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SCOTT CAMPBELL, EL TATUADOR QUE ENCUENTRA SU INSPIRACIÓN CONDUCIENDO SU BMW R NINET SCRAMBLER

“Tatuar a alguien supone reaccionar ante él, escuchando su historia, traduciéndola y encontrando los dibujos perfectos para él”. Palabra de Scott Campbell, uno de los tatuadores más reputados del mundo, y que tiene en su cartera de clientes a personajes de la talla de Sting, Orlando Bloom o Penélope Cruz.

La de tatuador es una de las profesiones más complicadas del mundo. Pero no por el acto de dibujar sobre la piel en sí, que también, sino por tener la capacidad de inspirarse hasta tal punto de representar las historias de la gente en un dibujo. Campbell es una eminencia en ello, y generalmente encuentra su camino a lomos de la BMW R nineT Scrambler. Moto y tatuajes, dos mundos que muchas veces van de la mano.

En la escuela, Scott ya daba rienda suelta a su buen hacer artístico, aunque no de la mejor forma. Era famoso en el colegio por grabar calaveras en las mesas, además de por diseñar logos y emblemas sobre las chaquetas de sus compañeros. Tampoco había mucho más que hacer a una hora y media de New Orleans, donde creció. De hecho, Campbell reconoce pasar su infancia montando en motos destartaladas y disparando pistolas de aire.

Ni mucho menos Scott Campbell pensaba a esa edad que acabaría siendo tatuador de personajes famosos. Pero así es y en la actualidad la lista de espera para que este artista te tatúe es de años. Y todo porque desde siempre ha sabido que dibujar era una de las pocas cosas que se le daban bien, perfeccionándose hasta donde pocos han logrado hacerlo. A pesar de ello, empezó a estudiar bioquímica en la universidad de Texas, pero lo acabó dejando. Fue entonces cuando decidió dedicarse en cuerpo y alma al mundo del tatuaje, a pesar de que solamente había realizado siete hasta entonces.

Armado con las fotografías de sus primeros ‘body paintings’, Campbell se presentó en una pequeña tienda de tatuajes en San Francisco. “Les dije que había tatuado durante años, pero que había perdido mi portfolio con el equipaje en el avión”. Solamente contaba con sus siete fotografías para demostrar su talento. A pesar de que no le creyeron -eso afirma Scott-, sintieron que las ganas que tenía eran suficientes como para darle una oportunidad. Esta llegó de la forma más curiosa, practicando durante la noche con todos los borrachos que llegaban a la tienda dispuestos a tatuarse. “Así es como aprendí el ABC del tatuaje”, afirma Campbell.

Curiosa es también la historia de cómo llegó el primer tatuaje al cuerpo de Scott. Con 15 años, 20 dólares en el bolsillo y un carnet de identidad falsificado, se presentó en la tienda Dragon Mike and Tagger John’s a ver qué se podía hacer con ese dinero. La elección estaba entre una calavera y una mariposa, ganando lo primero. Quería realmente ese tatuaje, ¡aunque para su madre fuese como una pesadilla!

En cuanto a las motos, Scott reconoce que son “parte de mi vida. Tuve la primera con 11 años. Era mi llave hacia el mundo, porque era la primera vez que podía moverme más rápido de lo que me dejaban mis piernas”. Tan importante han sido las motos y los tatuajes para nuestro protagonista que hasta su esposa salió de ese mundo. Ella trabajaba en un show televisivo donde los actores llevaban tatuajes de mentira, un encargo perfecto para Scott, que se presentaba allí regularmente montado en moto. “Ella me preguntó sobre mi casco”, y así empezó todo. “He estado metido en clubes moteros toda mi vida, y he tatuado emblemas a la gente. Cuando estoy sobre la moto, me gusta estar solo. Me sirve para pensar”.

A día de hoy, por suerte, los tatuajes son una realidad socialmente aceptada. De hecho, muchos de los clientes de Scott los llevan por motivos puramente estéticos. No obstante, es vital captar la idea para luego plasmarla como se debe. Es arte. Puro arte.

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