Advantec

EL VALLE DE LOS CIRIOS

Por Charly Sinewan
Antonio es el gerente del hotel Baja Cactus, el establecimiento más antiguo del Rosario (Baja California, México) y que es propiedad de su familia desde hace varias generaciones. Las instalaciones han sido remodeladas recientemente y son, con diferencia, la mejor opción en este pequeño pueblo, parada obligatoria antes o después de atravesar el desierto.

Hacia el sur hay cuatrocientos kilómetros en los que no hay electricidad ni cobertura telefónica. Si tienes un accidente en el que corre peligro tu vida, ésta pasa a depender de la suerte y de terceros. De alguien que tenga un teléfono satélite, de algún otro coche que corra en busca de ayuda o de un camionero que avise por radio a otro y empiece así una cadena hasta que el aviso llegue a la civilización. Cuando aparezcan los servicios de emergencias, probablemente serán voluntarios.

Antonio me invita a desayunar. Avanzamos en su coche por la calle principal de El Rosario, que no es otra que la propia Nacional I a su paso por el pueblo. A ambos lados se suceden negocios de todo tipo, sin simetría alguna. Tiendas de neumáticos, algún supermercado o pequeños restaurantes ofertan sus productos y servicios a la gente local del pueblo y a los viajeros que pasan por esta vía principal.

Tres tacos de carne de res por cabeza y un refresco nos dan para charlar distendidamente. Como decía antes, a partir de aquí y durante muchos kilómetros no voy a encontrar casi poblaciones, ni electricidad, ni gasolineras ni señal de teléfono. Hasta hace unos años tampoco había servicios de emergencias y la gravedad de los accidentes se multiplicaba por el largo tiempo que suponía una evacuación.

Antonio lidera un grupo de voluntarios que decidieron unirse para dar cobertura a este tramo de carretera que une la Baja California norte con la sur y por el que pasan cientos de mexicanos y turistas cada día. Hoy son 20 personas las que se han formado en diferentes tipos de emergencias y que, con varios vehículos donados por algunas organizaciones, dan cobertura a esta área olvidada por el Gobierno. Su financiación, principalmente, es a través de pequeñas ayudas privadas. Su único lucro, salvar vidas.

Me despido de Antonio esperando no tener que verle más. Si me pasa algo en los próximos días, probablemente sea él quien venga a rescatarme. Voy a recorrer cien kilómetros por asfalto hasta un pueblo llamado Cataviña, donde repostaré gasolina y compraré todo lo necesario para estar dos o tres días completamente aislado porque pienso salirme del asfalto y recorrer este desierto por pista.

De los muchos lugares por los que he rodado en todos estos años, éste es sin duda uno de los más singulares. Se trata del Valle de los Cirios, un paisaje endémico de la Baja California y donde crecen unos cactus gigantes que se han convertido en la imagen más representativa de estas tierras.

El Valle de los Cirios fue declarada Área de Protección de Flora y Fauna en 1980 y es, desde entonces, la segunda mayor área protegida en México. Verse en moto dentro de este bosque de enormes cactus, es una sensación muy única.

La pista nos lleva sin muchas complicaciones hasta el Pacífico, donde comenzaremos a costear hasta que nos volvamos a encontrar con el asfalto. Aunque eso será mañana, hoy toca buscar un lugar seguro en el que acampar.

Espero que os guste el vídeo. Gracias por acompañarme

Una respuesta para “EL VALLE DE LOS CIRIOS”

Deja tu comentario

Invita a tus amigos

Invita a tus amigos

Invita a tus amigos