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SENSACIONES BÓXER

Por Gustavo Cuervo
Durante los últimos 45 días he tenido el placer de rodar con cuatro BMW bóxer diferentes: BMW R 1200 R, BMW R 1200 GS Rallye, BMW R 90 S y BMW R 1200 RT. Mas de 9.000 km por las carreteras de España, Francia y Portugal.

Muchas horas de moto por puertos de montaña me llevaron a pensar en el carácter de este motor bicilíndrico de personalidad legendaria. Tres de las motos utilizadas están impulsadas por el moderno motor refrigerado por agua, aire y aceite. La clásica R 90 S con 40 años de historia, esta movida por un bóxer muy especial. De 900 c.c embrague en seco, platinos y cardan sin amortiguaciones.

El bóxer ha sido no sólo la marca visual de toda la vida de BMW. Con estos motores conquistaron su fama, su prestigio y su leyenda y precisamente para mí una de las motos más decisivas de la marca fue precisamente la R 90 S. Los dos modelos, primero la Silver Smoke, con sus mandos de la serie 5, y la Daytona Orange, con sus mandos modernos, fueron junto con la mítica BMW R 80 GS los pilares sobre los que Alemania impuso su sello en el mundo de la motocicleta. Un sello bóxer.

Mi primera moto BMW bóxer fue una R 75/5 con la que viaje por media Europa ajustando cada tarde sus frenos de tambor para que fueran capaces de detener, más o menos, el conjunto de pareja y maletas de viaje. Le sucedió mi moto más querida BMW R 90 S Daytona. Escocia, Cabo Norte, Alpes, Yugoslavia, la Europa más allá del Telón de Acero, Marruecos, Argelia Túnez, y hasta Egipto.

Cada año, antes del gran viaje de verano, la desmontaba casi por completo sólo para repasarla ajustarla y dejarla lista para cualquier ruta intercontinental. Tenía alma. Sus tripas las conocía bien. Ella me enseñó a ser dulce conduciendo, pensando en cómo funcionaba cada una de sus piezas. Los platinos, los carburadores, las cadenas de distribución, válvulas…

Me enseñó a ser dulce pero también su carácter, entonces deportivo, incluso durante retransmisiones televisivas de vueltas ciclistas en los años 80.

Las modernas RT, GS Rallye y R-1200 –R todas tienen su propio carácter. La 1200 GS Rallye es como una chica de 20 años. Locuela, con ganas de aventuras del tipo que sean. Pizpireta y divertida. Curiosamente es la más fácil de llevar, a pesar de sus vibrantes tacos en carretera. Transmite mucha confianza, pero tacos siempre son tacos, lo que también se nota y mucho a mejor cuando sales ‘de lo negro’. Su estrecha cintura y agilidad en todo terreno te enamoran de su estilo. Una moto para todo capaz de transportarte a tu mejor juventud en cualquier rincón del mundo.

La R 1200 R es como una chica de 30 años. Con ganas de pasárselo bien y disfrutar de sus formas en plenitud y su creciente seguridad. La horquilla invertida, sin telelever, su rueda delantera de 17 y su menor peso la convierten en la más divertida y sport en curvas. Te provoca, te incita a entrar cada vez un poco mejor en esa curva que conoces y también en la que desconoces. Su moderno cuadro de relojes digital con tres tipos de pantalla y su aspecto con ‘todos los hierros’ al aire hablan de su desinhibición.

La RT es como una chica de 40. Experta y segura, sofisticada. Una moto cómoda con todo tipo de ‘gadgets’ para que te entretengas cuando vayas por rectas, todo tipo de modos de conducción y la mayor capacidad de carga. Una motocicleta con la que irte a recorrer Europa entera. Una chica de 40 joven y bella con la que se hace fácil compartir la vida.

La BMW R 90 S, vaya por delante, es la más bella de las cuatro. Lo digo sin pasión, sin contar que he tocado todas y cada una de sus piezas. Sin la emoción de decenas de miles de kilómetros que recorrimos juntos. Sin el respeto que se debe a una amiga con la que compartí mi juventud.

Es la más bella y la que mejor va. No sólo le perdono sus ‘pequeños defectillos’, como los frenos que apenas te detienen, las vibraciones que te llenan el cuerpo a cualquier régimen, y vuelven locos a los espejos, sus estrechos neumáticos ni su antigua mecánica. Todo son ventajas en la chica que aprecias. No aguanta comparación con sus sucesoras. Ellas son infinitamente más seguras, estables, frenan, se tienen, aceleran… sigo. La 90 S no hace esas cosas. Con ella no hace falta ir rápido para sentir emociones. El ritmo de viaje toma otra dimensión. Es como una mujer de 50 en buena forma, segura con el poso de la experiencia y la jovialidad de sentir aún toda la vida por delante.

El bóxer bicilíndrico, ese motor tan característico que nació hace noventa años y renace cada ciertas décadas es, con el conjunto montado a su alrededor, cualquiera que sea la configuración (Trail, carretera, heritage) muy fácil de llevar. Nada más placentero que enlazar puertos de montaña sin frenar. Dejándose balancear por el noble impulso del bóxer y su retención previa a la entrada en curva. Suave, dulce bailando sin tocar los frenos. Cuando llevas así tu bóxer te sientes bien, estas dentro de tu zona de confort como piloto. Todo es fluido, fácil, tu bóxer te lleva.

Por los puertos de La Palombera, Estacas de Trueba o el Portillo de la Sia con la R 90 S enlazando curvas así, sin frenar, usando el cambio y sintiendo sus bruscas reacciones ‘cardánicas’, pensaba que en el carácter de estos motores está la clave de su éxito. Muy tranquilo y a bajas vueltas o arriba, empujando con furia, el bóxer ha sido y es el elegido por millones de motociclistas de todo el planeta durante décadas. Sus polifacéticos ‘envoltorios’, R, RS, RT, GS, Adv, Rallye, HP, satisfacen los deseos de apasionados motociclistas de todos los estilos. A todos les viene bien este motor legendario.

Gracias por existir.

Una respuesta para “SENSACIONES BÓXER”

  • FLORENCE dice:

    ¡ Fantástico artículo ! Si Flaubert viviera, su pluma podría haber redactado un escrito tan hermoso.
    ¡ Gracias Gustavo !
    Florence

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