PROBAMOS LA BMW G 310 R, LA MOTO URBANA PARA TOD@S

Por José Mª Alegre
Por fin tengo ante mí la nueva BMW G 310 R. Se ha hecho de rogar, pero aquí está, lista para rodar con ella y tener una primera impresión. La primera roadster de menos de 500 cc de la marca alemana tiene una magnífica presencia. Luce aires de la S 1000 R, pero más contenida, claro. Los ingenieros han buscado premeditadamente esa semejanza con su hermana mayor para que queden claras sus raíces deportivas, ADN que se aprecia al darle al puño derecho, pues los 34 CV del motor monocilíndrico de la G 310 R suben cerca de las ¡10.000 vueltas! con una rapidez de vértigo.

Aparcada en la calle, contemplo esta nueva creación de BMW y me llama la atención su vistoso faro; la robusta horquilla telescópica invertida en color dorado; el poderoso disco de freno de 300 mm delantero ‘By Brembo’; las dinámicas formas del conjunto; la quilla en color negro; la ergonomía del depósito que acoge las rodillas perfectamente; el asiento, con el acompañante algo más elevado, y la agraciada zaga, en la que dos asideros permiten agarrarse al de atrás y maniobrar la moto en parado. El conjunto se ensalza con los acertados combinados cromáticos, sobre todo el blanco Perlado metalizado con líneas azules y rojas. Se nota que se ha trabajado mucho para maridar belleza, ergonomía y practicidad, apreciándose el ‘made in BMW’ por los cuatro costados, calidad que es sinónimo de fiabilidad.

Me siento en ella sin esfuerzo alguno, no en balde, la G 310 R se ha concebido para usuarios jóvenes de ambos sexos. BMW quiere que esta sencilla roadster, que cuenta con la tecnología del fabricante alemán, sea una moto también para las féminas, un modelo de acceso a la marca y, para muchos, de inicio a las dos ruedas, con la ventaja de que se puede conducir con el carné A2. Por eso, además del fácil gesto de subirse a esta naked urbana de peso contenido, 158,5 kilos, y consumo frugal, sólo 3,3 l/100 km, todo resulta sencillo. Gracias a su altura comedida (785 mm), se llega al suelo perfectamente, dando confianza y potenciando sus cualidades urbanas. La postura, con el manillar ancho y alto, refuerza el control sobre ella.

Sorprende el magnífico tablero de instrumentos, un display LCD de gran tamaño y óptima lectura, toda ella digital, en el que se accede a numerosas informaciones, como la marcha engranada, velocidad, hora, temperatura exterior, etc. La cómoda y buena disposición de los mandos, infunde buenos presagios.

Le doy al arranque, engrano la primera y empiezo a notar la ligereza de esta moto que para muchos será su primer vehículo. Un deseo soñado y cumplido, pues sólo cuesta 5.090 euros (75 euros al mes con la financiación Select). El motor, suena bien, sobre todo cuando sube de vueltas. De un solo cilindro, está refrigerado por agua, con dos árboles de leva en cabeza, 34 CV (25 kw) de potencia a 9.500 rpm, ¡una pasada!, y un par de 28 Nm a 7.500 vueltas. Con todo, la mayor innovación de este propulsor es su ángulo de inclinación hacia atrás (en sentido contrario a la marcha). ¿Y eso que aporta, os preguntaréis? Que la moto sea más corta entre ejes gracias a que el propulsor puede ir más cercano al tren delantero, permitiendo un basculante trasero más largo, lo que se traduce en mayor agilidad, dirección muy precisa y excelente maniobrabilidad por sus medidas tan compactas.

Me zambullo en el infernal tráfico de Madrid con esta moto pintona, llamativa y tremendamente maniobrable. Pongo segunda, tercera… y poco más, de momento, porque el atascazo es monumental. Gracias a la ligereza de la G 310 R, puedo sortearlo, superando la fila de vehículos que sufren los rigores del embotellamiento, avanzando con fáciles y seguros movimientos. Sin duda es la moto ideal para moverse entre la densidad circulatoria, porque, además, es muy cómoda (la suspensión, de buen recorrido, lo absorbe todo, con un asiento mullido que le echa el resto), se maneja muy bien, tiene una frenada potente (con ABS, por supuesto) y la ideal altura permite ‘remar’ con los pies en los cambios de dirección a baja velocidad.

Por fin, salgo de la capital y la G 310 R me sorprende de nuevo, pues no sólo ha sido concebida para callejear, sino para disfrutar en carretera. Acelero y subo marchas hasta la sexta velocidad, respondiendo de inmediato y con contundencia. En curvas se comporta con aplomo, inclinando muy fácilmente y con neutralidad, afianzado mi confianza. En un tramo de curvas, los frenos responden y la comodidad sigue prevaleciendo a pesar de los orígenes deportivos de su ADN, tal como cito al principio. Sin duda es una moto divertida, tanto en ciudad, como fuera de ella.

De vuelta a Madrid, circulando por la urbe a la velocidad ordenada, voy pensando sobre la G 310 R, una moto que abre un mundo nuevo para muchos jóvenes deseosos de tener una BMW y que por no disponer más que del A2 (los dos primeros años de carné sólo se pueden conducir motos de una potencia máxima de 35 kw y la BMW tiene 25) o no llegar a una de mayor precio, no la tienen. También para aquellos que, siendo propietarios de una moto de gran cilindrada, prefieren dejarla en casa los días laborales y desplazarse por la ciudad con una más asequible y manejable. Para todos ellos, la G 310 R es una magnífica solución. Los primeros, se sorprenderán de lo bien que va; los segundos, más experimentados, esbozarán una sonrisa al comprobar lo mucho que da de sí ésta 300. Probadla y ya me contaréis.

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