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AL FINAL, VIAJAR ES LO QUE NOS UNE

Por Sonia Barbosa
En un mundo tergiversado por la importancia que han ido adquiriendo paulatinamente las redes sociales, el significado de la palabra ‘viajar’ y las connotaciones que conlleva se han ido modificando y, tristemente, distorsionando. De esta manera, encontramos aquellas personas para las que, simplemente, lo consideran un trabajo, es decir, una forma cualquiera de ganarse la vida; otros, lo asimilan a uno más de sus ‘hobbies’ pero, afortunadamente para muchos, es toda una necesidad, una forma de entender la vida.

La constante exposición pública de aquellos lugares que visitamos se ha llegado a convertir para algunos en una auténtica competición por intentar llegar más lejos sin darse cuenta, muchas veces, que en ese lugar ya han estado otros y que todos los rincones ya han sido explorados.

Personalmente agradezco el haberme cruzado en las vidas de ciertos viajeros ajenos a todo esto para los que dicha palabra se escribe con mayúsculas. Aquellos de los que podría asegurar, incluso, que guardan alguno de sus viajes en el cajón de una mesita. Acerquémonos a conocer algunos ejemplos.

Raquel Laso, una madrileña cuyo amor y pasión por Asturias la ha llevado a dejar atrás los rascacielos de la capital por las verdes praderías del Paraíso, por cuyas sinuosas carreteras disfruta en la actualidad sobre su BMW F 700 GS. Para ella, viajar es sinónimo de crecimiento personal y afirma que, desde que surge en nuestras cabezas la idea de ir preparando un nuevo viaje, la ilusión se apodera de nosotros y aprendemos a vivir intensamente un espacio de tiempo que ya de por sí es parte de la aventura. Y, porque las cosas no siempre suceden como hemos planeado, porque no tenemos el control de todo lo que nos rodea, es ahí donde entra en juego nuestra capacidad de improvisación y superación.

Poco a poco, vamos avanzando y nos damos cuenta de que nuestra fortaleza es aún mayor de lo que habíamos imaginado y que, en este mundo en el que vivimos, aún quedan personas dispuestas a tendernos una mano. Todos estos factores, unidos a la delicadeza de saber apreciar la belleza de cada lugar es lo que realmente nos hace feliz cuando viajamos y nos ayuda a seguir creciendo como personas. Así es Raquel, una de las mejores riders que conozco y no sólo a nivel personal, sino también sobre su moto. Una niña que convirtió en realidad uno de sus sueños: llevar su propia moto y es que, como todos sabemos, en ocasiones, si anhelas algo con mucha fuerza, puede convertirse en realidad. En este caso, así fue.

Si tuviera que aplicar varios adjetivos a nuestro siguiente viajero, desde luego el primero de ellos echaría por tierra a todos los demás porque para mí es, prácticamente una persona ‘indescriptible’. Y si sumara uno tras otro, seguramente me quedaría corta por muchos que le aplicara.

Enamorado de su ‘Dulcinea’, Josín Castro es todo un viaje en sí mismo. Con 13 años realizó su primera escapada al extranjero para la que su padre tuvo que expedir un permiso especial en una Comisaría de Policía Nacional. Afortunado por haber podido viajar en varios medios de transporte, aquella aventura en moto con su vieja mochila por la zona de los Balcanes le marcó para siempre. Confiesa que, para él, los sentimientos son difíciles de expresar con palabras y una de las cosas que más valora a la hora de viajar no es tanto lo que aprende, sino lo que desaprende en sus viajes llegando a derrumbar ideas preconcebidas sobre diferentes gentes y lugares. Falsos estereotipos que descubres viendo el mundo a través de tus ojos y no de los ajenos. Asegura que cuando tomas ese viaje como algo más que ir de un punto ‘A’ hasta un punto ‘B’, te vas impregnando de todo lo que ocurre mientras avanzas y siempre pone como ejemplo el que, para él, es el poema de los poemas: “Ten siempre a Itaca en tu mente. Llegar allí es tu destino, más no apresures el viaje”, del griego Cavafis. Mejor no se puede expresar. Coincido plenamente con él en que viajar en solitario da un plus a nuestros viajes. Te obliga a involucrarte más en todo, a mezclarte con las gentes y, sobre todo, te enseña a saber estar solo. Viajar nos lleva a crecer como personas y eso es lo que Josín busca en cada aventura y es que enfrentarte a situaciones adversas te hace crecer no mucho, muchísimo, y luego, cuando estás en tu entorno de nuevo, todo te parece más sencillo. Para él, viajar lo es todo. Así es nuestro viajero, así es Josín.

Y de Bañugues, en el concejo asturiano de Gozón, damos un pequeño salto y aterrizamos en Getaria, un municipio de la provincia de Guipúzcoa, en el País Vasco.

Allí se encuentra Antton Zabala (aunque para mí, si me disculpa, siempre será ‘el señor Varanassi’). Más de 300.000 kilómetros de aventuras y unas ganas locas de disfrutar de cada segundo del día a día. Desborda bondad y simpatía por los cuatro costados. Nada de extrañar para una persona que se autodefine con una frase como ‘soy la ostia’. Conoce el mundo de las dos ruedas desde que tenía nueve años y ahora, padre de familia, se lo enseña a los suyos orgulloso de haber podido recorrer un gran número de países y haberse empapado de sus culturas y tradiciones. Para él, en el riesgo está la aventura y como dice ‘le gusta la gente que se lanza sin red’. Caerse implica volver a levantarse y nunca abandonar por ello. Su hijo Gorka de nueve años ya conoce la sensación de libertad en su cara al montar en moto, la música que suena cuando su padre gira la llave de su BMW R 1200 GS Adventure y una palabra que, seguramente, los niños de su clase no conozcan: estriberas ‘Varanassi’ nos hace retroceder en el tiempo y cree que en nuestro ADN hay algo de aquél pasado trashumante de nuestros ancestros y que, ese pequeño nómada soñador que guardamos en nuestro interior, nos ayuda a evadirnos del caos y de nuestra rutina. Según él, estamos diseñados con la inteligencia necesaria para entendernos con los demás seres humanos, pero, sobre todo, estamos diseñados con la herramienta más poderosa jamás entregada: la curiosidad. Esa inagotable fuente del conocimiento y que es el verdadero motor de la vida. En fin, lo que hace que todo gire. ¿Es o no es la ‘ostia’ el señor ‘Varanassi’?

Sin abandonar el País Vasco, allí nos recibe Fernando Bautista, a los que todos conoceréis como Mc Bauman. Su aspecto, aparentemente serio, y su robustez, habían logrado construir un pequeño muro por mi parte a la hora de acercarme a él. Afortunadamente, su derribo ha sido uno de mis pequeños logros estos últimos días.

Entró tardíamente en mi vida, como así lo hicieron los grandes viajes, aunque no las grandes aventuras, de las cuales puedo señalar que he disfrutado de muchas y muy buenas a escasos kilómetros de casa. Desde lejos, y en ‘silencio’, llevo observando sus publicaciones, las cuales difícilmente pasan desapercibidas. La sensibilidad con la que fotografía los momentos y el texto corto del que se acompañan, han sabido captar la atención de más de uno. En alguna ocasión me atreví, incluso, a escribir algún comentario sin saber muy bien si entendería este sentido del humor que me caracteriza, pero luego me demostró que tras esa aparente seriedad se esconde un chico que se pasa el día sonriendo y, lo que es mejor aún, haciendo sonreír a los demás. A Bauman no le gustan los planes, sino que deja que todo vaya sucediendo. Disfruta del camino y se olvida del destino.

Admito que sentía gran curiosidad sobre su respuesta ante la mencionada pregunta y, la verdad, no sólo ha superado con creces mis expectativas, sino que leyéndole es imposible no llegar a estremecerse con alguna de sus frases. En su blog ‘El escondite de los viajes’ podréis viajar sobre su BMW a través de sus relatos por lugares tan increíbles como Escandinavia, Constantinopla, Marruecos, los Alpes… Para él, “viajar es cambiar de escenario, romper con la monotonía, la rutina. Es conceder la posibilidad a la suerte de sorprenderte, de descubrir, de que sucedan cosas. Viajar es buscar incomodidades (porque lo cómodo era quedarse en casa) y disfrutar con ellas. Desear no haber salido de viaje es, a veces, viajar. Saborear nuevos colores, inspirar nuevos sabores, degustar nuevos olores. Inmiscuirse en la vida de otros y compartir la vida propia. Es regresar feliz por volver y triste por regresar. Es mirar al cielo y pensar que tan lejos y tan cerca. Viajar es echar de menos, es querer volver a viajar. Es disfrutar con las adversidades y, a la vez, sobreponerse a ellas. Viajar es sonreír. Viajar es vivir.”

Así es Mc Bauman, un hombre sencillo y mucho más accesible de lo que yo imaginaba. Y con su definición nos ha dado a muchos una lección de aprendizaje porque, aunque él diga que “aún le queda mucho por aprender”, a los que empezamos como yo, nos gusta tener ejemplos que seguir y, desde luego, para mí, él es uno de los mejores.

De vuelta a Asturias, nuestro siguiente viajero es Jorge Lopes, un auténtico ‘lobo solitario’. Disfrutamos el mundo de la moto de forma muy parecida. No nos gustan los espectáculos y huimos de las multitudes. Vamos ‘a nuestra bola’ y nos importa bien poco ‘el qué dirán’. Pese a ello, ante mi pregunta de qué significa para ti ‘viajar’, Jorge la encontró tan obvia y tan sencilla que no fue capaz de darle una respuesta rápida. No te sorprendas Jorge, porque nadie logró hacerlo. Y como bien dices, a veces nos perdemos en aclarar conceptos complicados y dejamos de lado lo más sencillo y esencial. Nuestro viajero enumera muchas de las sensaciones comunes que todos experimentamos y que nos resultarán tremendamente familiares: la libertad, el disfrute real de la orografía, la camaradería del viajero…

Y, desde un punto de vista más personal, compara el viaje con un bucle infinito y vacío que, poco a poco, se va llenando con cada metro que avanzamos en moto, con las primeras gotas de lluvia que aparecen en la pantalla de nuestro casco justo antes de que empiece la tormenta y que, en un principio, nos atemorizan, pero, inmediatamente, nos hacen aflorar el coraje y seguir avanzando de forma resuelta hasta salir de ella. Para Jorge, viajar es la moto. Porque puedes ir despacio o deprisa, amoldando el espacio y el tiempo a tu voluntad y, como ambos términos son indisociables, viajar en moto, para él es, lo más parecido a volar.

Uno de mis mejores recuerdos de los BMW Motorrad Days del año pasado fue conocer a Montse y David (o lo que es lo mismo, Perlanegraviajes). Para ellos, viajar nos ayuda a evadirnos de la rutina diaria disfrutando a la vez que descubrimos nuevos paisajes, costumbres, personas… De nuevo, se reafirma ese crecimiento personal del que hablábamos antes y que nos abre los ojos mostrándonos lo pequeños que somos ante la inmensidad de lo que nos rodea. La moto nos sirve de conexión con el paisaje, te adentras en el lugar y vives el momento sin que haya de por medio un cristal que te proteja de los elementos y formas parte del ‘aquí y ahora’. No importa la forma en la que viajes, pero hazlo. Escapa de tu día a día. En coche, barco, avión… ¡Qué más da!

Esta pareja viaja desde hace sólo tres años con su BMW R1200GS Adventure, ‘la PerlaNegra’ y desde entonces han decidido reservarse unos 25 días al año para los tres. Porque lo importante es descubrir nuevos horizontes, ver distintos amaneceres, echar en falta tu cama y ver con tus propios ojos lo maravilloso que es este mundo en el que vivimos. Sin embargo, desde mi punto de vista, su encuentro personal ejemplifica lo que muchas veces sólo descubrimos con el paso del tiempo y es que nos pasamos la vida buscando y, al final, eso que tan felices nos hace, lo tenemos al lado de casa.

Siete personas, siete líneas diferentes que, aparentemente y sin tener nada en común, al final convergen en el mismo punto. Siete definiciones de un concepto, el de ‘viajar’, que ha conseguido ocupar un espacio tan importante en nuestras vidas que, vivir sin él, prácticamente sería impensable. Al final, viajar es lo que nos une.

Y mi insistente curiosidad me lleva al punto de querer hacerte una pregunta. Sí, a ti que me estás leyendo: “¿Qué es para ti viajar?”.

5 Respuestas para “AL FINAL, VIAJAR ES LO QUE NOS UNE”

  • Jorge dice:

    Como ya te dije, un artículo más que necesario en estos tiempos de redes sociales. Cada viaje es único para cada cual, y todo lo que nos sugiera o aprendamos tanto de las experiencias propias como ajenas nos formará y enriquecerá. Vivirlo en primera persona y saborearlo y después, ya si eso, contarlo. Eso es lo que aprendí, por ejemplo, atravesando Portugal de Chaves a Faro por la N2: un pequeño gran viaje.
    Gracias, Sonia

  • Paco Seoane dice:

    Hay tantas maneras de entender la vida, al igual que los viajes, como personas..

  • Juan Fernando Peláez dice:

    Tras todas las maravillosas definiciones que has compartido, me resulta difícil igualar el nivel, tan simple, pero a la vez tan complejo por ser un tema puramente personal, y me atrevería a decir que también espiritual.

    Para mi viajar es dejar salir al niño que llevo dentro. Ese que vive el aquí y el ahora sin preocuparse de mañana y olvidando el ayer. Ese que es tan curioso, que no le teme a nada, que no piensa en riesgos, que … sencillamente se deja llevar por la emoción del momento, de la aventura. Viajar es triple emoción, la de poner fecha y meta, la de disfrutar del camino, y la de recordar la experiencia. Pocas cosas en la vida nos dan más.

    Sinceramente me ha encantado tu artículo Sonia, y te felicito por él. Comparto plenamente el espíritu. Gracias por permitirnos aportar tan complejo sentimiento… porque viajar es sentimiento.

    Un abrazo

    Juan Fernando Peláez

  • Definitivamente “viajar”, no creo que se pueda definir en una frase porque esa experiencia es algo personal que cada quien la disfruta e interpreta a su manera y todas son validas. Personalmente empezé a montar en moto a temprana edad, pero despues de adulto es que empezé a viajar y a disfrutarlos. Al principio solo los hacia, ahora siento una emocion y a la vez un nerviosismo agradable, al planificarlos, al realizarlos y al recordarlos. Verdaderamente me transporto a otro mundo cuando viajo. Saludos, Juan Agustin Rodriguez

  • Mil Gracias por contar con nosotros!!! ;)

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