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CLUB BMW TOURING DE ESPAÑA: CRÓNICA SALIDA A ZAMORA

Trataremos en esta breve misiva de resumir lo acaecido en tierras zamoranas y lusas durante los días 26, 27 y 28 de mayo, lo que llamamos ‘Salida a Zamora’.

Los más madrugadores nos fuimos concentrando durante la mañana del viernes en el Hotel Convento I de Coreses, en Zamora, que iba a ser nuestra posada. A las 13:30, hora de salida, emprendimos la marcha por el itinerario programado, 42 personas a lomos de 18 motos y dos coches. Atravesamos Zamora, y a medida que íbamos dejando atrás pueblos como La Hiniesta, Carbajales de Alba o Gállegos del Rio, entrabamos en la comarca de Aliste, donde ya se nota el contraste entre la arquitectura tradicional y la moderna. La agricultura y la ganadería precarias, casi de subsistencia. Esquivamos Bercianos, pero, no lo olvidamos, lo vamos a apuntar en nuestro cuaderno de ‘Pueblos y cosas para ver’, es interesante presenciar su Semana Santa viviente.

Llegamos a Rabanales, aparcamos frente al restaurante, donde poco más tarde nos servirían la comida. El grupo, se partió por culpa de la lluvia, que, en ese momento, empezó a caer. Una parte se atrincheró detrás de la barra del bar. La otra, se aventuró a conocer los restos del ‘Templo Fálico’, ¡restos! Lo que vimos, por el tamaño, no era un resto, era el lote entero. Se trataba de una talla en piedra de un falo, símbolo romano de la fecundidad, situada al lado de la puerta de la iglesia, centro de peregrinación en su día para aquellas personas que tenían dificultades para concebir. En la misma plaza, junto a la entrada del ayuntamiento, se encuentra el busto en piedra del emperador romano Cesar Augusto y una placa que da fe de la permanencia en la zona de las legiones romanas, formando la ciudad de Curunda Caesarea. Ese punto era un cruce de vías comerciales que necesitaban control.

Fuimos a comer al restaurante, donde nos esperaban el resto de los compañeros. Entramos en el refectorio, engalanado como para ceremonias. Esa gente sabe distinguir a los comensales que tienen prestancia. Pero no sólo son los adornos, sino también las viandas, exquisitas. Los platos regresaban a la cocina limpios.

Seguimos con el programa. De nuevo en la carretera, fuimos por Alcañices, capital de la comarca de Aliste. En Ceadea, giramos a la derecha, cruzamos Moveros (os sonará, su cerámica, es famosa, empleando aún procedimientos de elaboración ancestrales, de origen griego. Subimos un altozano y en lontananza, Portugal.

El road líder llevaba el mapa en la cabeza, jugando con los tiempos. A la hora fijada, estábamos en la central eléctrica de Miranda do Douro. Aquí, el grupo aumentó con unos diez compañeros que no quisieron perderse la visita.

Tres técnicos de la central se encargaron de darnos las explicaciones pertinentes a ‘pie de obra’, explicándonos para que servían las máquinas y dispositivos que veíamos en el momento. Bajamos a una profundidad equiparable a la de 22 pisos, haciéndolo en grupos de diez.

El tercer turno, se quedó bloqueado (se miraban unos a otros buscando algún ‘peso pesado’, que abundan en el grupo, como causa de la detención, pero, en ese momento, no se encontraba ninguno) por culpa de un fallo fue del ascensor. Solo fue un susto.

A la hora y media subimos a la superficie en un montacargas de cremallera. Nos dejó en el lugar desde donde parten las torres para la distribución de la energía. Desde allí hasta las motos, caminando. Le entregamos a los técnicos, en señal de agradecimiento, una placa para el ingeniero jefe de Producción, que nos consiguió la visita. El acto, estuvo deslucido, en vez de ir cada uno hacía su moto, no hubiera estado mal agruparse y tener un acto de reconocimiento, mediante un aplauso a los tres encargados de hacernos interesante y amena la visita.

Nos pusimos en marcha en dirección al hotel, haciéndolo por una carretera preámbulo de la ruta que haríamos al día siguiente. A la llegada al hotel, encontramos al resto de compañeros, que habían viajado desde distintos puntos de la geografía española. Completando el grupo, éramos 82 personas.

Con el tiempo justo para prepararnos para la cata de vino” que estaba programada, bajamos al salón. No hubiera hecho falta tanta prisa. Según la dirección del hotel, la enóloga que iba a dirigir la cata había tenido un accidente en Portugal, pero “mañana estará en disposición de hacerla”, nos dijo.

Cenamos en el salón ‘Verbo Divino’, el lugar hace honor al nombre, pues, donde quiera que mires, te topas con la figura de algún santo. Esto no nos privó de cenar opíparamente como los antiguos ocupantes de este cenobio, ‘como curas’.

Las copas, en el ‘Puf Egipcio’. Cuando fuimos acusando el cansancio, nos retiramos a nuestros aposentos. Como ya es común, había que madrugar.

Día 27, 7:30 horas, diana, aseo y desayuno. A las ocho cuarenta y cinco estábamos en disposición de salida.

El road líder distribuyó los chalecos para asegurar la buena marcha y seguridad del grupo. Salimos hacia Zamora, la cruzamos, y al llegar a la zona antigua, donde están los monumentos más representativos, Ayuntamiento viejo, Palacio de los Condes de Alba y Aliste, Viriato. etc, etc, el ritmo se ralentizó a fin de que tomáramos conciencia de lo que veíamos. Llegamos a la catedral, aparcamos en el lugar más adecuado para la foto, donde más destaca el cimborrio.

Ya estaban esperando María y Rocío, las guías que iban a dirigir la visita. Primero, fuimos al mirador del Troncoso, desde donde se aprecian unas vistas estupendas sobre el Duero, El puente de piedra, las aceñas de Cabañales, etc. De regreso hacia la catedral, apreciamos la casa del Cid, la Puerta del Obispo, el castillo, la Puerta de la Traición, por donde huyó Vellido Dolfos (asesino de Sancho II) perseguido por el Cid. Preguntareis, “¿a que viene esto?” Pues esto viene porque de allí nace la frase, “Zamora no se gana en una hora”. Sancho II, que quería unificar el reino, envió a negociar la entrega de la plaza, en poder de su hermana Doña Urraca, al Cid, con la amenaza de que, si no la entrega voluntariamente, asaltarían la ciudad, pensando que iban a ser dos días. Urraca, consciente de lo bien custodiada que estaba la plaza, le dijo, “Zamora no se gana en una hora”. Efectivamente, el asedio duró siete meses y terminó con el asesinato de Sancho II.

De allí, fuimos al Museo Catedralicio, contemplando, entre otras cosas, la mejor colección de tapices de Europa, la custodia de plata, etc.

Entramos en la catedral, las explicaciones se centraron básicamente en la cúpula, el retablo mayor, las rejas que cierran la capilla, etc. También quedó tiempo para la anécdota. Así, al pasar por la sillería, la guía nos preguntó: ¿Qué veis en la talla inferior de la primera silla? ¿Qué era?, pues la escena de una lavativa, tallada en la madera. En fin, que supieron mantener la atención del grupo en todo momento. La foto de rigor y a la frugal colación. Lo justito para llegar hasta la hora de comer.

Empezamos la ruta, alternamos rectas con curvas de mucho radio con otras más técnicas y aún otras más retorcidas. Cruzamos tres presas y un embalse. Atravesamos Sayago, donde se nota tal vez más, el contraste entre lo antiguo y lo moderno. Terminamos en Miranda do Douro, ganando algo de tiempo a pesar de la dificultad del trazado, con muchos cruces y pueblos. Pero el buen hacer del road y sus ayudantes, nos acercó al horario previsto.

A las 13:45, llegamos al restaurante Sao Pedro. En el comedor, nos juntamos con otros dos grupos, tan numerosos o más que el nuestro. Parecía imposible que, en hora y media, pudiéramos comer, según había afirmado Casimiro (el metre). Pero éste, aleccionó a su equipo y a las 15:30 nos levantamos de las mesas. Media hora después, estábamos embarcando para realizar el crucero por los Arribes del Duero.

Todos a bordo, la guía nos advirtió de que debíamos guardar silencio para no soliviantar a la fauna. No hubiera hecho falta tanta disciplina, en ese momento la cigüeña negra y el águila real estaban ausentes. Nos fue contando peculiaridades de la zona, la profundidad del cañón, etc. Esto a la ida. La vuelta fue libre, sin armar barullo, salimos a cubierta, unos a proa, otros a popa. La velocidad, no te despeinaba, pero la brisa te refrescaba.

Ya en tierra, con una copita de Oporto, contemplamos las habilidades de la fauna de la zona, hábilmente domadas por los monitores que dirigían los ejercicios.

Regresamos al hotel, pero aún había algo que contar. Cruzamos el Duero por el Puente de Requejo, un poco contemporáneo a la Torre Eiffel, y construido también por el sistema de remaches, (aquí no hay soldaduras). El momento requería una instantánea y alguien detuvo el grupo, se llenó el puente de motos, sacaron unas fotos, y otra vez en marcha.

Llegamos al hotel, con más tiempo para prepararnos que el día anterior, para la cena de gala. Después de la cena, el sorteo. Como suele ocurrir, satisfacción en los agraciados y decepción en los menos afortunados. Terminó el acto con la entrega del testigo al próximo anfitrión Don Antonio Mompel, que sin duda tratará de mejorar lo expuesto (la gloria es efímera).

Nos ‘copeamos’ en el ‘Puf Egipcio’ y bailamos en la medida que podíamos, unas más que otros.

Día 28, diana, aseo, desayuno contundente, pues ‘vete a saber dónde será la comida’ y la diáspora, cada uno con un rumbo distinto.

Buen viaje a todos.

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