Strabe)

Primera moto de gran cilindrada perfectamente apta para carretera y campo.

Moto aventurera por antonomasia.

Bóxer derivado de aquel R 80/7, pionera también en el uso del ‘monolever’ y del ‘paralever’.

Mi reconocimiento a Hubert Auriol y Gaston Rahier. Ganadores del Rally París Dakar con esta moto. Ganadores cuando esta carrera rezumaba romanticismo.

Mi agradecimiento a Fando y a VK por permitirme compartir viaje con esta joya.

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