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ACCIDENTES

Por Miquel Silvestre
Siempre hay una pregunta que se repite cada vez que doy una entrevista. “Cuándo ha sido el momento de mayor peligro”. El periodista está esperando oír un trepidante relato de bandidos o terroristas de la que el héroe sale ileso y victorioso por su coraje o astucia.

La realidad es mucho más prosaica. Mi vida ha estado en peligro muchas veces, pero no por imaginarios villanos sino por el muy real riesgo del tráfico. Bicicletas, peatones y motos somos estorbos que sortear a toda velocidad.

A ese riesgo cierto se añade la casi total carencia de asistencia sanitaria y medios hospitalarios. Si tenemos un accidente grave en África, Asia o Sudamérica la ambulancia tardará mucho tiempo en llegar, si es que llega, el traslado hasta el hospital será largo y cuando lleguemos encontraremos instalaciones espartanas sin apenas fármacos.

Mis recomendaciones son: prudencia, prudencia y prudencia. Ni aunque contrates el mejor seguro de viaje obtendrás asistencia inmediata. Antes tendrás que llegar a un centro hospitalario por tus propios medios. La mayor parte de los seguros son de retorno de gastos una vez presentes las facturas, pero muy pocos se harán cargo de una repatriación que no gestiones tú mismo. Por eso, ojo con los seguros, muchos excluyen en la letra pequeña los accidentes en vehículos a motor y no pocos intentarán escurrir el bulto.

La prudencia y una conducción defensiva son normas básicas. Yo nunca paso de 90 kilómetros por hora cuando viajo con maletas y ruedas de tacos fuera de Europa. Hay que anticiparse a los obstáculos. Y para los que bajan en grupo a Marruecos a hacer pistas: Jamás debemos picarnos en el desierto. Un accidente en África supone una situación muy grave que no solo fastidiará nuestras vacaciones y las de quienes nos acompañen, sino que nos puede costar la vida o perder un miembro.

Anécdota

He sido testigo de accidentes en moto, míos y ajenos. Mientras no sea imprescindible operar uno puede intentar resolver la situación en el país, pero cuando se hace necesaria la cirugía es vital regresar a España lo antes posible, porque una vez que se abre un miembro ya no se sabe como cerrará. Un largo postoperatorio y una infección son pesadillas de terror en un país extraño y sin medios.

Durante mi última aventura para hacer Diario de un Nómada, uno de los miembros de mi equipo que viajaba en moto, Morrison, se salió de la carretera a 30 kilómetros de Samarkanda y se fracturó la tibia. Cuando por fin conseguimos llegar al hospital regional querían operarle inmediatamente para colocar clavos. Mi amigo estaba confuso, entonces le dije: “Yo te saco de aquí, pero tú tienes que soportar el dolor”. Asintió. No iba a ser fácil. Desde Samarkanda no hay vuelos internacionales y la capital de Uzbekistán, Tashkent, está a más de 300 kilómetros.

Debía llevarle hasta allí, así que compré billetes de avión y una silla de ruedas, convencí a los médicos para que expidieran un certificado permitiéndole volar, utilicé diversos medios de transporte y le acompañé hasta la sala de embarque del aeropuerto. Tomó un avión rumbo a Estambul y allí otro con destino Madrid. 48 horas después del accidente, Morrison estaba ingresando en urgencias de un hospital español. Hoy se está recuperando satisfactoriamente y ya sueña con volver a viajar en moto.

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